La científica, investigadora postdoctoral del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, se ha convertido en uno de los iconos más relevantes de la ciencia mundial. Con un doctorado en ingeniería del MIT es una de las piezas fundamentales del equipo del Event Horizon Telescope.
Katie Bouman no tiene Twitter, pero, si lo tuviera, probablemente su perfil estaría explotando con la cantidad de menciones y mensajes que le estarían llegando. Ayer, el día que por primera vez el mundo conoció la imagen de un agujero negro, la segunda foto más compartida en redes sociales – después de la del agujero- fue la de ella: la de la ingeniera eléctrica que había desarrollado el algoritmo capaz de unir y reconstruir todas las diminutas piezas de información que armaron la primera imagen real de un agujero negro.

 

Bouman, ahora de 29 años, empezó a trabajar en el famoso algoritmo desde hace seis años, tras terminar su doctorado con un grupo de investigación de visión por computadores en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Motivada más por la idea de reconstruir imágenes que por la misma astronomía, casi que se coló a la reunión donde Shep Doeleman, el astrónomo de la Universidad de Harvard que dirige el proyecto del “Event Horizon Telescope”, encargado de crear la primera imagen del agujero negro, habló de esta misión por primera vez.

“No tenía ni idea de qué estaba hablando, pero cuando salí de la reunión supe que esto era algo en lo que quería trabajar”, explicó la ingeniera en una entrevista que le hizo The Washington Post. Y desde el Centro de astrofísica Harvard – Smithsonian, ella se convirtió en la persona capaz de desarrollar el algoritmo que todos creían imposible lograr.

Para entender el rol que Bouman cumplió para obtener la imagen que ayer nos dejó sin aliento, quizá no hay nadie mejor que ella para explicarlo. En una charla Ted que dio en el 2016, cuando tenía 26 años, Bauman explica su trabajo. Lo hace de una forma emocionante: haciendo matemáticas con naranjas, equiparando al planeta Tierra a una bola de disco y citando a Mick Jagger, lo que hace de Bauman un fenómeno aún más fascinante. Una científica que se siente cercana.

Con emoción en sus palabras, empieza explicando lo que quizá ya suena repetitivo hoy, tras todo el alboroto. Que, desde hace 100 años, cuando Albert Einsten publicó por vez primera la teoría de la relatividad, son varios los aspectos que se han podido ver y demostrar sobre esta suposición. Pero hasta el momento, a parte de la ciencia ficción y las interpretaciones artísticas, poder demostrar la existencia, la “tangibilidad” de un agujero negro, no había sido posible.

Los científicos sabían, o sospechaban, que había un agujero negro en la galaxia Messier 87, a 55 millones de años luz de la Tierra, no porque lo vieran, sino porque la forma como se movían una serie de estrellas en esa zona indicaba que allí podía haber un objeto tan denso como para “tragárselo todo”, incluso la luz.

En otras palabras, para capturar una imagen del agujero negro, se tendría que construir un telescopio del mismo tamaño que la Tierra. Pero la ciencia, afortunadamente, es recursiva, por lo que, alrededor del mundo ocho telescopios se unieron para acumular fuerzas. Y en este punto es cuando se hace importante pensar en la Tierra como si fuera una bola de disco.

“Cada telescopio es como uno de los espejos de esa bola de disco, capaz de recolectar luz. Pero como solo tenemos ocho telescopios, es como si solo tuviéramos ocho espejos”, narra. Lo que ella hizo, entonces, fue diseñar un algoritmo capaz de llenar esos vacíos alrededor de la “bola” para interpretar y reconstruir lo más fielmente posible la imagen del agujero negro.

Claro, hacerlo, implicó juntar miles de piezas: de imágenes de recreaciones o simulaciones de agujeros negros, de fotos astronómicas reales y de fotos cotidianas, de “perros o gatos”, de la vida real. Una montaña de información que condensó en 5 petabytes de datos.

Un fenómeno de la ciencia

Ayer fue un día histórico para la ciencia, pero no solo porque se obtuvo la primera imagen de un agujero negro. Lo fue porque ayer también nació la imagen pública de una mujer que tiene todas las cualidades para convertirse en un icono. Porque, así como sucede con celebridades que “rompen el internet” cuando comparten una foto, da la sensación que la doctora Katie Bouman también logró lo mismo, pero desde la ciencia y desde la ingeniería. Puso al mundo hablar sobre ella con casi la misma pasión con la que se habló del primer agujero negro.

Su foto fue compartida al lado y a la par de la de Margaret Hamilton, la científica computacional que creó el software que le permitió a Apollo 11, y al hombre, llegar a la Luna. La primera tiene 29 años, la segunda, en ese entonces, tenían 31. Mientras Bouman muestra orgullosa sus “discos” con 5 cinco petabytes de datos, Hamilton sale junto a una pila de libros que casi alcanza su estatura y donde está toda su información. Un retrato fue tomado en el 2019 y otro en 1969.

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 Ayer el mundo conoció dos fenómenos espectaculares: el de la primera imagen de un agujero negro y el de esta ingeniera que nos muestra que la ciencia no es ajena. Que una vez más, y 50 años después, nos recuerda la importancia de las mujeres en la ciencia.
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