Dicen que no es de muchos amigos en Tribunales. Que su estilo formal no dista demasiado de la seriedad que proyecta su rostro, que casi nunca sale sonriendo en las fotos, donde luce anteojos y canas siempre peinadas hacia la derecha. Que es de buen trato pero muy callado, tanto que es raro que hable en los plenos de la Corte de Apelaciones. Que vive en La Florida y que algo gusta de la comida china. No es tanto lo que se sabe de la vida del juez que hace diecinueve años tomó un caso por entonces impensado, que ha tenido que recorrer todo un laberinto investigativo y que, en los próximos días, podría -o no- culminar en la primera sentencia por magnicidio en Chile.

Mal que mal, lo que tiene en las manos el ministroAlejandro Madrid Croharte es un hito. De hecho, le asignaron dos actuarios -sus secretarios de confianza, expertos en el sistema judicial antiguo al punto que cosen los expedientes- extra, que se suman al histórico que lo acompaña desde que tomó el caso, y al detective de la PDI que completa su staff.

Hasta antes de que Madrid asumiera como ministro en visita de la causa, el 2000, entre los casos icónicos de derechos humanos figuraban crímenes como el de Tucapel Jiménez o el del carpintero Juan Alegría, pero no una investigación sobre un ex Presidente. Tampoco una trama que escondiera el uso de agentes químicos, toxinas, envenenamientos y otras prácticas de unidades de elite secretas de la CNI. Mucho menos historias de ejecuciones de algunos de esos agentes, como Eugenio Berríos. Y para qué decir de las implicancias de lidiar casi infinitamente en busca de una verdad judicial en esas condiciones.

Los descuentos de la recta final del fallo por el caso de la muerte o asesinato del ex mandatario Eduardo Frei Montalva (1983), que podría conocerse a fines de esta semana o de la próxima, tal vez sean un buen momento para detenerse en la figura del ministro de la Corte de Apelaciones Alejandro Madrid Crohare. Un juez que, décadas después de formarse en el Liceo Lastarria y en Derecho de la Universidad Católica, levanta entre sus pares y contrapartes tanto elogios como observaciones y alcances.

¿Acucioso o lento?

“Han sido muchos años de un trabajo muy acucioso, muy profesional, muy desinteresado, sin jamás demostrar ninguna parcialidad. Al contrario ha sido absolutamente imparcial”, resumió esta mañana la ex senadora y hoy vicepresidenta DC Carmen Frei, durante un acto por el aniversario número 37 del deceso de su padre. “Por lo que yo he conversado con mis abogados y por lo que ellos han visto en todo el juicio, ha sido una investigación muy difícil con amenazas con mentiras, pero él como un verdadero juez de la República ha sido como digo absolutamente imparcial y profesional”, añadió.

Su método, la forma como investigó y los tiempos que se tomó, han despertado valoraciones con matices. Lo más habitual entre sus conocidos es que se sostenga que es “acucioso” y “detallista”, tal vez demasiado. Es lo que otros ven como “lento” en sus pesquisas, que le tomaron 17 años antes de que el año pasado dictara acusación contra seis implicados, como autores, cómplices y encubridores.

La primera de ambas percepciones celebra que se haya tomado su tiempo, que había que ser cauteloso. Uno de sus viejos conocidos lo describe como “alguien que acumula y acumula información meticulosamente”. Pero la segunda percepción sobre Madrid, la más crítica, lo cuestiona por demorarse tanto tiempo en investigar el caso. Que por eso, hace varios meses no integra sala en la Corte santiaguina. Que eso provoca exceso de trabajo entre sus colegas. Y, además, que Madrid ha ocupado esta emblemática investigación como un trampolín para llegar a la Corte Suprema.

Si se le pregunta a funcionarios que han trabajado con él en los antiguos juzgados del crimen, lo recuerdan como un penalista muy prolijo. Una de las primeras investigaciones sobre un escabroso crimen contra una mujer que le correspondió investigar cuando era el titular del 29° Juzgado del Crimen de Santiago. Tampoco hubo resultados. El 31 de octubre de 1995, Orietta Denisse Eludwig Venturini una joven secretaria fue asesinada de diez puñaladas, en el departamento 52 del block H, mientras su única hija -Isadora, de dos meses- dormía en su cuna. Fue denominado el “Crimen de la Noche de Brujas” y lo investigó Madrid. Aunque hubo sospechosos y un detenido, y el cadáver de la víctima fue exhumado jamás se determinó quién la mató.

Haciendo consultas más arriba en la cadena judicial, entre sus pares, aparecen comparaciones. Si bien quienes son cercanos a Madrid y quienes son críticos a su labor coinciden en que ha demorado muchos años en esta investigación, se le cuestiona aún más porque en todos estos años no ha logrado que alguien confiese la hipótesis que él investiga. Algunos dicen que puede ser que él no genere la confianza para que los investigados lo hagan o que derechamente ha investigado una hipótesis de asesinato equivocada.

Otros, por último, describen particularidades de su estilo al investigar. En medio del caso Frei estuvo a cargo de la tramitación por la muerte del ex químico de la DINA Eugenio Berríos. Parte del grupo policial que trabajó con él en ese caso recuerda una anécdota. En un momento el general (R) Hernán Ramirez Rurange se acercó a un PDI de la época para contarle que quería declarar respecto a que Pinochet le había dado la orden de sacar al químico Berríos del país. Ese policía, antes de tomar la declaración indagatoria, fue a contarle al juez Madrid de lo ocurrido, y éste se molestó de una forma muy descontrolada por la situación.

A los policías dicha situación les pareció extraña, pues en el sistema antiguo muchas de las declaraciones indagatorias son tomadas por la policía sin que esto cause molestia al instructor de la investigación. En este caso Madrid se molestó y fue él quien citó a declarar a Ramírez Rurange quien luego fue condenado por estos hechos.

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