La economía italiana entró oficialmente en recesión. Según el dato provisional, su actividad se contrajo en los últimos tres meses del pasado año un 0,2% del PIB, el segundo trimestre consecutivo de caídas tras el retroceso de una décima en el periodo precedente.

En el conjunto de la zona euro, la expansión se mantuvo a duras penas en el 0,2%, la misma tasa que en el trimestre anterior. Los Diecinueve cerraron así 2018 con un avance del 1,8%, cinco décimas menos que en 2017.

Las cifras económicas son peores de las esperadas por el Gobierno italiano, que ya era pesimista. Los analistas aguardaban una caída del PIB de una décima, y finalmente fue de 0,2%. El primer ministro, Giuseppe Conte, se anticipó a la publicación de las cifras y atribuyó la nefasta marcha de la economía a la mala gestión de las Administraciones pasadas y a la compleja coyuntura mundial.

El estancamiento italiano está acompañado de una montaña de deuda (el 132% del PIB) sólo inferior en la Unión Europea a la de Grecia. El futuro tampoco aparece despejado. Roma espera un crecimiento para 2019 del 1%, pero el Banco de Italia y el FMI rebajan ese avance a un 0,6%.

La situación de Italia es un dato más que inquieta a la zona euro. Alemania, el gran motor económico continental, recortó su previsión de crecimiento para 2019 del 1,8 al 1%, el Reino Unido sigue entrampado en el brexit, las tensiones sociales en Francia por los chalecos amarillos han dañado el consumo, y aunque la guerra comercial Estados Unidos-China vive una tregua, la incertidumbre permanece.

/Diario El País