El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, calificó este martes de “terrorismo doméstico” a las recientes protestas contra la violencia policial en la ciudad de Kenosha, Wisconsin, en las que murieron al menos dos manifestantes.

“Multitudes violentas dañaron o demolieron al menos 25 negocios, quemaron edificios públicos y lanzaron ladrillos a oficiales de policía, lo cual no fue tolerado por ellos. Estos no son actos de protesta pacífica sino en realidad de terrorismo doméstico”, indicó el republicano durante una mesa de trabajo junto a miembros de las fuerzas de seguridad y de la comunidad en Kenosha.

“Mi administración coordinó con las autoridades locales y del estado para desplegar muy rápidamente a la Guardia Nacional y las fuerzas de seguridad federales en Kenosha y frenar la violencia. Apoyo fuertemente el uso de estas fuerzas en otras ciudades”, agregó Trump.

Las manifestaciones en Kenosha, una ciudad en el sur del estado de Wisconsin, comenzaron el 23 de agosto, luego de que el afroamericano Jacob Blake recibiera cuatro disparos por la espalda de parte de la policía ese mismo día y en el contexto de una ola de protestas a nivel nacional contra la violencia y la discriminación contra minorías de parte de las fuerzas de seguridad.

Durante las protestas tuvieron lugar numerosos actos de vandalismo, que llevaron al despliegue de agentes de policía y miembros de la Guardia Nacional de Wisconsin. También, civiles armados se presentaron con la intención de asistir a las fuerzas de seguridad.

Precisamente durante la marcha del 25 de agosto, tres manifestantes fueron baleados (dos de ellos murieron) por un adolescente de 17 años armado con un fusil de asalto AR-15, escalando la situación.

Kenosha, foco de tensiones raciales

Trump llegó a Wisconsin, un estado fundamental en la campaña de reelección por la cual enfrentará a Joe Biden en noviembre, horas después de que la policía matara a tiros a un afroestadounidense en Los Ángeles, generando temores de nuevos disturbios.

Aunque rezagado en las encuestas, el republicano se siente mucho más cómodo en el terreno de la “ley y orden” que pregona para aplacar la ola de protestas contra el racismo y la brutalidad policial hacia los afroamericanos.

Y en ese contexto se trasladó este martes a Kenosha, conmocionada desde que un policía blanco disparó a quemarropa contra Blake, un afroamericano de 29 años, frente a sus tres hijos pequeños.

Trump dijo que no planeaba reunirse con la familia de Blake durante su visita a la ciudad, aunque antes de dejar Washington no descartó un encuentro. “No lo sé todavía. Ya veremos”, respondió al ser consultado al respecto.

Ignorando pedidos de no visitar la ciudad, el mandatario en cambio se reunió con autoridades policiales y visitará los lugares golpeados por la violencia que estalló tras el tiroteo contra Blake, que lo dejó paralizado de la cintura para abajo.

El gobernador de Wisconsin, el demócrata Tony Evers, pidió a Trump que no visitara el estado, ante temores de que ello provoque un aumento de las tensiones.

En tanto, el alcalde de Kenosha, John Antaramian, también demócrata, dijo el fin de semana que no era buen momento para una visita presidencial.

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