Es viernes 12 de abril. Amaneció nublado, pero ya empieza a despejar. La vocera de gobierno desayuna medialunas y un café. Sabe que desde su mundo político comenzó a gestarse una subterránea crítica por el rol del comité político, del cual ella es parte. Sabe también que muchos están presionando por un cambio de gabinete.

 Pero Cecilia Pérez no mira bucólicamente por la ventana. Dice que tiene más rayas que un tigre y se declara “curada de espanto” frente a los cuestionamientos que surgen de su coalición. Asegura que no se siente eclipsada por el protagonismo que ha desplegado Piñera en el último mes. “Él es el líder de nuestro gobierno”, afirma.

Ministra, el gobierno bajó 10 puntos en las encuestas y hay duras críticas al comité político. ¿Qué está pasando aquí en La Moneda?

Históricamente, en todos los gobiernos han existido problemas al interior de los comités políticos. Muchos de los que hoy día opinan, lo hacen bajo esa premisa. Pero no se dan cuenta de que nosotros somos un equipo. Nos conocemos desde el primer gobierno y luego trabajamos cuatro años con el Presidente Sebastián Piñera en su fundación. Aquí, cada uno cumple un rol y seguimos teniendo claro quién es nuestro líder.

Se critica, por ejemplo, que el ministro Chadwick no haya estado negociando la reforma tributaria…

Se crítica que el ministro del Interior no haya estado en la foto, pero él fue clave en los acuerdos de modernización tributaria que se alcanzaron en conjunto con los ministros Felipe Larraín y Gonzalo Blumel.

¿Y en su caso? Se sostiene que el verdadero vocero está siendo Piñera y que esa estrategia la opaca a usted y lo expone a él.

Es una crítica muy injusta. El líder de nuestro gobierno es el Presidente y, por lo tanto, él es nuestro mejor vocero.

El hecho de tener un Presidente con una personalidad tan expansiva ¿no ha nublado su rol?

Para nada. Los chilenos eligieron a un Presidente y sabían cuáles eran sus atributos. Lo valoran por ser ejecutivo, gestor, un líder que maneja todos los temas y que tiene clarísimo para dónde quiere llevar a su gobierno para que a Chile le vaya bien.

¿Y a usted no la deja sin rol?

Yo sigo en mi rol de vocera, que es mucho más grande. También es coordinar las comunicaciones del gobierno y visibilizar la participación ciudadana. Entonces, ante tu pregunta, la respuesta es que no me siento debilitada ni invisibilizada con esas críticas que hacen. Me siento muy apoyada, agradecida y comprometida con el líder con el que he trabajado los últimos años de mi vida.

Críticas mezquinas

Los presidentes requieren descansar en sus ministros. Se dice que no lo están cuidando en su sobreexposición.

Es una crítica mezquina. Es no querer ver el vaso lleno. A un año de gobierno, se ha vuelto a recuperar el diálogo; tuvimos cinco mesas de trabajo con acuerdos nacionales en temas como migración, niños, el fortalecimiento de los derechos de la mujer. Chile ha vuelto a crecer y, por primera vez, un gobierno se preocupa de la clase media que nunca ha tenido ni al Estado ni al mercado. Te lo digo con conocimiento de causa. Yo soy hija de la clase media. Entonces, cuando dicen: “El Presidente sale mucho”, yo les digo: juzguemos los resultados.

Los resultados también los mide la ciudadanía y aumentó la desaprobación. ¿Hay algo que escuchar ahí?

A nosotros nunca nos ha tocado fácil gobernar. En el primer gobierno fue el terremoto. En este segundo gobierno, un tremendo deterioro de la economía interna y externa. ¿Y sabes cuál es la diferencia? Que nosotros nos hacemos cargo de los problemas. No nos quedamos solo en el diagnóstico y estamos avanzando en educación, seguridad ciudadana, adultos mayores, clase media.

Claro, pero la última encuesta Criteria muestra que la gente cree que el gobierno está gobernando para unos pocos…

Bueno, por lo que te decía, la ciudadanía es muy exigente y para nosotros eso no es un pesar, sino una motivación. A mí me llama la atención que nadie diga nada de que la Nueva Mayoría es la coalición peor evaluada y que luego está el Frente Amplio. La coalición mejor evaluada es la nuestra. Entonces, miramos las encuestas para un solo lado. O sea, los comentaristas son aquellos que hoy día casi no existen en las encuestas. Por favor.

Usted está en la política hace un rato largo…

Desde los 19 años.

Sabe que los presidentes gobiernan bien mientras tengan las encuestas a su favor, si no empiezan a debilitarse. Ese riesgo lo advierten en su sector…

Es que ese no es un diagnóstico real. El Presidente Piñera no solo tiene el derecho, sino que el deber de ser el primer promotor de su gobierno. Los ministros trabajamos para cumplir con su mandato. Entonces, esas teorías, que vienen de unos pocos, de nuestro mismo sector político, el famoso fuego amigo que no tiene cara, porque se esconde en el off the record… Ese es el que, sin duda, hace más daño. Uno está dispuesto a enfrentar al adversario, a la oposición. Pero cuando estas voces empiezan a inventar teorías, a inventar que no hay relato o insistir en que hay que hacer cambios de gabinete, nos hacen daño.

