En las películas y series ambientadas en institutos de Estados Unidos de hace un par de décadas se solía escuchar aquel chascarrillo -machista, por lo pronto- que afirmaba que, con las mujeres, hay una primera base -los labios-, una segunda -las tetas- y una tercera -la vagina-. Así que el sexo anal podría considerarse la cuarta base o, directamente, el más allá.

 Lo que no está tan claro es si, en estos tiempos tan aparentemente modernos, hasta ese tabú está superado y si se comienza a adentrar en las relaciones con normalidad. Pues no tanto. Cuenta el sexólogo Ignasi Puig Rodas, especializado en sexualidades alternativas, que «no es una práctica común entre los españoles», entendiendo como españoles la población general, y no aquellos colectivos más cercanos a un sexo más kinky.

«Ayuso y García elaboraron un recopilatorio de las encuestas del CIS y del INE y los practicantes del sexo anal no llegaban al 5% de la población española. La práctica aumenta en algunos colectivos, yo mismo hice una encuesta entre la población que practica BDSM en España y el resultado fue que un 46,74% lo había practicado, de forma pasiva, en el último año; el 38,9% lo hizo de forma activa y sobra decir que, entre el colectivo de hombres que tienen sexo con otros hombres su ejecución es también común», señala.

Que el sexo anal se restringe a los hombres homosexuales es, de hecho, el primer prejuicio histórico en relación a esta práctica. Otras consideraciones habituales son que el sexo tiene únicamente una función reproductiva, creencia que anula el sexo anal, o bien que será sucio y doloroso.

Más todavía: admite Puig Rodas que «el porno ha generado un halo romántico alrededor del sexo anal practicado entre hombre y mujer siendo el hombre activo», pero desmiente todos los estereotipos: «Hay hombres que disfrutan siendo penetrados sin ser homosexuales, hay mujeres que desean penetrar y la presunción de que todo hombre gay disfruta del sexo anal no es cierta».

Lo que sí es verdad es que en España se practica. Analiza la también sexóloga Patricia Díaz Saco que «el coito anal es una práctica bastante común en el repertorio erótico» en el entorno en el que esta profesional realiza su actividad. «Debemos tener en cuenta que quizá no sea una muestra representativa de la población, pero sí vemos las estadísticas, se observa que su práctica aumenta y es disfrutada por muchas personas».

 Si hace tiempo que le ronda la idea, atento a las recomendaciones de los expertos. Dice Puig Rodas que «no hay que comenzar con un pene» sino con «dildos de diámetro menor» -«si quien introduce tampoco lo ha hecho nunca, no está mal que pruebe lo que se siente siendo penetrado», llega a afirmar-.

Y Díaz Saco desmonta otros lugares comunes: «Resulta esencial una buena higiene, pero una ducha es más que suficiente, no hacen falta ni lavativas ni enemas pero sí un buen lubricante, ¡y bastante cantidad!, y hay que estimular la zona poco a poco, con la lengua, con los dedos… Y, antes de todo esto, una buena comunicación entre las personas».

Asumido ya que «el sexo anal no tiene nada que ver con la orientación sexual sino con los gustos sexuales», como destaca Díaz Saco, sólo queda una cosa por matizar antes de acometer el plan: nuestros sexólogos lo recuerdan, «mediante esta práctica se pueden transmitir infecciones por lo que es necesario el uso del preservativo».

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