Hace justo una semana debutó la segunda fase de la aplicación de la Ley 21.100 que prohibió la entrega de bolsas plásticas en supermercados y grandes comercios. Mucha gente se preparó y se sumó a quienes ya compraban con bolsas reutilizables, pero no pocos sin el hábito usaron sus propias manos para llevar mercaderías.

Esa ha sido la cara más visible y reciente de una legislación que busca reducir el impacto de las bolsas plásticas en el medioambiente, en particular en los océanos, y que junto con un cambio positivo en el comportamiento de los consumidores ha implicado una serie de ajustes en los fabricantes de esos productos, que incluye readecuaciones en las unidades operativas pero, también, despidos de trabajadores e incluso bajar sus cortinas, en algunos casos.

“Respecto del empleo y advirtiendo que la nuestra es una industria altamente automatizada, el impacto laboral directo ha sido en torno a los 900 puestos de trabajo; aún es muy pronto para hablar del impacto laboral indirecto”, dice Magdalena Balcells, gerenta general de la Asociación de Industriales del Plástico (Asipla).

La ejecutiva reitera que los empresarios que estaban orientados netamente a los productos cuya entrega se prohibió en supermercados y grandes comercios han tenido que reinventarse o cerrar sus plantas, con una pérdida cercana a los US$ 60 millones en activos, ya que la tecnología empleada para fabricar las “bolsas camiseta” -las que usualmente se veían en las cajas de los supermercados y que se denominan así por la forma de las asas- es poco adaptable. Según industriales, solo importar una máquina de este tipo toma algo así como seis meses.

Adaptarse o morir

Plásticos Mendoza era el principal actor en el mercado de las bolsas camiseta y fabricaba productos para cadenas de supermercados y tiendas como Ripley, Paris o La Polar. El golpe por la entrada en vigencia de la ley se sintió desde agosto, cuando comenzó la restricción de una entrega máxima de dos bolsas por cliente en el supermercado, y se agravó en los meses siguientes.

“Nosotros teníamos una venta que bordeaba $ 1.200 millones mensuales y hoy día esa venta es de $ 500 millones a $ 600 millones”, señala Claudio Morales, socio gerente de Plásticos Mendoza, compañía que realizó un proceso de reorganización, logró un acuerdo con sus acreedores para continuar con sus operaciones y ha puesto parte de su producción en Perú. “Nuestra meta es mantener el negocio.

En esta empresa había 150 personas. Hoy día estamos en 90 y es probable que tengamos que ser 60. La idea es hacer un negocio sustentable y vamos a ir viendo cómo nos vamos acomodando para que sigamos trabajando”, indica.

En bolsas para la basura los supermercados, en general, tienen dos grandes proveedores: Cambiaso Hermanos, con Superior, y Virutex, a través de Mamut.

Morales dice que Cambiaso Hermanos, por ejemplo, ha logrado compensar la caída en las ventas de bolsas camiseta con un aumento en bolsas para la basura. Pero para los fabricantes de los productos que ahora están en las cajas -freno que se extenderá a todo el comercio en agosto del próximo año- la implementación del nuevo negocio fue un duro golpe, y empresas como Inapol, que era el principal competidor de Plásticos Mendoza, debieron cerrar sus puertas.

“Los que están ganando, para mí, son la industria del papel y del cartón, y no es la solución”, agrega Morales. Y al analizar las góndolas de los supermercados afirma que mientras para los productores de bolsas de basura “el precio base es prácticamente el mismo”, el que “gana es el supermercado, donde antes la entrega de bolsas era un gasto y hoy día es una venta e hicieron un negocio comercial”.

Walmart y Jumbo declinaron entregar información o hacer comentarios cuando se les preguntó sobre los menores costos por la prohibición en la entrega y si habían detectado, como es previsible, un reciente aumento en la venta de bolsas para la basura.

Ante la misma consulta, SMU responde que entre agosto y enero la venta de bolsas para la basura subió un 37%. “Con respecto a la ampliación de la oferta por parte de nuestros proveedores en esta categoría, efectivamente han ido ganando espacio las bolsas biodegradables y biocompostables junto con otras que son fabricadas a partir de materias primas recicladas.

Es importante señalar que el espíritu de la ley es reducir el número de bolsas de cualquier tipo en el medioambiente y, en consecuencia, generar un cambio cultural en las personas mediante la utilización de alternativas reutilizables”, dijo la compañía ligada al Grupo Saieh, controlador de Copesa, empresa que edita PULSO.

La firma ofrece bolsas biodegradables de origen compostable, de algodón y de papel en las tiendas Unimarc y Mayorista 10. En el caso de Alvi, las bolsas fueron reemplazadas por cajas de cartón, como opera actualmente en Telemercados. En OK Market se mantendrá la entrega de bolsas de papel.

Por su parte, Tottus señala que ha promovido que los clientes lleguen con su propia bolsa. “Paralelamente, estamos ofreciendo alternativas de bolsas de papel, algodón y yute, las que podrán ser adquiridas en los distintos locales”, dice Ivonne Palma, subgerente de Sostenibilidad de Tottus.

“La ley lleva pocos días desde su aplicación total, por lo que esperamos tener una evaluación más acabada de su impacto en un mediano plazo”, agrega la ejecutiva.

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