El Washington Post publicó un reportaje interesante acerca de cómo los venezolanos no solo cuestionan a su dictador, Nicolás Maduro, sino también a la ideología detrás de su régimen: el socialismo. ¿Quién los podría culpar?  Maduro y su predecesor Hugo Chávez explícitamente llamaron a su revolución “Socialismo del Siglo 21” y el resultado ha sido la crisis humanitaria mas grande de Occidente.

Sin embargo, el Washington Post se pregunta si la crisis en Venezuela puede tener como culpable exclusivamente al socialismo o si hay otros factores a tener en cuenta, como la incompetencia económica. Por ejemplo, compara el desastre de Venezuela con el “socialismo europeo”, “el sistema de salud canadiense o los altos impuestos franceses”. También dice que el país sudamericano es muy diferente a las “comunistas Cuba o Corea del Norte” ya que todavía tiene un sector privado –e incluso algunos McDonald’s. Como si eso no fuera suficiente, cita a uno de los principales intelectuales venezolanos, Moisés Naím, quien afirma que no se “compra del todo el argumento de que ‘el socialismo causó esto’”. Naím culpa también a la corrupción y la ineptitud.

¿Es demasiado simplista culpar del colapso de Venezuela al socialismo? En primer lugar, aclaremos los conceptos. La definición estándar de socialismo es un sistema en el cual los medios de producción son propiedad el Estado. Bajo esa definición, ni siquiera Cuba calificaría como socialista, ya que tiene un sector privado pequeño. Por lo tanto, debemos discutir el socialismo –al igual que el capitalismo– como una cuestión de grados. Para lograrlo debemos entender que una política por sí sola no puede explicar si un país tiene un sistema de libre mercado o uno socialista. El hecho de que algunas naciones europeas tengan impuestos altos o que Canadá tenga un sistema de salud gratuito no los clasifica necesariamente como “socialistas”. Debemos evaluar todo el alcance de la política económica.

Esto es exactamente lo que el Informe de Libertad Económica en el Mundo (EFW, por sus siglas en inglés) hace. Publicado desde 1996, este clasifica a 162 países de acuerdo a 42 indicadores que se agrupan en cinco grandes áreas de la libertad económica: el tamaño del gobierno, el sistema legal y los derechos de propiedad, el dinero sólido, la libertad para comerciar internacionalmente y la regulaciones del crédito, los negocios y el mercado laboral. Entre más alta sea la calificación de un país en  un área, más libre será su economía. De la misma manera, entre más baja la calificación, mas lejos se encuentra el país de ser considerado un libre mercado y por tanto esta mas cerca de ser una de la múltiples manifestaciones de estatismo, incluyendo al socialismo.

La edición de 2018 del informe ubica a Venezuela como la economía menos libre de los 162 países estudiados (no hay datos confiables suficientes para evaluar a Cuba y a Corea del Norte). Como contraste, Canadá ocupa el puesto 10, Dinamarca el 17 y Francia el 57. Además, el EFW tiene datos sobre Venezuela desde 1970. Podemos evaluar el impacto real, no solo retórico, del Socialismo del Siglo 21 en la libertad económica de Venezuela desde que Chávez tomó el poder en 1999.

En este artículo de opinión documenté las políticas más emblemáticas implementadas en Venezuela desde 1999, que incluyen las expropiaciones masivas y la nacionalización de fincas e industrias, la expansión dramática del gasto público y del empleo público, la imposición de regulaciones y mandatos draconianos sobre los créditos, el empleo, los precios y el comercio internacional, la devaluación de la moneda, entre otras. Como podemos ver abajo, cada una de las áreas de la libertad económica experimentó una reducción dramática desde el 2000.

Vale la pena señalar que un objetivo retórico claro, y una consecuencia real, del Socialismo del Siglo XXI de Chávez es la confiscación de la propiedad privada y la destrucción de las empresas privadas. Por ejemplo, el Washington Post señala que “en 1999, había 490.000 empresas privadas en Venezuela. Para junio pasado, el conteo más reciente disponible, ese número había caído a 280.000”. Esto distingue las políticas económicas de Venezuela de, por ejemplo, el fascismo, un sistema bajo el cual el gobierno busca controlar, pero no eliminar, al sector privado.

¿Qué pasa con la corrupción? Aunque es un fenómeno mundial, parece ser más frecuente en algunos países que en otros. Ciertamente hay factores culturales en juego, pero si comparamos el EFW con el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, podemos ver que existe una fuerte correlación entre la libertad económica y la transparencia. Esto no es sorprendente. Cuanto más control tienen los políticos y los burócratas sobre la economía, mayores son las oportunidades para el robo y el tráfico de influencias:

Finalmente, es imposible analizar el problema actual de Venezuela sin considerar el petróleo. Lo discutí brevemente en mi artículo de opinión. Cabe señalar que el petróleo ha desempeñado desde hace mucho tiempo un papel distorsionador en la economía y las instituciones de Venezuela, como lo documentó Raúl Gallegos en su maravilloso libro Crude Nation. Venezuela experimentó auges y caídas petroleras antes de Hugo Chávez, pero la magnitud de la crisis actual solo puede explicarse por la medida en que la bonanza petrolera de 2003-2014 fue utilizada para financiar las desventuras socialistas de Chávez.

La gestión económica es una causa errónea. No es una coincidencia que el control estatal extenso de la economía sea inevitablemente acompañado por una mala gestión. El verdadero culpable de la difícil situación de Venezuela es el socialismo.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato at Liberty (EE.UU.) el 13 de febrero de 2019.

Por Juan Carlos Hidalgo en elcato.org

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