En medio de la crisis politica venezolana, el Gobierno de Donald Trump anunció sanciones a las exportaciones de la empresa Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa). ¿El objetivo? Limitar las transacciones entre compañías estadounidenses que hacen negocios con la firma del país latinoamericano.

Se trata del pilar de la economía venezolana, que llegó a ser una de las cinco mayores petroleras del mundo y que provee al menos el 90% de los ingresos del país. Hoy, la realidad es diametralmente opuesta: figura colapsada por el derrumbe de la producción, multimillonarias deudas y sanciones de Estados Unidos.

Por ello, la cadena de consecuencias por el bloqueo de EE.UU. es variada según diversos expertos: se generaría un aumento de los costos de operaciones en Pdvsa lo que obligará a la estatal a buscar nuevos contratistas; disminuirían los ingresos en divisas, ya que la firma deberá pagar seguros internacionales mientras busca nuevos mercados.

También se estima que cesarían las importaciones de diluyentes desde EE.UU. para la producción de combustible en Venezuela y, por último, Citgo -la filial de Pdvsa en la primera economía- quedaría en riesgo operacional.

El auge y caída

El sucesor del fallecido líder socialista Hugo Chávez, Nicolás Maduro, entregó el control de Pdvsa (fundada en 1975) al general Manuel Quevedo en noviembre de 2017 con la meta de elevar la producción en un millón de barriles diarios.

Pero desde entonces el bombeo ha bajado en esa misma cantidad. Cuando asumió el poder Chávez (1999-2013), el país colocaba en el mercado 3,1 millones de barriles por día. La cifra ha caído hasta 1,1 millones en 2018, según fuentes de la OPEP.

Y Maduro marca como punto de inflexión en la caída de los precios del petróleo en 2014: la cotización del barril, que rompía récords, se desplomó a menos de la mitad. Atrás quedaba una bonanza sin precedentes, en la que Venezuela recibió unos US$750.000 millones por exportaciones de crudo durante una década.

Para 2019, en cambio, se estima que la empresa pierda un total de US$11.000 millones.

Pero especialistas consideran que el origen de la debacle fue el financiamiento, por parte de Pdvsa, de un déficit fiscal que ha rondado anualmente el 20% del PIB. “Pdvsa está quebrada. ¿Por qué? Porque se convirtió en un banco”, sostuvo a la agencia AFP, José Gonzales, director de la consultora GCG Advisors.

En esa misma línea, el académico de la Escuela de Negocios de la UAI, Alejandro Montesinos, recalcó que “el control de Pdvsa, no sólo puede ser ineficiente, sino que además está el gran riesgo de que los intereses de la empresa se subordinen a los interese personales del grupo duro de poder cercano a Maduro”.

Y para él, su declive, “está en gran parte explicado por un manejo poco profesional de la empresa”. Algo con lo que coincide Pablo Barberis, subdirector de soluciones corporativas de la Facultad de Negocios de la Universidad de Chile: “La empresa no se sustenta solo con un buen producto, por mucho petróleo que sea. Si la compañía no invierte para estar a la altura o si no mejora sus procesos productivos, donde pueda abaratar costos, no surgirá”.

Los números poco auspiciosos

Una década atrás, la agencia Petroleum Intelligence Weekly ubicaba a la compañía por encima de gigantes como Shell o Chevron en su lista de compañías energéticas. En el marco del férreo control cambiario vigente desde 2003, la petrolera fue obligada a vender al Banco Central divisas a tasas muy bajas.

Ello limitó las inversiones en mantenimiento de infraestructura y exploración, mientras la nómina de Pdvsa subía de 40.000 a 150.000 empleados. El control se ha flexibilizado desde 2018 y la semana pasada la tasa oficial superó por primera vez las del mercado negro. La moneda local se ha devaluado 98,18% en cinco meses.

El endeudamiento, mientras la petrolera cubría el déficit, se disparó. De hecho, los bonos de la compañía representan un tercio de la deuda externa venezolana, estimada en US$150.000 millones.

Por ello, aunque los precios repuntaron desde 2017, el país atraviesa la peor crisis de su historia moderna, con hiperinflación proyectada por el FMI en 10.000.000% para 2019 y escasez de alimentos, medicinas y toda clase de productos básicos.

Cabe recordar que desde finales de 2017, Pdvsa enfrenta declaratorias de default por pagos atrasados por parte de calificadoras de riesgo como Standard & Poors o Fitch y aunque Maduro ha buscado renegociar la deuda, las sanciones de Washington prohíben a sus ciudadanos y empresas transar nuevos instrumentos.

Bajo esas condiciones es “imposible recuperar la producción”, dijo a la agencia AFP el economista Jesús Casique. Así, el experto José Toro Hardy calculó que Venezuela necesitaría préstamos por 30.000 millones de dólares y sobre todo un “cambio de políticas” para elevar la producción en 400.000 barriles diarios en un año y así tratar de hacer repuntar la economía.

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