Rancagua es un desastre. Peleas entre fiscales, jueces acusados y una ciudadanía en vilo. ¿Quién puede asegurar que los fallos de los últimos años son correctos y que no se han afectado los derechos de las personas? Nadie.

Frente a esto, el Gobierno lamentablemente ha tomado distancia a estos hechos graves que no tienen expliación y que levantan dudas sobre la independencia y la capacidad de un poder del Estado para impartir justicia. Más grave aún es que detrás de esta oscura trama se encuentra el caso Caval y sus principales involucrados relacionados con las altas esferas del Gobierno anterior. ¿Quién nos asegura que las decisiones de esos casos fueron correctas? ¿Quién puede afirmar categóricamente la inocencia del hijo de la ex Presidenta de la República? Nadie.

Por eso es hora de intervenir la justicia de manera enérgica y asegurar que los procesos sean justos de verdad, con independencia y sin corrupciónTambién es hora de levantar una investigación profunda a la aplicación se justicia en los últimos cinco años y, en especial, al proceso que involucra al hijo de la ex Presidenta.

Los chilenos más vulnerables no creen en la justicia y luego de estos hechos, desconfían mucho más. Lo peor de todo, es que lo que ocurre en Rancagua puede ser un síntoma de algo que existe en todo el país y donde solo la falta de transparencia ha impedido que salga a luz.

Si yo fuera Presidente, citaría mañana mismo al Presidente de la Corte Suprema, al Fiscal Nacional y al Contralor, y crearía una fuerza de tareas urgente que transparente el funcionamiento de la justicia y que devele todas las verdades que necesitan ser reveladas. No podemos esperar más.

/Escrito por José Antonio Kast para El Líbero