A raíz de la venida a Chile de Bolsonaro y de las reacciones que ha generado en la izquierda, conversaba con algunos parroquianos sobre mi experiencia de haber vivido un tiempo no menor en Brasil por allá por la década de los 70, y de como ella me había permitido formarme, no digo un conocimiento acabado, pero sí una idea de ese país y de su gente.

Eran los tiempos de “Brasil, o mais grande do mundo”; del compositor Vinicius de Moraes y su famosa “Garota do Ipanema”; de Pelé, la copa Jules Rimet y el tricampeonato del futbol mundial; eran tiempos estimulados por el “Orden y Progreso”, como reza su escudo nacional.

Lo que vino después, y que de pronto se nos olvida, explica por qué el 2018, en una elección libre secreta e informada donde participaron 147 millones de brasileros, eligieron a Jair Bolsonaro (un ex militar) para que los sacara del espiral de descomposición y de desgobierno en que habían caído.

La corrupción, la inseguridad, la violencia, el caso Lava Jato, Odebrecht, y otra serie de escándalos terminaron con los expresidentes Lula da Silva en la cárcel, Dilma Rousseff destituida y Michel Temer detenido… Para qué seguir si lo concreto es que los brasileros se hastiaron con la clase política, se aburrieron de ver pasar el tren del progreso en otros países del continente mientras ellos se quedaban en el andén mirando avergonzados cómo perdían el protagonismo que históricamente habían tenido.

Por eso eligieron a Bolsonaro, para que pusiera la máquina a andar en “Orden y Progreso” y expulsara a los viejos políticos que solo pensaban en llenarse “el buche y los bolsillos”. Nada más consecuente con un Brasil que tiene vocación de grandeza y con una nación que siente un profundo orgullo por su historia y sus símbolos patrios.

En ese contexto mis contertulios comentaron con muchos datos la visita del presidente Bolsonaro y sus efectos futuros. Con sus más de 200 millones de habitantes, Brasil es el 5º país más grande del mundo, con un Producto Geográfico Bruto (PGB) enorme. Además de tener una tremenda potencialidad, es el primer socio comercial de Chile en América Latina y el principal receptor de la inversión directa de nuestro país en el exterior; y lo más importante, es un destino clave para las Pymes nacionales.

No se explican entonces las inmaduras y poco democráticas reacciones de la oposición que, con el ánimo de hacerle un desaire a Bolsonaro, de paso han ofendido gratuitamente a todo el pueblo brasilero, históricamente cercano a nuestro país.

Que lo haga Florcita Motuda, la diputada Jiles o que la Diputada Orsini -muy dada a mostrar sus atributos físicos sin ningún pudor- reclame porque el almuerzo es con vestido corto daría lo mismo, no se puede esperar mucho más de estos personajes; pero resulta vergonzoso que a ello se sume el Presidente del Senado Sr. Quintana, el Presidente de la Cámara Sr. Iván Flores, y otros políticos que se dicen demócratas y que después se preguntan… ¿porque la comunidad siente un profundo desprecio por la clase política?

Nuestra semanal tertulia terminó cuando uno de los parroquianos preguntó… ¿ustedes creen que el Presidente Bolsonaro está muy preocupado porque los “honorables” Quintana y Flores no asisten al almuerzo…? ¡La risotada no se dejó esperar!

Cristián Labbé Galilea