Hace unos días tomando un café con un amigo, buen observador de las paradojas, concluimos sobre la inmovilidad, la suma cero, que tiene cualquier debate sobre fútbol. En especial cuando los “actores”, esto es, futbolistas, entrenadores y dirigentes, están involucrados en el debate. Y la suma cero se transforma en inmovilidad total cuando se trata de analizar a los jugadores.

Ejemplo, el caso de Valdivia en la Selección. La frase todoterreno es “si bien Valdivia no juega en una liga competitiva, tiene el talento suficiente para desequilibrar en cualquier momento”. Ahora, ese “cualquier momento” ¿se refiere a cualquier rival o cualquier partido también? Si le preguntan a Pizzi, la respuesta es “sin dudas”. Si le preguntas a cualquier entrenador o futbolista, la respuesta es la misma: “Valdivia siempre tiene que estar”. Es una consigna.

Lo mismo para Esteban Paredes: “En cualquier momento la emboca”. Se suma Eduardo Vargas: “No se puede descartar un jugador que hace tantos goles”. Claro, a veces no la emboca Paredes y Vargas no hace tantos goles, o no hace ninguno, o, como ocurrió contra Argentina, ni siquiera toca la pelota. Pero, ya sabemos, en cualquier momento lo puede hacer. Por lo tanto, el análisis es inútil, siempre está la posibilidad de que ocurra o que no ocurra, imposible descartarlo.

Con Juan Antonio Pizzi este absoluto es más extendido aún. En la conferencia de prensa de ayer no descartaba a ningún jugador para la selección, esto incluye a “todos” los que no fueron llamados, pero “pueden ser llamados”. No sé si podemos sumar a los retirados, por ahí hay alguno que puede estar. No hay que descartar nada. Porque no hay rival chico, todos los partidos son difíciles, en la cancha son once contra once.

Columna de Juan Cristóbal Guarello para el diario La Tercera

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