Continúa el misterio en torno al primer objeto interestelar detectado en nuestro Sistema Solar. El conocido como Oumuamua -que significa algo así como explorador, en hawaiano- fue avistado por primera vez en octubre de 2017 y su atípica trayectoria acelerada y la falta de coma o cola como la de los cometas lleva intrigando a los científicos desde hace año y medio. Entre las explicaciones se barajaba que fuera un asteroide o un cometa; incluso existe un estudio que señala que su naturaleza puede ser artificial y que se trate de una nave espacial extraterrestre que ha quedado a la deriva en el espacio.

A todas estas explicaciones ahora se une una más. Un estudio reciente liderado por el astrónomo Zdenek Sekanina (famoso por haber trabajado 40 años en el campo de los meteoros, cometas y polvo interestelar), del Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA, sugiere que el Oumuamua está formado de los restos de un cometa interestelar que se rompió antes de llevar a cabo su trayectoria más cercana al Sol (perihelio), dejando atrás un rastro rocoso que acabó formando un conglomerado en forma de cigarro.

Su último estudio ha sido publicado en el sitio de preimpresión Archiv.org. Entre sus argumentos, Sekanina se refiere a una investigación previa realizada por otro famoso astrónomo, John E. Bortle, quien indicaba cómo los cometas débiles en órbitas casi parabólicas que los acercan al Sol probablemente se desintegran repentinamente poco antes de llegar a su perihelio. Investigaciones posteriores, según Sekanina, también indican que, en algunos casos, un fragmento considerable de estos objetos podría quedar atrás.

Una definición ajustada a Oumuamua

Como afirma en su estudio, este fragmento se asemejaría a «un agregado desvolatilizado de granos de polvo sueltos que pueden tener una forma exótica, propiedades de rotación peculiares y una porosidad extremadamente alta, todos adquiridos en el curso del evento de desintegración». Una definición que encajaría con las características del Oumuamua.

Una de las primeras cosas que los astrónomos determinaron acerca de Oumuamua (aparte del hecho de que no era probable que fuera un cometa) era que tenía una forma bastante extraña. Basado en las lecturas adquiridas del Very Large Telescope (VLT), un equipo de investigadores determinó que el Oumuamua era un objeto alargado, probablemente compuesto de material rocoso.

Un giro caótico

Esto fue seguido por un estudio realizado en 2018 por Wesley Fraser, que encontró que, a diferencia de los pequeños asteroides y planetesimales en el Sistema Solar (que poseen giros periódicos), el giro de Oumuamua era caótico. En ese momento, el equipo concluyó que esto era una indicación de colisiones pasadas. Sin embargo, según la nueva tesis de Sekanina, esto podría ser el resultado de la desintegración del objeto original.

Sekanina luego hizo comparaciones con dos cometas que se desintegraron cuando alcanzaron el perihelio. En ambos casos, la desintegración de estos cometas implicó un evento explosivo y la liberación de un «monstruoso polvo esponjoso agregado». Pero el Oumuamua no muestra una desgasificación, por lo que el investigador señala que estaría sujeto a los efectos de la presión de la radiación solar. Esta teoría ya habría estado recogida por el investigador Avi Loeb, de la Universidad de Harvard y el Centro Harvard-Smithsonian para Astrofísica (CfA), quien negó que la aceleración de Oumuamua al salir del Sistema Solar se atribuyera a la desgasificación (como se indicó anteriormente), sino a esta presión de radiación que muchos ven como el futuro de los viajes espaciales.

No se abandona la teoría de la presión de radiación

En pocas palabras, si la composición de Oumuamua incluyera materiales volátiles (es decir, agua, dióxido de carbono, metano, amoníaco, etc.) como un cometa, habría experimentado desgasificación cuando se acercaba a nuestro Sol, lo que habría sido visible cuando se detectó después del perihelio. Sin embargo, este no fue el caso, lo que planteó la cuestión de cómo la presión de radiación podría ser la responsable de su aceleración.

En ese momento, Loeb sugirió que podría tratarse de una nave espacial extraterrestre. Sin embargo, Sekanina ofrece una visión más «terrenal» y no se atreve a afirmar que se trate de una nave espacial, sino de «una clase de objeto previamente no estudiado que está sujeto a la presión de radiación» y que ha adquirido esta característica junto con su forma en un «periodo reciente» tras la desintegración y no son inherentes al objeto. El investigador afirma que deberían estudiarse más cuerpos de naturaleza interestelar , sobre todo en busca del posible «padre» de Oumuamua: el cometa del que partió en primer lugar.

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