Las familias enfrentan durante su devenir, crisis en algunos de sus miembros, y la mayoría de las veces, no entienden las razones y causales y por lo mismo, no saben buscar las soluciones adecuadas.

En la presente columna, resaltaré y expondré, de acuerdo a lo que nos dicen las investigaciones en el ámbito de la psicología, la psiquiatría, y la teoría de la comunicación, en tanto y en cuanto, a lo relevante que son las  relaciones afectivas que el niño ha mantenido y han mantenido con él aquellos que han conformado su medio ambiente.

Es vital conocer y comprender la forma como las interacciones familiares, determinan  quiénes seremos en el  quehacer y devenir de nuestra condición de seres sociales, sexuales y afectivos.

Todo esto,  a partir de un constructo lingüístico que establecerá el discurso que nos representará ante los otros y ante sí mismo.

Los padres son para los niños, sin discusión alguna, las figuras más preponderantes de sus vidas, pero, todos aquellos con quién  han coexistido en sus primeros años, pueden también, llegar a tener un rol determinante  que nos  explicitarán  el desarrollo de los desórdenes psicológicos en su etapa adulta.

A partir de la observación de las interacciones familiares erigidas, y posteriormente analizadas e interpretadas desde una perspectiva diacrónica, podemos comenzar a conocer parte de las  posibilidades para mantener cierto equilibrio y no enfermar.

La teoría psicoanalítica sostiene que: la enfermedad del paciente es consecuencia de un crecimiento que se vio impedido en su desarrollo natural por desviaciones inherentes a respuestas defectuosas frente a crisis primitivas. Las situaciones insolubles e insoportables engendraron complejas emociones, principalmente de furor, angustia, que serán las generadoras de las futuras obsesiones, depresiones, sentimientos de culpa, baja autoestima, timidez,  y fracasos afectivos entre otros.

Para los analistas transaccionales, las caricias negativas son una forma extrema de descontar, sobre todo a los niños, y para ellos :

“Un descuento es o la falta de atención o la atención negativa que ocasiona daño emocional o físico.

Cuando una persona es dejada de lado, embromada, disminuida, humillada, degradada físicamente, es motivo de risa, o es ridiculizada, en alguna forma está siendo tratada como si fuese insignificante; está siendo rebajada. El descuento siempre conlleva una degradación ulterior”.

Esto nos lleva a colegir de una vez por todas, que nuestra infancia es fundamental para determinar si en el devenir podremos ser felices, o, si en un acto compulsivo repetitivo, repetiremos la historia de nuestra familia de origen con todo lo que eso conlleva.

Ahora bien, debemos reconocer que concurren ciertos conflictos en  el curso de toda vida, en esos momentos, la personalidad vulnerable, a partir de hechos que coexisten en latencia al interior de nuestra personalidad,  tiende a desmoronarse y esto puede ocurrir:

  • En la pubertad;
  • Por la separación de los padres;
  • Al abandonar la escuela;
  • Durante un asunto amoroso;
  • Ante conflictos adaptativos; timidez; baja auto-estima; estrés, otros;
  • La no resolución del proceso dependencia-independencia infantil con nuestros padres, en el camino hacia la madurez y la autonomía;
  • A través de desengaños o frustraciones en el matrimonio;
  • Durante el embarazo o adopción de un hijo;
  • Ante desengaños en la vida profesional;
  • Ante frustraciones o fracasos en lo financiero;
  • Ante situaciones reales o fantaseadas, capaces de desmoronar a personalidades inestables y con ciertas predisposiciones hacia lo anómalo.
  • Ante la pérdida de una persona amada por muerte o separación, y
  • Durante el período involutivo.

Sin embargo, considerando estos sucesos, puede no ser fácil discernir por qué aparece un síntoma o síntomas neuróticos o de otra índole, ya que, los factores enumerados  anteriormente, aunque pueden desencadenar o precipitar una neurosis, éstas comienzan muchas veces, sin que tales sucesos se hallen en estrecha relación con su iniciación.

En estos casos,  luego de un interrogatorio profundo, la anamnesis, según los especialistas, nos muestra que ningún suceso de mayor importancia ha ocurrido en relación con el desencadenamiento. En su lugar se encuentra una culminación de incidentes, los cuales, después de un largo trabajo con el sujeto, pueden ser ordenados conjuntamente de manera que se llega a determinar qué es lo que realmente precipitó el desencadenamiento final.

