Ahora sí que quedó completo el cartón de la Lotería Presidencial. Porque ya están representadas todas las especies políticamente imaginables. A saber, tenemos por Chile Vamos: Sebastián Piñera; Manuel José Ossandón; Felipe Kast y José Antonio Kast. Por la Nueva Mayoría: Alejandro Guillier; Carolina Goic; Ricardo Lagos, José Miguel Insulza y Fernando Atria. Por el Frente Amplio: Alberto Mayol y Beatriz Sánchez. Por el Partido Progresista: Marco Enríquez-Ominami (si los tribunales y el caso Obredetch se lo permiten). Otros: Franco Parisi, Nicolás Larraín, Marcel Claude, Luis Mesina y Leonardo Farkas (Un Rey Midas en La Moneda) .Jamás en la historia republicana habíamos sido testigos de tal “hemorragia” de candidaturas, algunas desmarcándose aún más a la izquierda que el propio Partido Comunista y otras aprovechando la rebeldía de los jóvenes, aunque ellos mismos cobren sueldos de adultos. ¿Por qué tantos interesados en llegar a La Moneda? Hay muchos que se presentan sólo con el afán de darse a conocer y optar así a otros cargos, en el parlamento, después de perder en las primarias. Otros, los menos, van porque efectivamente aspiran a ganar y creen tener la varita mágica que les permitirá resolver todos los problemas que le endosará este Gobierno, del que muchos forman parte y que está por terminar, dejando un forado económico lastre casi imposible de resolver, incluso en los próximos cuatro años que dura el nuevo mandato.  ¿Cómo van a hacerlo? Esa es la gran duda, porque entre tanto candidato (salvo honrosas excepciones), no surge todavía ninguna propuesta concreta y menos un programa medianamente estructurado. Como pueden pretender gobernar un país, candidatos que a ocho meses de las elecciones no tienen claras las ideas y programas que quieren impulsar en un posible futuro Gobierno? Por lo mismo, para terminar, un Aviso de Utilidad Pública: Se necesita con Urgencia un candidato a la presidencia que no tenga tejado de vidrio, que sea eficiente, que crea realmente en la democracia, que respete los DDHH, pero para todos, sin limitante ideológica; que entienda que no se puede seguir con un ataque desenfrenado a las empresas, que  son las que dan trabajo y al destruirlas están generando cesantía. Y por último, que esté dispuesto a terminar con las querellas contra quienes el año 73 eran jóvenes oficiales y por lo tanto obedecían órdenes superiores. Con eso sólo se mantiene vivo el odio que a algunos les conviene políticamente, pero al país no le permite reconciliarse.

Columna de Waldo Mora para el diario El Mercurio de Antofagasta

/gap