Este montaje a partir de 365 imágenes muestra la actividad cambiante de nuestro a lo largo de 2018, elaborado por la cámara SWAP a bordo del satélite Proba 2 de la ESA.

Comportamiento del Sol en 2018

La cámara funciona a longitudes de onda del ultravioleta extremo para captar la atmósfera caliente y turbulenta del Sol, la corona, con temperaturas de aproximadamente un millón de grados.

Este satélite monitoriza el Sol de forma continua y, para representar esta serie anual, se escogió una imagen por día.

El Sol normalmente sigue un ciclo de 11 años de actividad y, durante 2018, alcanzó su mínimo solar, por lo que mostró pocas regiones activas, que aparecen más brillantes en las imágenes.

Una forma de evaluar el nivel de actividad es contar las manchas solares (puntos oscuros en las imágenes) o registrar la potencia de las fulguraciones. La erupción más energética de 2018 se registró el 7 de febrero en una pequeña región situada en las latitudes centrales del hemisferio oriental del Sol (a la izquierda del centro del Sol en la imagen correspondiente).

Se clasificó como “C-8.1” según el sistema que divide las fulguraciones solares según su fuerza. La clase más baja se denomina A, y la siguen las clases B, C, M y X. Cada una implica una emisión de energía diez veces mayor que la anterior; así, una fulguración de clase X es 100 veces más potente que una de clase C.

Las fulguraciones de clase M y X, junto con las eyecciones de masa coronal que expulsan al espacio nubes gigantescas de material solar, pueden generar tales emisiones de radiación que, si  apuntaran directamente a la Tierra, podrían crear tormentas geomagnéticas con capacidad de interrumpir nuestros sistemas de comunicaciones y redes eléctricas, así como de provocar daños en los satélites.

Este es uno de los motivos por los que resulta importante seguir monitorizando el Sol: para poder prepararnos frente a los efectos adversos de la meteorología espacial y mitigarlos, informa la ESA.

Por su parte, los momentos de baja actividad solar son útiles para estudiar la evolución de las regiones activas sin la dificultad que suponen la superposición e interacción entre regiones. Las regiones activas pueden prolongarse durante días e incluso meses, y se puede observar cómo rotan y atraviesan la cara del Sol repetidamente.

El Sol y su interacción con la Tierra son el objetivo de varias misiones de la ESA y la NASA en activo. Además de Proba-2, contamos con el cuarteto de satélites Cluster de la ESA, el Observatorio Heliosférico y Solar (SOHO) de la ESA-NASA, el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA y, más recientemente, la sonda Parker de la NASA. Por otro lado, la sonda Solar Orbiter de la ESA, cuyo lanzamiento está previsto para el año que viene, ofrecerá primeros planos de las regiones polares del Sol y será capaz de observar el incremento de actividad en la cara no visible desde la Tierra.

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