Soy de otra generación, una que se tardó demasiado en ver a Chile campeón de algo. Y dos veces consecutivas, ganándole en ambas finales al mejor futbolista del mundo en cancha.

Soy de otra generación, la que ni soñaba con jugar siquiera una Copa Confederaciones. Ese era un torneo reservado para otros.

Soy de otra generación, esa que cuando Chile jugaba contra Alemania, Italia, Brasil u otra potencia, calculaba los goles en contra y rezaba para que no fueran tantos.

Soy de otra generación. Una que admiraba a futbolistas extranjeros porque los locales muchas veces no salían a jugar afuera.

Soy de otra generación. Una que nació con uniformados en el poder. Me enseñaron a tenerle miedo a los Carabineros y lo lograron. Les temo.

Soy de otra generación. Una que creció sabiendo que fuera de Chile conocían a nuestro país por Allende, Pinochet y Neruda. Por nadie más.

Soy de otra generación. Una donde los ídolos perdían penales y se cortaban la ceja en vez de ganar las finales.

Soy de otra generación. Una que creció con líderes de opinión que repetían mil veces que no se podía, que era imposible, que era una quimera, soñar con ser campeón del mundo. Que todos los rivales eran mejores.

Soy de otra generación. Una que quedó conforme con el partido contra Australia, porque se cumplió el objetivo. Mis hijos están molestos. Vieron el partido y no les gustó la actuación de Chile.

Soy de otra generación. Una que ve a Cristiano Ronaldo como un monstruo de mil cabezas. Arturo Vidal, en cambio, dice que el cuco no existe.

Soy de otra generación. Una sin cable, sin internet, sin netflix, sin teléfono celular. Prefiero mil veces a mis hijos conectados con el mundo y el conocimiento.

Soy de otra generación. Una donde era extraño ver a gente de raza negra en las calles. Hoy es normal, cotidiano, saludable.

Soy de otra generación, donde irse a estudiar fuera de Chile era imposible. Aprender idiomas nos costaba tres décadas, como a mí.

Soy de otra generación donde no había elecciones y la gente no salía de noche, pues quizás no regresaban a sus casas.

A mí me gusta esta generación que viene haciendo ruido hace más de una década. Y no hablo solo de fútbol. Hablo también del ciudadano exigente y empoderado. Una generación que crece con victorias, que admira a ídolos chilenos, que ve vueltas olípicas, que se interesa por la forma y el fondo. Una generación que no le gusta perder. Una generación con ganas de ganar.

A mí me gusta que a muchos no les haya agradado como jugó Chile ante Australia, no por descalificar, sino porque creen que el equipo puede rendir mucho más.

A mí me gusta que los que entran a la cancha no le tengan miedo a Cristiano Ronaldo. Porque yo le tengo terror.

Soy de otra generación. Prefiero esta. La de Alexis, Vidal, Bravo, Medel, Díaz, Isla, Beausejour. La de mis hijos. Ellos van a cambiar el mundo. En serio. Nosotros no.

 

PD. Estudié en colegios con educación pública, gratuita y de calidad. Definitivamente soy de otra generación

Columna de Cristián Arcos para As.com

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