Probablemente un número importante de mujeres que se adhirieron a la movilización convocada por el 8M no saben que varias de las causas por las que marchan, de implementarse, implicarían un retroceso para los espacios de libertad y de oportunidades que se han abierto para las mujeres chilenas en nuestro país.

Supongamos que como mujer te dan a elegir vivir en un país tipo A o en un país tipo B. En el tipo A la participación de la mujer en la fuerza de trabajo es de un 44,6% en promedio, sólo el 13,3% de las mujeres están ocupadas en trabajos vulnerables (generalmente asociados a trabajos sin contrato, sin prestaciones previsionales y trabajando en condiciones no deseables) y un 42,5% declara haber recibido un sueldo durante el año pasado. En el país tipo B la participación de la mujer en la fuerza de trabajo en promedio es de un 23,5%; un 37,8% trabajan en condiciones vulnerables y solo un 13,7% obtuvo un sueldo durante el año anterior. 

¿En que país eliges vivir? Yo al menos no me pierdo y opto por el país A.

Pero ¿que otra diferencia hay entre los países A y B?

Los países tipo A corresponden a países que gozan de un alto grado de libertad económica mientras que los países tipo B corresponden a países con libertades económica restringidas. Así, la realidad internacional nos recuerda que las mujeres que viven en países con mayores niveles de libertad económica cuentan con más y mejores oportunidades económicas, niveles más altos de educación y salud, así como también mayor independencia financiera en comparación con mujeres que viven en países con menores niveles de libertad económica.

Resulta lamentable que una temática que debiera ser planteada desde una perspectiva transversal en lo político -y con ello concitar un apoyo amplio- termine siendo capturada por sectores cuya agenda va mucho más allá de la agenda propia de la mujer.

Nadie podría restarse a una causa que busca la no discriminación de la mujer, la igualdad de oportunidades en todas las áreas entre el hombre y la mujer, contraria a la violencia y el acoso. Pero cuando esto se mezcla con agendas contrarias, por ejemplo a la libertad económica, la “supuesta” lucha por aumentar la libertad de las mujeres termina por lograr precisamente lo contrario: cerrar espacios de libertad y de oportunidades.  

Hoy en Chile la tasa de participación laboral de la mujer es casi de un 50% (aumentó entre el año 1990 y el 2015 desde un 32,5% a un 47,4%). Si bien se mantiene una diferencia importante en estos indicadores al compararse con la tasa para los hombres (se ha mantenido estable en igual período en torno al 70%), resulta indiscutible que lo anterior refleja que se han abierto mayores oportunidades para las mujeres en nuestro país y con ello incrementado la libertad de acceder a trabajos remunerados.

En la misma línea, si bien se mantiene una brecha salarial en relación a los ingresos brutos que reciben hombres y mujeres en su conjunto, ésta se ha reducido desde un 35,2% el año 1990 a un 18,1% para el año 2017, de acuerdo a un estudio realizado por el Centro de Estudios Públicos. 

Lamentablemente para nuestro país no existen estudios para hacer una comparación mas fina entre los salarios de hombres y mujeres que permitan analizar sueldos al interior de una misma empresa en cargos de trabajo y responsabilidad equivalente. Por ejemplo, de acuerdo a un estudio elaborado por la consultora Korn Ferry para países como Gran Bretaña, Alemania y Francia, mientras que los números gruesos muestran una brecha salarial superior a un 15%, cuando se analizan los números en un mayor detalle ésta cae a valores por debajo del 3%.

Hoy una agenda que realmente tenga a la mujer en su foco debe promover desde la regulación las mismas libertades que las de los hombres. Y si a partir de las elecciones particulares que cada uno hace en el ejercicio de su libertad, en términos globales los resultados son dispares, ello no debe interpretarse como una restricción a nuestras libertades, a la capacidad de desarrollo o bien a factores de discriminación. Sino que precisamente a lo más preciado: el ejercicio de la libertad.

/Escrito por Bettina Horts para La Tercera