Hay que recordar que la mayor parte de las neurosis y los desórdenes psicológicos de diversa índole, se desencadenan  entre el final de la adolescencia y los 35 años.

Este es el período  de la vida en que ocurre una intensificación de las responsabilidades,  es la etapa de mayor esfuerzo para conquistar una situación en el mundo económico y social así como  para lograr un ajuste satisfactorio en los procesos sexuales y afectivos.

Este período puede estar cargado con muchas experiencias llenas de  frustración y desengaño. Estas frustraciones o desengaños tienen una similitud con las originales de la infancia, y son capaces por si mismas de reactivar conflictos hasta ahora reprimidos (latentes) en el inconsciente.

Para su mejor comprensión vamos a desglosarlas en :

1) En los solteros podemos ver el desarrollo gradual de una neurosis o trastornos mayores, después del segundo matrimonio de un progenitor, cuando la muerte u otro incidente ha eliminado al primer cónyuge. Esta causa puede no ser sospechada por nadie.

2) Las mujeres casadas se enferman frecuentemente de neurosis debido a que  no han sido totalmente satisfechas en sus deseos fantaseados con respecto al matrimonio; es decir, puede no existir un exagerado descuido por parte del esposo, que en realidad puede ser un “compañero ideal”, pero  la mujer ha esperado más de lo que es capaz de realizar el matrimonio con cualquier hombre, así que está destinada a sentirse frustrada desde el principio.

3) Un embarazo, no deseado, puede precipitar una gran angustia, depresión, obsesiones e incluso desórdenes psicológicos mayores,  con sus concomitantes somáticos, como síntomas gastrointestinales o de otra clase, debido a que la mujer es  emocionalmente demasiado poco madura para querer un niño.

4) Esto puede amenazarla con: responsabilidades que le agobiarán; con modificar su figura o echar a perder sus diversiones, o  bien, en un nivel más profundo, representar el deseo, largamente acariciado aunque temido, de competir con su madre , lo que le provoca excesivos sentimientos de culpa.

5) Los hombres, al casarse, pueden también tornarse neuróticos, o sufrir otro tipo de trastornos, aunque  ello ocurre menos frecuentemente. La mujer no se parece lo suficiente a la madre, por lo que sobreviene la frustración.

Puede que el hombre haya deseado inconscientemente poder asumir, después de establecer una relación de pareja, un papel de dependencia, y cuando las circunstancias no se lo  permiten, se desmorona con síntomas neuróticos…

6) El ser desalojado , temporariamente del cariño de la mujer por el nacimiento de un hijo puede ser suficiente para desconcertar seriamente a algunas personalidades que provienen de una infancia con historial de abandono y/o una pobre relación afectiva con las figuras parentales. De hecho, la mayor preponderancia de infidelidades ocurre, luego del nacimiento de un hijo, por las razones aludidas.

7) En otros casos puede haberse producido un lento fracaso en el logro de un fin o posición prominente deseada. Este fracaso es visto inconscientemente como una frustración emanada de un  ser superior, quizás no más tangible que el destino, pero dicho fracaso se parece a otro más antiguo, por lo que sobreviene una regresión hacia moldes infantiles, que conducirá al desmoronamiento neurótico.

8) La amenaza de una inseguridad emocional y/o financiera, real o fantaseada puede ser la causa precipitante de síntomas neuróticos o de crisis mayores en el individuo susceptible. Los padres “cariñosos” de la infancia, representados ahora simbólicamente por la sociedad, están a punto de dejar desamparado a su hijo, y los individuos susceptibles son muy propensos a sufrir de angustia y de formación de síntomas  ante esa situación. En estos casos, ha existido una angustia infantil considerable durante el periodo oral. El optimismo- pesimismo, están determinados en esta etapa.

9) En otros casos, una situación en la que se requiere agresión puede  precipitar angustia y síntomas. Un vendedor propenso a ataques de angustia se sentía mucho peor cuando había realizado buenas ventas durante un período. La cobranza a sus clientes constituía para él un  acto muy agresivo. Representaba tomar algo, por lo cual sentía que debía ser castigado.

10)       Una mujer desarrolló una neurosis obsesiva cuando su esposo fracasó en su profesión y se sintió inconscientemente muy disgustada y hostil hacia él por eso. No podía reprochárselo abiertamente, pero sus síntomas significaban para ella, entre otras cosas, una protección contra sus tendencias hostiles hacia él.