¿Y usted se ha sentido víctima de ese fuego amigo?

A mí nunca me ha gustado la palabra víctima.

Me refiero a si se siente afectada por el fuego amigo…

Llevo más de la mitad de mi vida en política y tengo hartas rayas en el cuerpo, como un tigre. Las críticas de los que siempre han criticado, las dejo pasar. No me afectan. Además, esas mínimas voces que hacen mucho ruido y que son las dañinas, son cada vez más aisladas.

¿No la debilita políticamente?

No. Yo estoy curada de espanto. También lo he visto en otros amigos ministros. Es parte de la política. Pero los que peor quedan, son los emisarios del fuego amigo, porque finalmente todo se termina sabiendo. La verdad, yo me siento respaldada por mi partido (RN) y por quien me puso en este cargo, que es el Presidente Piñera.

Es fuerte su lazo con el Presidente…

Yo no era ni soy amiga del Presidente, pero lo quiero profundamente, porque me ha dado un montón de oportunidades. Nunca pensé que iba a estar de intendenta, menos imaginé que iba a ser ministra. Él me convocó.

Y no era parte de su mundo…

Absolutamente. Y cuando se hablaba del gobierno de los mejores, lo que él hizo fue darle la oportunidad a una mujer que ha desarrollado su vida entre San Miguel y La Florida, que estudió en una universidad privada, que sus papás, mis papás, se sacaron la mugre para que sus hijos fuéramos la primera generación de profesionales de la familia.

Eso era usted en el primer gobierno: el rostro de la clase media, del mérito. ¿No siente que eso se ha desdibujado un poco?

Uno no se puede separar de su esencia. Yo soy lo que he sido siempre. Nunca he cambiado ni he renegado de mis orígenes, como les pasa a muchos. Ahora, al estar nuevamente en el gobierno, uno tiene más experiencia y sabe que todos somos voceros, que todos articulamos políticamente. Esa es la virtud que tiene este comité político. Nos ayudamos entre todos.

¿No habrá un problema comunicacional o falta de relato?

El relato no es un tema discursivo. Cuando escucho las críticas de que falta relato, yo digo: “Qué mayor relato es tener un Presidente, un gobierno, preocupado de la clase media? ¿De los niños de nuestro país? Lo que pasa es que cuando no tienes nada más que criticar, dicen: ¿No será un problema comunicacional?”. En el mundo político todos se creen entrenadores y dan instrucciones. Cada cual cree tener la mejor fórmula. Pero finalmente el que toma las decisiones es el entrenador.

Ministra, hoy aparece más dura y confrontacional. ¿Hay una decisión en el sentido de ser más ruda como vocera?

Cuando escucho eso me mato de la risa. En el primer gobierno me decían lo mismo, que era muy ruda. De hecho, tuve descalificaciones de parte de parlamentarios de la oposición. Uno por ahí me llegó a tratar de imbécil. Y tuvo que salir el Partido Socialista a pedir disculpas. Lo que sucede es cuando te ven con coraje, te ven defendiendo con valentía las convicciones de nuestro gobierno, te dicen que eres ruda. Pero ¿uno es dura por decir las cosas de frente? Yo creo que el amarillismo no sirve. Hay que decir claramente lo que está pasando. Ese es mi rol y que los chilenos juzguen.

Llamó la atención que haya contado que se iba a operar. ¿No le dio miedo sentirse expuesta, mostrar una cierta fragilidad? Porque así son vistas las enfermedades en Chile.

Sin duda, tú lo dices, el enfermarse para muchos es sinónimo de fragilidad. Y quienes tenemos un rol público también nos enfermamos. Y yo creo, a la par de esta ciudadanía exigente, que la transparencia cada vez es más necesaria. Y mi enfermedad no es ni más ni menos que la que han tenido miles de mujeres en nuestro país.

¿Qué tuvo?

Tuve una intervención ginecológica, como han tenido miles de mujeres en nuestro país, y que gracias a Dios fue diagnosticada y tratada a tiempo. Hoy estoy médicamente sana.

¿Será que ese episodio dio espacio a los rumores de que estaba en un momento más débil?

Si hubo algo de eso, se equivocaron en la forma y en el fondo. Quiere decir que no entienden lo que viven miles de mujeres en nuestro país. Mujeres que se sacan la mugre, que enfrentan una enfermedad con coraje. Que se operan, como me operé yo, que vuelven a trabajar con la misma fuerza y con la misma pasión. Yo lo único que puedo sacar como experiencia es que es muy importante que las mujeres se hagan sus exámenes a tiempo.

¿Usted no lo había hecho?

No, me dejé estar. Ojalá que las mujeres que están leyendo esta entrevista y tienen miedo a hacerse los exámenes ginecológicos, se los hagan. Llegar a tiempo es lo importante.

¿No pensó en renunciar? Se rumoreó que estaba pidiendo salir del gobierno.

Eso es mentira. Jamás se me ha pasado por la cabeza ni renunciar ni salir del gobierno, salvo que el Presidente así lo estime conveniente, y menos por un tema de salud del cual de las personas que más me apoyaron fueron el Presidente y la primera dama.

“Quienes tenemos un rol público también nos enfermamos”


 

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