Vistiendo poleras amarillas y emblemas de Brasil -y por primera vez desde 2003 sin las banderas rojas del Partido de los Trabajadores-, alrededor de 115 mil personas se congregaron hoy en la Explanada de los Ministerios y la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia, para celebrar el arribo de Jair Bolsonaro. En medio de un enorme despliegue de seguridad -que tuvo un fuerte sello militar, con uniformados que hicieron exhaustivos chequeos- y quejas de los periodistas por las condiciones dadas para cubrir el evento, el nuevo Presidente de Brasil prometió construir una sociedad sin discriminación en su discurso en el Congreso. Eso sí, advirtió que restablecerá “el orden en este país” y agregó que, por fin, Brasil se liberó del “socialismo” y de lo “políticamente correcto”.

En su primer discurso como Presidente, este excapitán de Ejército de 63 años, y que ejerció largos años como diputado, pidió a los congresistas que lo ayuden a “rescatar Brasil de la corrupción, la criminalidad y la sumisión ideológica”.

La ceremonia de cambio de mando en Brasilia comenzó con una caravana a lo largo de la Explanada de los Ministerios. Bolsonaro y su esposa, Michelle, se detuvieron en un Rolls-Roydescubierto y saludaron a miles de espectadores que coreaban “¡Bolsonaro llegó!”. La pareja presidencial estuvo rodeada de decenas de guardias a caballo y de guardaespaldas vestidos de civil que corrían al lado del vehículo.

Tras su discurso en el Congreso, Bolsonaro -nuevo icono de la ultraderecha brasileña- se dirigió hacia el parlatorio del Palacio Planalto, la sede del Ejecutivo. Allí, su esposa hizo un discurso con lenguaje de señas en el que agradeció por el respaldo en la campaña y por el apoyo recibido cuando su marido fue herido de una puñalada en septiembre pasado.

Luego vino el turno de Bolsonaro, quien señaló que gracias a sus 57,7 millones de partidarios fue capaz de “hacer un gobierno sin arreglos políticos”. Según el nuevo Presidente, las elecciones de octubre “le dieron voz a quien no era oído” y lo pusieron “al frente de la nación” para servir a la “patria”, a “Dios” y a todo el pueblo brasileño. También el mandatario indicó que “aún hay muchos desafíos por delante” y que no se puede dejar que “ideologías nefastas dividan a los brasileños” y “destruyan” a las familias.

De acuerdo con los analistas, entre los desafíos más inmediatos, Jair Bolsonaro enfrenta el ajuste de las cuentas públicas para recuperar la credibilidad de los inversionistas. Una precondición para ello pasa, según los politólogos brasileños, por la reforma previsional.

“Comenzamos un trabajo arduo para que Brasil inicie un nuevo capítulo de su historia y se convierta en la gran nación que todos queremos”, aseguró Bolsonaro, resguardado incluso por una batería de misiles antiaéreos guiados capaces de derribar aviones hasta siete kilómetros de distancia. Ello, además del avión supersónico C-5 que realizó maniobras desde la “zona alta”, y el A-29 que vigiló el “nivel intermedio y bajo”. Según el portal Globo, se trató de la primera vez que se utiliza este equipamiento para un cambio de mando. Al mismo tiempo, en tierra se desplegaron más de 3.200 policías militares, civiles, federales y bomberos, además de integrantes del Ejército, de la Marina y de la Aeronáutica. Desde el sábado 29 se cortó el tránsito de la Avenida de los Ministerios, la que fue cercada y las personas que lograron ingresar no pudieron llevar consigo mochilas o sprays, entre otros artículos.

El flamante Jefe de Estado finalizó su alocución con una promesa: que su bandera jamás será roja, en directa alusión al símbolo del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula.

Optimismo moderado

Jair Bolsonaro asumió la Presidencia por los próximos cuatro años -con la opción de ser reelecto- en medio de un índice de optimismo moderado. De hecho, de acuerdo con una encuesta de Datafolha y Folha de S. Paulo, el nuevo mandatario posee el índice de esperanza más bajo para un primer año de mandato desde 1989.

Según este estudio, el 65% de los brasileños considera que la gestión de este político de ultraderecha será “excelente” o “buena”, porcentaje mayor que el 55% de las preferencias que tuvo para la segunda vuelta. De acuerdo con Folha de S. Paulo, en 1990 Fernando Collor de Mello, el primer Presidente electo tras el regreso a la democracia, asumió con una expectativa positiva de 71%. A su vez, Fernando Henrique Cardoso comenzó su gobierno con un 70% de optimismo; Luiz Inácio Lula da Silva con un 76% y Dilma Rousseff, con un 73%.

Además de Sebastián Piñera, entre los mandatarios presentes en la ceremonia figuraron el premier israelí, Benjamin Netanyahu, y el Jefe de Estado boliviano, Evo Morales. La ausencia más notoria fue la del gobernante argentino, Mauricio Macri, quien recientemente anunció que se reunirá con Bolsonaro el próximo 16 de enero.

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