Imposible soslayar lo ocurrido el 23 F con Venezuela y la ayuda humanitaria que un número importante de gobiernos, liderados por Estados Unidos, pretendía hacer llegar “si o si” (sic) al pueblo venezolano -que por décadas vive la tragedia de una dictadura de izquierda- y, de paso, “botar” a Maduro.

Los cronistas, políticos y editores, han dicho de todo, pero si en algo hay coincidencia… es que fue un fracaso; bastaba con mirarles la cara a los mandatarios y a las autoridades internacionales que se dieron cita en Cúcuta, Colombia.

Quienes creyeron que derribarían la dictadura de Maduro desde afuera se equivocaron, no consideraron que los gobiernos (dictatoriales) “se desmoronan y caen” por dentro; además, se enredaron con “una jugada” demasiado advertida y que, al estar liderada por “los gringos”, sólo consiguió exacerbar en los más exaltados un nacionalismo anti-imperialista muy arraigado en el ADN de los latinos, con lo cual le dieron “más aire” a un Maduro prácticamente cianótico.

Quienes lideraron esta iniciativa, especialmente el Presidente encargado Juan Guaidó, evidenciaron un feble liderazgo al no lograr movilizar a la oposición venezolana, que se supone mayoritaria, ni menos consiguieron seducir a los militares para que abandonen a un disminuido y debilitado Maduro, con lo cual se desvaneció la esperanza del ciudadano común y corriente de terminar con décadas de un calvario que sigue pareciendo interminable.

Son estas ocasiones cuando se extrañan los verdaderos líderes. Recordará mi ilustrado lector cuando el 12 de junio de 1987 el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, pronunció su discurso, en la Puerta de Brandeburgo, próxima al muro de Berlín, en el que dijo “Señor Gorbachov eche abajo este muro, (Tear down this wall)”, ante miles de personas que se habían dado cita a los pies del muro y, al poco andar, se derrumbó la Unión Soviética. Eso en esta oportunidad no ocurrió, ni va a ocurrir.

Es más, después del fracaso de 23 F, en las tierras de Bolívar aparece con más fuerza el fantasma de una guerra civil. Las decenas de miles de guerrilleros de las FARC, del ELN, de paramilitares, de miembros del servicio secreto G2 de Cuba y de narcos, amparados en territorio venezolano, no están dispuestos a ceder “su madriguera”, menos ahora que comprobaron la posesión de una no despreciable cuota de poder.

Considerando lo anterior, de una u otra forma, unos más explícitos que otros, estiman que la solución a la crisis venezolana pasa por una intervención militar como la que hubo oportunamente en nuestro país en la década de los 70… pero no se atreven a decirlo por temor a ser acusados de fachos, imperialistas o de extrema derecha. Hoy son muchos los que recuerdan a Eduardo Frei Montalva y a Patricio Aylwin informando al mundo que… “los militares chilenos salvaron al país de una guerra civil….”.

Querámoslo o no, lo ocurrido en estos días en Venezuela ha hecho que en nuestro país las miradas de la historia se vuelvan hacia el pasado reciente, donde se confirma que los militares chilenos respondieron patrióticamente al llamado de las principales instituciones republicanas y al clamor ciudadano, por lo que, digan lo que digan… nuestros soldados pueden sentirse orgullosos.

/Por Cristián Labbe Galilea