Ante una aparente normalidad, se suceden hechos que nos indican que vivimos momentos de extrema complejidad. Basta prestar una ligera atención a los medios de comunicación y las redes sociales, para constatar que todo se percibe polarizado y odioso. Hacia donde uno mire se encuentra con situaciones cuyos efectos y proyecciones son difíciles de ponderar.

Es una sensación muy rara, existe la convicción que “la cosa esta grave… algo tiene que pasar”.

La razón parece simple: vivimos en una sociedad desarticulada y mediatizada, donde cada vez es más difícil tener una apreciación ajustada a la realidad.

Por un lado, somos bombardeados con noticias de alto componente emocional y, al mismo tiempo, se nos ocultan sucesos nacionales e internacionales de alto impacto, que debiéramos conocer.

Los ejemplos sobran… Esta semana el Presidente de EE. UU., Joe Biden, tuvo un gravísimo lapsus al “quedarse en blanco” mientras daba un discurso en Texas y, sin poder reaccionar, se preguntaba a micrófono abierto… “Que estoy haciendo aquí” … De esto nada ha salido en la prensa, por lo que es válido preguntarse: ¿Tienen los medios tanto poder para silenciar un hecho tan grave?

En sentido opuesto, este fin de semana un diario nacional (La Tercera) hizo un reportaje a los presidenciables y, con un llamado en portada, mostró a todos los candidatos, menos uno, J.A. Kast… Es válido preguntarse: ¿Qué mueve a un medio a caer en una discriminación tan grosera?

Otro ejemplo es la nula cobertura que ha tenido el llamado a la subversión que hizo el activista mapuche Aucán Huilcamán en Temuco, donde conmina al Ejército “a desobedecer la decisión del Presidente de producir desalojos y patrullajes en las comunidades…”, agregando “es inexplicable que el Ejército intente patrullar cuando está comprometido con el genocidio cometido en La Araucanía”.

Está claro que los medios de comunicación, influenciados por un marcado sesgo político de editores y periodistas y, por un mezquino interés de sus propietarios, no dejan espacio a ninguna otra interpretación de la realidad que difiera de la suya, para lo cual bombardean a la opinión pública con imágenes y versiones distorsionadas.

Vivimos tiempos complejos. Si bien tenemos mucha información… ¡ni hablar de analizar la contingencia! Estamos en una época donde es cada vez más difícil “incentivar la tarea de pensar”. Es más frecuente comprobar un verdadero hastío e indiferencia en materia de contingencia política… Realidad que se vuelve muy compleja si pensamos que estamos a un mes de la elección más importante en la historia del país.

Concluimos, después de horas de tertulia, sobre la conveniencia de orientar el pensamiento y la acción hacia lo que viene, buscando posiciones apoyadas en hechos reales y concretos, evitando las interpretaciones ligeras y negativas de los acontecimientos políticos, económicos, sociales…

Tal como advirtió un parroquiano: “Quieran o no… las cosas van a pasar igual… estemos o no involucrados; por lo mismo, la primera pregunta que tenemos que contestarnos es… ¿Qué está pasando aquí?”.

por Cristián Labbé Galilea