Cuando pensamos en el fin de los tiempos, generalmente surgen ideas apocalípticas dignas de película tales como la caída de un meteorito, una súper llamarada solar o una invasión alienígena. Sin embargo… ¿Y si la amenaza para la vida se encuentra bajo la superficie del mar? Eso es lo que piensa, al menos, un grupo de científicos de la Universidad del Sur de California quienes realizaron un inquietante hallazgo en el lecho marino.

Se trata de reservorios de gas encapsulados en el fondo oceánico los cuales, una vez que dejen escapar en forma masiva el carbono y el metano contenido en ellos, podrían generar un efecto invernadero que sería irreversible.

De acuerdo a lo publicado en el portal “Phys.org”, este fenómeno tendría lugar recién para fines de siglo ya que, por el momento, esta amenaza se encuentra “dormida”.

Para los expertos que realizaron este descubrimiento, una vez que se libere el carbono la temperatura atmosférica tenderá a incrementarse a niveles similares a cuando se produjo el fin de la Edad de Hielo.

Foto: elciudadano.cl

Estos reservorios de carbono y metano se producen cuando las actividades volcánicas liberan gas que se congela hasta quedar encapsulado formando una masa de hidrato, la cual puede permanecer en estado líquido o sólido. Estos depósitos se encuentran alrededor de todo el planeta y permanecen intactos a no ser que sean perturbados por factores externos como el calentamiento del océano.

El estudio realizado por expertos de la Universidad del Sur de California fue publicado en la revista “Environmental Research Letters” y recuerdan que hace 17 mil años ya se produjo un escape masivo de gases de efecto invernadero poniendo fin al periodo del Pleistoceno.

“La última vez que sucedió, el cambio climático fue tan grande que causó el fin de la Edad de Hielo. Una vez que ese proceso geológico comienza, no podemos desactivarlo”, destacó Lowell Stott uno de los especialistas que trabajaron en la mencionada investigación.

El científico indicó además que recién se está recabando información del pasado para poder anticipar el futuro y “saber si estos depósitos de carbono pueden volver a desestabilizarse” cuando la temperatura de los océanos sea crítica para fines de siglo.

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