La Primera Parte fue publicada ayer en el Diario de Santiago en la sección Internacional

Ese dictador ha sido el mayor enemigo de la República de Venezuela en 188 años. No obstante, ello nunca ha sido reseñado en ninguno de los libros de nuestra historia.

La guerra de Fidel formó parte de un plan implacable y maquiavélico,
concebido en las entrañas mismas de la maldad del castrocomunismo, de los reductos soviéticos rusos, de sus alianzas con el eje del terrorismo islámico y de la bancada usurera china, para apoderarse de una patria con riquezas inimaginables, habitada por ingenuos nativos que nunca fuimos educados, ni advertidos sobre los verdaderos peligros que atentaban (desde fuera y dentro del país), contra la democracia
y el sentido real de la Patria.
Han sido miles las muertes que se han producido y que han sido echadas al olvido.

Entre 1961 y 1967 miles de venezolanos murieron en defensa de la soberanía, pero se siguió conspirando gracias a una banda de asesinos, y a la ayuda de una montonera de guerrilleros nacionales, que nunca pagaron por sus crímenes, ni por los intentos de magnicidios, o la incursión de armamento para matar a sus mismos connacionales y atacar a la poblaciones rurales.

Un artículo del General Ángel Vivas, publicado en enero del 2011, da cuenta del rechazo de la FAN venezolana ante la invasión impuesta:
“La peor humillación al honor militar venezolano es que ahora se le rinda homenaje a Fidel Castro y a su tiranía aquí mismo, dentro de nuestro propio territorio, donde ellos derramaron la sangre de ese Ejército al que pertenezco, y a los descendientes de quienes la derramaron, a nuestros oficiales y soldados actuales.
Se obliga por orden de quienes debían evitarlo, sus Generales y Almirantes, a gritar el lema de nuestro enemigo, el lema creado en Cuba por el dictador Fidel Castro el 5 de marzo de 1960: ‘Patria, Socialismo o Muerte’.
Es el mismo lema que gritaban los militares cubanos infiltrados en nuestro territorio en los años ‘60, cuando mataban a oficiales y soldados del Ejército de Venezuela, cuando cortaban sus genitales para colocárselos en la boca, cuando abrían con cuchillos sus gargantas para sacar por el orificio sus lenguas a la modalidad de corbata, o cuando asesinaban a nuestros campesinos para infundir miedo y obligarlos a no denunciarlos.

Fueron derrotados militarmente en Machurucuto en 1967 por los temidos ‘Cazadores’ de ese insigne Ejército venezolano, en los inicios de nuestra democracia.

Los traidores venezolanos que ahora gobiernan se sumaron a una pacificación propuesta por Caldera en su primer gobierno que solo sirvió como estrategia para inocular el castrismo soviético al Estado, desde el propio Ejército, con la infiltración de Hugo Chávez y otros árboles torcidos que fueron sembrados en complicidad, para hacer vida desde 1971, durante el primer gobierno de Caldera, en la Academia Militar de Venezuela.

Invitar a Fidel Castro a su toma de posesión de 1989, fue el peor error cometido por el presidente CAP en su segundo gobierno. Lo trajo para hacer las veces de divo de la prensa, pero no contó con que, entre la gruesa comitiva de invitados cubanos, fueron colocados espías infiltrados en los principales barrios de la capital para llevar a cabo el para nada espontáneo “Caracazo” del 27 y 28 de febrero de ese año.
Ese evento, nefasto para el gobierno de CAP, se generó a distancia de menos de un mes de su asunción al poder.

Nadie duda que las dos asonadas de 1992 contra la democracia venezolana llevaron la firma del maligno comandante Castro, gracias a la ambición de colaboradores políticos, empresarios, dueños de medios de comunicación y oficiales que se las jugaron todas como oportunistas en su afán de obtener mayor riqueza y poder.
Eso fue lo que les prometió el mefístoles Chavez: la guerra a muerte contra la República de Venezuela.

Con Chávez en el poder, el sistema castrista se apoderó de Venezuela como una fuerza invasora que logró entorpecer la cotidianidad de los venezolanos desde sus propias oficinas públicas, espiando todos sus movimientos, estudiando la conducta bonachona, parrillera, amante del bonche, el puente, el fin de semana cervecero y la escapada al exterior, cortesía del cupo Cadivi, que mantuvo distraído a una clase media y popular con un fanatismo anormal por un gobierno con fachada regalona que, como caballo de Troya, preparó el golpe de timón y la peor traición contra una nación libre y soberana.

Ninguna nación del mundo ha permitido una felonía tan flagrante de gobierno alguno. Es un autogol, un acto de suicidio colectivo, una enorme estafa piramidal en complicidad con los estafados.
Pero Castro y Chávez lo ejecutaron a la perfeccion y a la vista de todos, promocionando las denominadas Misiones y el tristemente incomparable programa dominical: “Aló Presidente”.

La historia no absolverá a Hugo Chávez, figura irrefutable del acto de entrega de la Patria a estos Piratas del Caribe.

Aún los venezolanos no hemos salido del estupor, pero tampoco hemos entendido lo que está ocurriendo. Acostumbrados a una economía subsidiada por el petróleo y a una gasolina anclada a nimios céntimos, no hay nada que pueda explicar el por qué de tanta maldad. Menos aún, de comprender que el país ha sido atacado infinidad de veces por el eje comunista liderado por los Castro.

 

/Continuará mañana