En la tradicional “Fiesta de los Abrazos” que hace anualmente el Partido Comunista, la diputada Marisela Santibáñez, del PRO, luego de un discurso en el que no se entendía muy bien lo que decía, manifestó que no le interesaba que en las noticias se debatiera sobre la polera del diputado Boric con el rostro acribillado del senador Jaime Guzmán, “porque si yo fuera tan radical como soy, yo digo ¡bien muerto el perro! Y perdónenme los que creen que no es así, pero bien muerto el perro. Lo digo con convicción”, siendo aplaudida por los asistentes.

La diputada del casi desaparecido partido de Marco Enríquez-Ominami, creyó al parecer que el ejercicio público de su cargo es algo así como una vitrina para gritar consignas, como si se estuviera en un estadio de fútbol en otro de los tan típicos actos de infantilismo de la izquierda, como esos en los que algunos de sus seguidores se dejándose embobar por las formas, ponen los puños en alto y gritan consignas altisonantes, sin antes detenerse a pensar de verdad lo que se está diciendo con tanta “convicción”, más allá de repetir como papagayo una máxima aprendida, que en este caso y como casi siempre ha ocurrido con estos hechos, no contribuyó en nada a la discusión de ideas, ni menos a la desarticulación del legado de Jaime Guzmán que busca la izquierda.

Como era de esperar, la mencionada declaración no pasó desapercibida… Santibáñez después de intentar una poco convincente disculpa, presentó licencia por 15 días y retomaría sus labores recién el próximo 28 de enero;  sus colegas de la izquierda mirando para el lado se han desmarcado de la misma, tratando que se olvide el temporal mediático, evitando condenarla como lo hubieran hecho con fiereza si la situación hubiese sido a la inversa.

En la derecha, o mejor dicho “centro derecha” como le gusta autodenominarse, el Presidente Sebastián Piñera manifestó “me parece que esas palabras son de una falta de humanidad, de una crueldad, de una falta de respeto por otro ser humano”, agregando que “cuando una persona ha sido asesinada en democracia, que lo traten de perro y bien muerto, habla tan mal de la diputada que me bajó entre indignación por lo que dijo y pena por lo que es”.

A su vez el diputado Javier Macaya del área más “liberal” de la UDI sentenció “son declaraciones que demuestran un desprecio absoluto a la democracia” y agregó que “estamos convencidos de que este cobarde ataque a la familia de Jaime Guzmán deja al descubierto lo peor del ser humano. Justificar lo injustificable solo deja al descubierto una admiración por la cultura de la muerte que muchos en la izquierda avalan y promueven”, para más adelante afirmar que las declaraciones de Santibáñez “en nada contribuyen a la convivencia y el reencuentro que todos los chilenos piden”.

Cabe preguntarse aquí ¿es esto real?, ¿todos los chilenos piden reencuentro y una pacífica convivencia?

La respuesta desgraciadamente podemos encontrarla en las estúpidas declaraciones de la honorable, sumadas a los festejos de Boric al recibir una polera con la figura del Senador Guzmán baleado en su cabeza, las iniciativas de la izquierda para bloquear cualquier iniciativa de carácter  humanitario, para permitir que los ancianos presos políticos militares enfermos o desahuciados puedan morir en sus casas, las violentas manifestaciones de todo tipo que el gobierno se ha visto incapaz de gestionar en forma eficiente, el olvido de la historia “tal como fue”, promovida por la izquierda y aceptada cobardemente por la derecha, para blanquear la imagen del gobierno de Salvador Allende y presentar a las nuevas generaciones el pronunciamiento cívico militar de 1973 (o golpe militar para quienes quieran llamarlo así), como una siniestra asonada militar provocada por un sangriento grupo de generales ávidos de poder, ocultando que fue  precisamente ese mismo clima de odio, descalificación y violencia alentado por la izquierda mas radical, que sumados al pésimo gobierno de la coalición llamada Unidad Popular liderada por Allende, el que nos condujo 11 de Septiembre de 1973.

Fueron precisamente dichos como los de Santibáñez que evidencian el pensamiento de los radicales de la izquierda, ese que considera perros, gusanos o humanoides a los adversarios, el que aplaude su eliminación física, y que no le plantea conflictos morales, lo que condujo en el pasado a los trágicos hechos de 1973. La diputada parece no darse cuenta de las implicancias de esa lógica despiadada, que fue la fuente de tantos crímenes y sufrimientos en nuestro país. Si ella justifica el asesinato de un hombre de derecha, otros perfectamente pueden justificar el asesinato de los adversarios de izquierda. Es el discurso del odio y de la incitación a la violencia.

Santibáñez y otros “lideres” de la izquierda, parecen confundir la política con el futbol,   donde los barristas solo determinan al adversario por una cuestión de “tradición” y de “pasión”, y no por haber identificado en este a un antagonista ideológico; los barristas no entienden de antagonismos, solo hacen como si lo hicieran, para así encontrar una identidad antes de buscarla realmente… pero hay que reconocer que en esto a la izquierda le ha ido bien…, hay muchos que con criterio de rebaño siguen ciegamente este discurso.

Demás está decir que el ejercicio de la democracia demanda de todos los ciudadanos, y en primer lugar de los parlamentarios, la defensa  fundamental de la vida civilizada, el respeto a la dignidad humana y, ciertamente, la racionalidad política.

Finalmente cabe preguntarle a nuestros parlamentarios si el famoso proyecto de ley respecto del negacionismo, va a contemplar alguna sanción respecto de frases y opiniones como las expresadas por la diputada Santibáñez. ¿O solamente va a sancionar expresiones referentes a la obra del gobierno militar?

Por Roberto Hernández Maturana