Recuerdo aún olor a carne quemada, era horroroso“, explica en una entrevista el fotógrafo de Efe, Antonio Rueda, que, ya retirado, recuerda la catástrofe aérea como los días “más tristes y dolorosos” de su carrera en la agencia.

El 27 de marzo de 1977 chocaron en el aeropuerto de la isla de Tenerife (Atlántico) dos Boeing 747, uno de la compañía holandesa KLM y otro de la estadounidense Pan Am, mientras realizaban maniobras de despegue.

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Las investigaciones esclarecieron que la causa principal del accidente fue el fallo humano del comandante de la KLM que inició el despegue sin la autorización de la torre de control por un error en las comunicaciones.

El piloto no respetó la orden de “standby for take-off” (espere para despegar) y tampoco interrumpió el despegue cuando le comunicaron que el avión de Pan Am seguía en la pista.

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A esto se unió la baja visibilidad por niebla de la pista de despegue, la falta de un sistema eficiente de iluminación, la inexistencia de un radar de superficie y la congestión del aeropuerto, al que se desviaron otros vuelos por un ataque terrorista en otro aeropuerto de una isla cercana.

Aunque Antonio Rueda se retiró hace más de 25 años, sigue sin olvidar aquel domingo de 1977 en el que tuvo que racionar los dos únicos carretes que llevaba.

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La primera instantánea que sacó -y que luego dio la vuelta al mundo-, fue la de un miembro de Cruz Roja recogiendo en una camilla a un hombre que gritaba de dolor, asegura Rueda, quien prefiere no recordar los sollozos de las víctimas desde el interior de los aviones, porque le siguen doliendo, 40 años después.

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Según explicó Robert Bragg, copiloto de la aeronave siniestrada de Pan Am, en su blog hace unos años, “el impacto fue muy ligero, fue tan leve que parecía imposible”.

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Sin embargo, cuando abrió los ojos pudo ver cómo el avión de KLM se estrellaba contra el suelo y se incendiaba, acabando con la vida de sus 248 ocupantes.

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En el caso del Boeing del Pan Am, cerca de 70 personas -de sus 396 ocupantes- lograron escapar de las llamas, aunque algunos fallecieron poco después en el hospital.

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Desde que se produjo el accidente, los cambios en la seguridad aérea han sido “brutales”, según afirma el secretario de Formación del sindicato de Controladores Aéreos español (USCA), José Puga, que apunta a las nuevas tecnologías y a la mejora de las comunicaciones como los principales avances.

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En la actualidad, por ejemplo, ya no se puede utilizar el termino “take-off” (despegue) para varias órdenes como se hacía antes, sino exclusivamente para el momento en el que se recibe la autorización de despegar.

Según varios expertos, el accidente se habría evitado con los sistemas de comunicación actuales, que permiten que las comunicaciones entre piloto y controlador aparezcan por escrito en la pantalla.

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