Cuando ayer en la tarde el diputado independiente Fernando Meza argumentó en la comisión a favor de la acusación constitucional contra del ministro del Interior, Víctor Pérez, se hizo realidad lo que hace días se temía en La Moneda: que difícilmente hoy martes, cuando se vote el libelo en la Sala, van a contar con el grueso de ese grupo de parlamentarios de oposición a los que siempre recurre el Gobierno para pirquinear votos en el Congreso y romper la mayoría opositora. Es más, en Palacio tratan de no dar por perdida la posibilidad de que Pérez se salve y no quede suspendido de sus funciones a partir de ese día, pero desde ya están concentrando esfuerzos en la estrategia en el Senado.

En La Moneda reconocieron que el escenario cambió radicalmente, y se puso adverso para el ministro Pérez, desde el autogol que implicó jugar la carta de lavarse las manos de la responsabilidad que le compete sobre Carabineros bajo el Estado de Emergencia y “cargarle el bulto” a su par de Defensa, Mario Desbordes. Fue tal el nivel de críticas ante lo rebuscado del argumento, que a los pocos días la defensa tuvo que recular y optó por no insistir en ese camino.

Pero la errática maniobra –agregaron en el Gobierno– no solo fue “un dulce” para la oposición, ya que le dio nuevos bríos a la acusación y terminó de convencer a muchos indecisos, sino que además generó un conflicto no menor en el seno de Palacio, al que han tratado de bajarle el perfil sin demasiado éxito.

La fuerte reprimenda que recibió el ministro Pérez de parte del Presidente, Sebastián Piñera, debido a que desplegó dicha línea de defensa de manera inconsulta, describe a la perfección el estado de ánimo al interior de La Moneda: hay algunos optimistas de que a última hora el escenario se revierta favorablemente el martes, pero muchos más desesperanzados por el destino que, vislumbran, tendrá la acusación en el Congreso. La desazón pasa más allá de la figura de Pérez en sí, pues aquel error que cometió el ministro dejó en jaque el diseño que instaló el Mandatario con el último cambio de gabinete y con el que pensaba que podía llegar hasta el último día de gestión.

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