Faltaba un cuarto de hora para el término del partido y Chiquito Romero le pedía a los pasapelotas que se demoraran. Segundos antes Alexis había enviado un lanzamiento libre sobre el travesaño y el arquero del Manchester United no tenía pudor en enfriar el partido. La Roja superaba a Argentina en todas sus líneas, AS7 había estrellado otro tiro libre en el horizontal y merecía con largueza el empate.

Sí, Argentina hizo tiempo ante Chile en su propio estadio. Sin asco. Sin respetar esa historia que sus hinchas tanto nos echaron en cara. ¿Qué dirá ahora Ruggeri? La Albiceleste se impuso por la cuenta mínima, pero acabó embotellada, defendiendo en su zona, pidiendo la hora. Gran segundo tiempo de la Roja. Quizá el mejor del que haya recuerdo en esa cancha por unas clasificatorias.

Chile perdió con un penal que no fue, protagonizó un primer tiempo parejo y dominó con claridad en el complemento. En una cancha siempre difícil, con Messi enfrente y una hostilidad que se hizo sentir desde la entonación del himno chileno demostró la clase acostumbrada. Aquella que le permitió ganar dos Copas América, meterse en el top five del ranking FIFA y lograr el reconocimiento del mundo entero. ¿Los mejores? Alexis, Beausejour y Aranguiz.

Como las eliminatorias sudamericanas son, por lejos, las más competitivas del mundo, la Roja pasó de la zona de clasificación directa a quedar sexta, fuera de Rusia 2018. La tranquilidad que queda, sin embargo, es que entre Uruguay, el segundo, y Chile hay apenas tres puntos de diferencia. En consecuencia, la tarea es ganarle a todo evento a Venezuela y esperar que la tabla decante. La ecuación es simple, como el martes juegan Ecuador y Colombia, si la Roja vence a la vinotinto, pase lo que pase en Quito, volverá al listado de los que clasifican directo o, en el peor de los casos, a la quinta plaza.

No vamos a encasillar este partido en la cancha de River como un triunfo moral. Ni parearlo con aquel amistoso donde la Roja le pintó la cara a Alemania y terminó perdiendo por 1 -0. Si el árbitro te echa al saco, como el brasileño Sandro Ricci con el penal inventado a Di María, no hay nada que hacer. En ese mismo arco, hace 20 años, a la U le costó carísimo cuando el ecuatoriano Alfredo Rodas no cobró un penalazo contra Esteban Valencia. Era el empate ante River por las semis de la Copa Libertadores.

Como se suele decir en el lenguaje futbolero, los goles no se merecen, se hacen. Si Alexis le ponía un pelo menos de comba al tiro libre era un golazo y si Nico Castillo llegaba mejor perfilado al centro de Beausejour otro gallo cantaría. No pasó y hay que levantar la frente. Chile puede irse del Monumental de Núñez con el pecho erguido y confiado que con este nivel llegará a Rusia 2018.

El martes la Roja recuperará a Vidal y debe sumar los 3 puntos. Ganando los 9 que restan por jugar en casa sería muy raro no clasificar directo. La misión ahora es enfocarse en un partido que pinta favorable, pero que en la realidad perfectamente puede enredarse como sucedió en septiembre del año pasado con Bolivia. Esa vez Chile debió haber marcado tres goles en la primera media hora y acabó empatando el partido. En el Monumental hay que jugar como si el rival fuera España en Maracaná. Con todo. De aquí en adelante a la selección le quedan cinco finales.

No deja de ser llamativo lo que ocurrió tras el pitazo final en la cancha de River. La imagen de los jugadores argentinos con cara de angustia, asustados, festejando tibiamente, testimonia lo sufrido del triunfo albiceleste. Era un partido que necesitaban ganar y, efectivamente, la tercera final fue la vencida. Allá ellos con sus fantasmas y la avalancha de cuestionamientos que rondan a su selección. Chile honró su historia y perdió como campeón. Aunque suene un contrasentido.

/Columna de Rodrigo Hernández para AS Chile