11)       En la mayoría de los casos, el desengaño del objeto amado o una frustración provocada por él y que concluye en hostilidad, constituyen  causas poderosas en la reactivación de viejos conflictos.

12)       Los expertos aconsejan, obtener una historia cuidadosa para poder sacar esto a la superficie. Por ejemplo, mujer, soltera de 28 años estaba fuertemente ligada a su padre, detestando a su madre. Ella y su padre habían sido siempre grandes camaradas, y se hallaban unidos en defensa en contra una madre tiránica y poco comprensiva. Debido a un cambio de circunstancias en su trabajo, también el padre se alejó de su hija, comenzando a ser más severo y desconsiderado con sus otros hijos, uniéndose con más frecuencia a la madre en las calculadoras resoluciones que ella tomaba. Esto hizo que la hija se sintiera   menos querida  y como no poseía la capacidad necesaria para transferir satisfactoriamente el contenido de este ligamen emocional hacia otro objeto, sobrevino un desmoronamiento neurótico.

13)       Muchas mujeres demasiado interesadas en una carrera o demasiado avergonzadas por sus deseos de tener un hogar e hijos, aplazan excesivamente su matrimonio. Inhiben todo interés o conducta hacia el sexo opuesto que pudiera conducirlas a este fin, temiendo aparecer demasiado ansiosas por tener una relación que es de naturaleza sexual.

Al mismo tiempo ven casarse a sus amigas, así como a los miembros de su propia familia. Sienten vagamente que algo que debieran poseer se les escurre sin que lo puedan evitar. A medida que la edad aumenta disminuyen las oportunidades; su ocupación se les hace cada vez más  monótona y sienten que la vida en el futuro puede resultar muy vacía.  Una frustración tal, puede conducir gradualmente al derrumbe. Se presiente en ellas “amores contrariados” y ellos existen en realidad, aún sin haber sido  rechazados por ningún hombre determinado.

14)       Finalmente debemos considerar si es o no posible que otra enfermedad, fuera de los síntomas de la neurosis misma, sea capaz de precipitar un derrumbe neurótico y/o psicótico. Es posible que  ello ocurra, aunque probablemente no es frecuente. Esto nos acerca más a las neurosis reactivas aunque pueden estar comprometidas situaciones simbólicas  y regresivas.

15)       Frecuentemente podemos ver coincidir el comienzo de una larga enfermedad neurótica con la extirpación del apéndice, o “cualquier otra operación.- Esta operación ha equivalido en el inconsciente a una “castración”, es decir, al castigo por algún deseo o pensamiento del cual se siente culpable, y que por lo mismo, ha dejado al sujeto “mutilado o desprovisto de algo”. Estas personas nunca se sienten completamente bien después de su primera operación y la utilizan como excusa para todos sus fracasos e inadaptaciones.

16) Estas son sólo algunas de las muchas razones por las que el adulto cae en una neurosis, crisis mayores, e incluso en psicosis. Según lo que hemos visto, con ayuda profesional, o a veces sin ella, debemos escrudiñar debajo de la superficie para encontrarlas y comenzar a construir el camino de salida.

No hay que cometer el error de confundir el proceso  precipitante, si éste es súbito, con la causa. Por ejemplo, una mujer dejó de menstruar tres días después de que su esposo perdió el  empleo. A continuación se produjeron vómitos graves e incontrolables, esto desapareció con  48 horas de descanso en cama y psicoterapia. En este caso, los sucesos del momento tuvieron sin duda algo que ver con el comienzo del vómito, pero no fueron estrictamente su origen. La causa se remonta  a las primeras fantasías de embarazo, a. la posible naturaleza oral del mismo, a la expulsión de los contenidos abdominales a través de la boca, es decir, era una forma final de representar el embarazo no deseado,  temor y repugnancia, y muchos otros hechos que estimulan ansiedad. El vómito servía como una respuesta corporal que tendía a  aliviar esa ansiedad.

Por eso es que siempre, al estudiar los trastornos psicológicos, mayores y menores, tales como las neurosis, hay que tener presente  los sucesos capaces de ser traumáticos en la vida del niño y considerar su repetición en la experiencia de la vida corriente. Sólo en esta forma podemos comprender y buscar la ayuda necesaria para tratar  adecuadamente la enfermedad  psicológica, en las manos profesionales de psicólogos, terapeutas familiares, psiquiatras, según el cuadro en si y lo cuantitativo de él.

 

 

 

 

 

 

 

/por Victor Sforzini Sepúlveda

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