Cuando escribí estas líneas tenía lugar un homenaje público al 60° aniversario de la Revolución Cubana, convocado por el alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp. ¡Qué envidia! Tenía la tranquilidad de saber que no iría un piquete de matones a agredir a los concurrentes, porque los que hacen esto último son precisamente los comunistas, cuando se reúnen sus adversarios. Bueno, sólo un aviso de bomba inofensivo los obligó a evacuar el local antes de finalizar el acto.

El insigne comunista Ché Guevara es famoso en todo el mundo y son bien vistas las poleras con su efigie, pese a que fue un asesino en serie. Con total cinismo se permitió declarar ante las Naciones Unidas, el 11 de diciembre de 1964: “¿Fusilamientos? Sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”. Es que era comunista. El “Libro Negro del Comunismo” documentó 17 mil muertos por el régimen cubano, hasta los años ’90, pero nadie lo ha acusado de “exterminio”, “genocidio” o “crímenes de lesa humanidad”.

Pues ¡de qué agradable impunidad gozan los comunistas! El jefe chileno de ellos, Guillermo Teillier, confesó públicamente su autoría intelectual de un atentado que costó la vida a cinco militares, pero cuando alguien accionó en su contra, los tribunales lo sobreseyeron por prescripción, la misma que niegan a los militares por muertes de terroristas ocurridas hace más de 40 años.

¡Qué agradable es tener a los tribunales de su lado, como los tienen los comunistas!

¡Y las cantidades de dinero que les reconocen como indemnizaciones por cualquier cosa que les hayan hecho! Yo estimo que ya sobrepasan los 400 millones de dólares anuales, por habérseles privado de su “derecho” a tomarse el poder por las armas. ¡Y lo que reciben últimamente por declararse “torturados”! Son decenas de miles de pensionados por eso. Ya se quisiera el abogado Juan Luis Ossa, torturado en 1972, bajo la UP, en el cuartel de Investigaciones de Rancagua e interrogado por el subdirector comunista Carlos Toro, tras las aplicaciones de electricidad, alguna indemnización por eso. O el ex diputado Maximiano Errázuriz, también torturado bajo la UP por detectives rojos que en 1972 finalmente, tras infligirle castigos por criticar al régimen en el diario “El Cóndor” de Santa Cruz, lo dejaron amarrado a una línea de tren ¡por donde pasaba un tren! Afortunadamente fue desamarrado antes de que pasara.

Si quiere impunidad y un buen pasar en el Chile de hoy, hágase comunista.

Escribí estas líneas para otro medio, que finalmente no las publicó. Para que no quedaran inéditas las he traído a este blog.
/Hermógenes Pérez de Arce