Un contertulio comentaba con cierto optimismo que él creía que llegaría el momento en que las cosas cambiarían y que esta sensación de todos contra todos, de poco futuro y de mucho pasado, de imputaciones y contra acusaciones, dejaría de ser la tónica de nuestra convivencia para dar paso a una época de mayor madurez cívica, en la que las diferencias políticas, religiosas, económicas, culturales o de cualquier tipo no serán más que la validación de la singularidad que hay en cada persona, grupo, organización o movimiento.
¡Por favor, en qué mundo vives…, éramos pocos y parió la abuela! interrumpió uno de los presentes, muy cercano a la “familia militar”, quien normalmente es muy reflexivo en sus comentarios. Esta expresión -harto española- daba cuenta de que para muchos los últimos días no han sido nada de buenos y así como está el ambiente, las cosas pueden incluso empeorar.
Absortos, por decir lo menos, los presentes fueron tomando cuenta de: el fallecimiento de un sargento de carabineros, engrillado a su cama, con 85 años y un alzheimer avanzado en el penal de Punta Peuco; la condena por parte de la Corte Suprema de 33 uniformados por hechos ocurridos hace ya cuarenta años y de su inminente detención en la cárcel pública de Colina; y como si esto fuera poco, el juez Garzón, condenado en España por prevaricador, llega a nuestro país en gloria y majestad para un acto de clara provocación…
Como era de suponer, derivamos a la proclamación de Piñera por el “establishment” de RN y la UDI. Fue un balde de agua fría -pero no porque fuera sorpresa, eso estaba más que cocinado: lo que sorprendió fueron las entrevistas posteriores donde el ya candidato, sin mediar muchas preguntas, justificó las condenas a los militares y el cierre del penal Cordillera, con lo que confirmó que ¡el necio siempre persevera en su tontera…! Su señora, Cecilia Morel, “no lo hizo nada de mal tampoco”: ella, que parecía algo más prudente, tuvo la desfachatez de inventar una increíble historia donde contaba que pudo haber sido desaparecida el 73 y que no lo fue solo por suerte!
Como era de suponer, nadie apoyó a Piñera, y lo que quedó igual de claro fue la asimetría e inequidad con que los políticos y un sector de nuestra sociedad han juzgado a los militares y cómo se ha tergiversado la historia en este último tiempo. Es cierto, la “familia militar” está dispersa, no tiene estructura, no tiene una palabra univoca, pero…. ¡Cuidado!, se mueve por un hilo conductor muy sólido que está dado por los valores y principios del hombre libre, la sociedad de orden, progreso y bienestar. Esa es su mayor fortaleza.
Se nos pasaron las horas y para terminar con un pensamiento positivo les recordé a mis nobles parroquianos que “la historia es más justa que los hombres, pero se toma su tiempo”. Les conté que un buen ejemplo es el de las Cortes españolas que en 1837 resolvieron construir un panteón donde albergar los restos de aquellos personajes de la historia de España que no habían sido debidamente reconocidos en su tiempo; que así había nacido en Madrid (cerca de Alocha) el Panteón de los Hombres dispersos, última residencia para
aquellos leales con los que se estaba en deuda, y que allí existe un sarcófago en cuyo frente aparecen una joven abrazada a seis virtudes: Templanza, Sabiduría, Justicia, Elocuencia, Prudencia y Constancia…Terminé pensando que a lo mejor esa era “la gran tarea para mañana…” el Panteón de la libertad, donde tendrán su última morada los militares con los cuales hoy se está en deuda.
Cristian Labbé Galilea
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