Cuando entregó su mandato, el 11 de marzo de 2014, el distanciamiento entre el saliente Mandatario, Sebastián Piñera, y su ex partido, Renovación Nacional, parecía insalvable.

La directiva encabezada en ese momento por el ex senador Carlos Larraín, no le perdonaba al empresario el maltrato -que a juicio de la mesa- había recibido la tienda política con sede en Antonio Varas por parte del gobierno de Piñera, y los privilegios que a su vez le otorgó a la UDI durante su administración.

La sangre en el ojo contra el ex jefe de Estado se mantuvo con fuerza hasta que Larraín dejó la mesa en 2015, quien fue reemplazado por el actual timonel, el diputado Cristián Monckeberg. Aun cuando el ex senador, y su pupilo, Manuel José Ossandón, le siguieron pegando a Piñera cada vez que pudieron.

En la actualidad, el otrora presidente de RN se reconcilió políticamente con el empresario, mientras que el ex alcalde de Puente Alto lo enfrentará en la primaria del sector. Pero pese a todo este historial de controversias, el recién asumido candidato presidencial pudo revertir ese escenario adverso, logrando que los eventuales candidatos presidenciales del partido se bajaran, y que este fin de semana la colectividad lo proclame como su único abanderado.

Este éxito del ex dueño de LAN se vio coronado con el respaldo que decidió entregarle el gremialismo, renunciando a la opción de contar con aspirante propio a La Moneda. Esto fue posible, en gran medida, al triunfo que obtuvo en la elección interna de la UDI, la senadora Jacqueline Van Rysselberghe, ya que el sector al que representa dentro de la tienda política desde hace rato era partidario de respaldar a Piñera, como es el caso del senador Juan Antonio Coloma y los pocos coroneles que quedan vigentes.

En el gremialismo reconocen que la señal que envió la actual directiva a Piñera, de que el apoyo sería condicionado y no un cheque en blanco, fue un intento mediático de no aparecer entregándose por completo a la campaña del ex Presidente, y así contener las críticas internas de sectores que estaban por levantar un candidato propio.

Y es que en la UDI nunca existió la voluntad, y como consecuencia de ello, la posibilidad de contar con un postulante de sus filas, ya que nadie se perfiló con tiempo para ese objetivo, pese a los nombres que en su momento se mencionaron, entre ellos los del senador Hernán Larraín y el ex alcalde de Las Condes, Francisco De la Maza.

En ambos partidos reconocen que a diferencia de las oportunidades anteriores (2005 y 2009), los números de las encuestas se impusieron por sobre cualquier interés legítimo de tener un candidato partidista. Con el ingrediente adicional, de que en Chile Vamos existe un consenso mayoritario de que lo que está en juego en la elección de noviembre puede ser decisivo para el futuro del país.

Esto, porque si bien en 2009 fue el candidato único del sector, su postulación generó cierta resistencia hasta última hora en el gremialismo. Sin embargo, ahora es distinto, y existe coincidencia de que su figura es la única con opciones reales de derrotar a la izquierda en los comicios de fin de año.

En el piñerismo reconocen que este apoyo cerrado de las colectividades más grandes de Chile Vamos es estratégico para Piñera, ya que fortaleció su posición de poder en el sector, debilitando a los candidatos “satélite” que tienen la aspiración de competir con el empresario, como es el caso del mismo Ossandón y los Kast (Felipe y José Antonio).

En su entorno afirman que este respaldo le ha otorgado mayor tranquilidad el empresario para enfrentar los ataques que está recibiendo desde la centroizquierda y de dirigentes de su propio conglomerado. Dicen que le da mayor margen de acción contar con ese apoyo, y de ahí su estrategia de salir a responder frontalmente los misiles que está recibiendo.

Frágil equilibrio

No obstante, personeros de RN y la UDI plantean que este apoyo cerrado a la candidatura de Piñera no supone un cheque en blanco para el aspirante a La Moneda. Al contrario, aseguran que ese respaldo se mantendrá en la medida que Sebastián Piñera les otorgue un rol preponderante a las colectividades en el desarrollo de su campaña, de su programa y en un eventual futuro gobierno del empresario.

Porque en RN no quieren que se repita la situación del 2009, donde aseguran que fueron un soporte fundamental para el triunfo del ex Mandatario, pero que después los relegaron a un segundo plano tanto en la primera como en la parte final de su gestión.

Y lo que más resienten, es que su conducción haya sido más cercana a la UDI, cuando él era militante de RN hasta antes de competir como presidenciable el 2009. En la tienda le recuerdan al ex Presidente que harán sentir el peso partidista, y que quieren formar parte de las definiciones estratégicas.

Por su parte, en la UDI apuestan a influir en la orientación del futuro gobierno, y pretende actuar de dique para evitar un desdibujamiento de la centroderecha, como acusan ocurrió durante la primera administración de Piñera.

La directiva gremialista no solo apunta a recuperar la identidad de la UDI, sino que también del sector, apelando a la toma de posición en temas que son claves para el bloque, y en la defensa de las ideas fundamentales que representa la derecha.

En este sentido, los dos partidos más grandes pretenden tener autonomía en la conformación de la plantilla parlamentaria, y en las negociaciones con los partidos pequeños y los movimientos que forman parte de la coalición. Ello, aseguran, no implica excluir la opinión del presidenciable en este tema, pero en ningún caso quieren sentirse intervenidos.

En los consejos generales de la UDI y RN de este fin de semana, lo que buscarán demostrar es que a diferencia de la centroizquierda, en la derecha están unidos como nunca antes para lograr el objetivo de recuperar el poder y rectificar el rumbo del país.

Escrito por Carlos Cuadrado S. para El Muro

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