No tenemos un gobierno, tenemos un espectáculo, y el espectáculo debe continuar. Porque sí, efectivamente, hay un programa de gobierno, el real, que dice: “Sebastián Piñera debe estar siempre en el centro de la escena”. Ése es todo el programa. Esta semana se está cumpliendo mediante sus entrevistas con los presidentes de los partidos opositores, que están y estarán por sucesivos días en el centro de la escena. Escenificaciones absolutamente innecesarias, por supuesto, pues todo lo que tienen que hablar puede ser por teléfono, pero no se trata de eso: se trata de ocupar las primeras planas de los diarios, los noticieros de las radios y de la televisión y atraer a twitter. El espectáculo debe continuar y el programa debe cumplirse.

¿Y el país? El país funciona solo, con o sin reforma tributaria, con o sin reforma laboral, con o sin reforma previsional, con o sin presidente, congreso y tribunales. Porque el ingenio humano es infinito y se llama mercado. Los políticos discurrieron una reforma tributaria y una reforma laboral que desalentaron la inversión y decayeron muchas actividades, pero el ingenio humano libre, por su parte, discurrió úber, cabify, spotify, airbnb y muchas otras cosas y entonces la gente, centenares de miles de personas, trabajaron en eso al margen de regulaciones y burocracia y el crecimiento existió (más bajo, pero existió) y el desempleo aumentó menos gracias a eso… hasta que  los políticos les metan mano a úber, cabify, spotify, airbnb y demás iniciativas y los llenen de regulaciones e impuestos y entonces el ingenio humano discurrirá otras cosas útiles y productivas qué crear al margen de las regulaciones, los impuestos y los políticos.

Claro que en Chile nunca más va a haber un Costanera Center, concebido bajo Pinochet y Büchi con impuesto a las empresas de 10 % y no de 27 % y con la legislación sindical de José Piñera y no la de Bachelet y Sebastián, sin el mar actual de regulaciones burocráticas. Eran otros tiempos y ni siquiera había delincuencia, pues con la detención por sospechas los que tenían órdenes de aprehensión eran apresados y no andaban libres como ahora. Es cierto que había terrorismo comunista, pero los comunistas eran combatidos y perdieron esa guerra, aunque quienes los derrotaron hoy son Presos Políticos Militares y los guerrilleros y sus sucesores mandan en todo y están llenos de plata. Tampoco había conflicto en la Araucanía y la policía entraba y salía de Temucuicui, lo que hoy no se puede, ni siquiera para entregar la publicitada carta de Piñera al padre de Catrillanca.

Hoy, en medio de la jungla de controles, inspecciones y permisos que han hecho mandarse cambiar a la industria de containers de Maersk, al terminal portuario de los australianos y a numerosas empresas que cierran, culminando con Calzado Guante, que tras existir 90 años ya no puede competir con los chinos comunistas pero no tontos, que imponen mucho menos trabas tributarias, sindicales y laborales a los empresarios y por tanto fabrican calzado más barato.

Entonces el programa se cumple al pie de la letra, es decir, salen hasta el cansancio Piñera en primera plana con los presidentes de los partidos hasta que no haya más presidentes opositores y ahí se discurrirá otra cosa donde él pueda figurar en primer plano, aunque ojalá no tan equivocada como el intento de protagonizar junto a Paul McCartney el espectáculo en el Estadio Nacional, que generó la gigantesca silbatina al nombrarse al que se cree dios y que parece que en realidad lo es, pues está en todas partes y nadie lo puede ver.

Después de esa desagradable experiencia sus asesores le aconsejan evitar la “sobreexposición”, sin darse cuenta de que la sobreexposición es su vida, pues, como decía Wilde, cuando uno se enamora de sí mismo suele iniciar un idilio que dura toda la vida.

Pero el país real puede soportar ese costo y más. Ahora discuten cómo financiar 800 millones de dólares anuales de rebaja tributaria por la reintegración de los impuestos, cuando el país ha podido perfectamente financiar por años un subsidio equivalente a eso para la izquierda revolucionaria y terrorista, pues sólo los cien mil falsos exonerados cuestan por lo bajo 400 millones de dólares anuales, más otro tanto que cuesta el subsidio a la extrema izquierda desde que Aylwin y con votos hasta de derecha les consagró a los extremistas pensiones y beneficios, a los que, a su vez, Lagos añadió las pensiones a todos los 30 mil que alguna vez tuvieron que declarar por sospechas de terrorismo y que se declararon “torturados”, todo lo cual suma otros 400 millones de dólares anuales por lo bajo.

¿Tiempos mejores? Para Piñera y la extrema izquierda sí, por supuesto. No para el resto ni menos para los Presos Políticos Militares ni para el general Orozco, nonagenario y con alzheimer a quien una querella de Piñera y su carnal Ubilla mandaron a la cárcel por un delito inexistente. Éste, aun de haber existido, estaría amnistiado y prescrito, pues fue supuestamente cometido en 1973.

Pero Piñera y los jueces están de acuerdo en que para los militares las leyes no rigen. El resto del país no dice ni pío. El escandaloso caso Frei está ahí y sólo José Piñera se ha atrevido a denunciar la “Hoguera de los Inocentes” que allí están siendo calcinados por los jueces prevaricadores.

Los chilenos podemos vivir con todo esto y mucho más, pues con tal de no ser Chilezuela votaron (no yo) mayoritariamente por Piñera en 2017, aunque no lo puedan ver. Entonces ahora, con su pan se lo coman.

/Por Hermógenes Pérez de Arce