Moisés Naím, el intelectual venezolano, acuñó el término “necrofilia ideológica” para referirse a la pasión por ideologías muertas, algo que subsiste a la manera del realismo mágico que nos caracteriza. El Partido Comunista, un caso clásico de esta necrofilia, anunció que llevará candidato presidencial a una eventual primaria opositora, de la cual debiera salir un abanderado desde la DC hasta el Frente Amplio.

Confirmamos así que el ideario de Marx puede adornar los museos, pero el sentido del poder y la voluntad de lucha de sus seguidores sigue más vivo y vigente que nunca. Es verdaderamente notable la forma en que los comunistas han ido ganando terreno en influencia dentro de la oposición, en acceso a cargos formales y en articulación política, sin que la adhesión popular que consiguen haya cambiado sustancialmente.

Hagamos un pequeño repaso desde el retorno a la democracia. Primero, se mantuvieron al margen del sistema político formal, liderando lo que se llamó la izquierda extraparlamentaria; luego, junto con denunciar la “exclusión”, pactaron con las fuerzas de centro izquierda y llegaron al Congreso; posteriormente consiguieron un gran objetivo, el cambio del sistema electoral mayoritario por uno proporcional; con lo anterior, ingresaron a la coalición de gobierno y tuvieron cargos en el Ejecutivo; allí ejercieron una influencia desproporcionada; desplazaron el eje del discurso hacia la izquierda, ayudando a terminar con la Concertación, el pacto moderado de la transición; y ahora van por un candidato presidencial, que les permita articular una izquierda, cuyo centro de gravedad estará en el Frente Amplio.

En el intertanto, el entendimiento del social cristianismo con la social democracia de Lagos se diluye en la irrelevancia, no tiene candidatos competitivos, no es capaz de imponer un programa y ha perdido toda capacidad de renovación. Los jóvenes que expresan alguna forma de renuevo están en el PC -aunque sean jóvenes “necrofílicos”, en el sentido de Naím- y en el Frente Amplio.

El PC sabe que no tiene posibilidades de levantar un candidato ganador, pero no le importa, porque tiene cartas que le permiten poner una figura competitiva, capaz de arbitrar el resultado posterior a esa primaria. En principio, esto es bueno para la centroderecha, que sigue viendo cómo el espacio del centro y la moderación queda libre, pero eso no basta. Que desaparezca la centro izquierda solo es la antesala de la polarización, dificulta un diálogo democrático constructivo y nos retrotrae a las formas pendulares de la política que tanto daño nos causó en el pasado. Es hora que la centroizquierda decida si quiere vivir o dejarse llevar por la necrofilia ideológica.

/Escrito por Gonzalo Cordero para La Tercera