Ajuste de cuentas, balas locas, fuegos artificiales: eufemismos todos para ocultar una triste realidad que se ha asentado en Chile en las últimas décadas. Los narcotraficantes llegaron para quedarse y cada vez son más los chilenos que viven secuestrados por su poder e influencia.

Pero esto no es casualidad si analizamos el dato de que uno de cada cuatro estudiantes ha consumido marihuana en el último año y que los escolares chilenos lideran el consumo de tabaco, marihuana, cocaína y pasta base en Chile. Nuestro país es tierra fértil del negocio de la droga y a lo largo de todo el territorio hay soldados disponibles para una guerra que solo trae dolor y muerte para las familias chilenas.

La izquierda siempre culpa a otros y busca explicaciones para defender al narcotráfico. “Es culpa de la educación”, dirán algunos; “Es la desigualdad”, argumentarán otros. Los más osados culparán al neoliberalismo de todos los males y no asumirán, con coraje, la decisión de enfrentar a los narcos y de combatirlos con toda la fuerza de la ley. Por cierto, hay muchos factores que influyen y explican, pero no hay ninguno más relevante que el debilitamiento del estado de derecho y la pérdida de la capacidad del Estado para enfrentar a estos criminales organizados.

Es por ello que el próximo Gobierno debe asumir, de una vez por todas, un compromiso total en contra del narcotráfico y las drogas. Eso significa erradicar por completo la influencia de las drogas en la política, la justicia, las fuerzas armadas y de orden. Eso implica enfrentar con decisión los territorios vedados por el narcotráfico y elevar las penas y mejorar los procesos de investigación, para terminar con la operatoria de las bandas criminales.

El narcotráfico existe porque el Estado les ha permitido existir y la única forma de erradicarlos por completo es enfrentarlos con decisión y asumir con un compromiso real de combatirlos. Porque el problema es urgente y, si no actuamos, el daño será irreversible. Miles de niños chilenos hoy están capturados por el narcotráfico y no tendrán oportunidad alguna de librarse sino vamos al rescate de ellos. Muchas familias viven encerradas noche y día porque saben que, si salen a la calle, pueden ser asesinados.

Los chilenos hemos sido azotados por varias pandemias en el último tiempo. La pandemia de violencia que nos afectó el 2019 y la pandemia sanitaria, que cobró muchas vidas en 2020. Pero hay una peste mucho más imperceptible, pero dañina, que es el narcotráfico y que lleva décadas debilitando el estado de derecho y avanzando en barrios, comunas e instituciones. Llegó la hora de combatirla con todas nuestras fuerzas y de inocular a los millones de chilenos que están en riesgo grave de caer en esa trampa mortal.

Por José Antonio Kast, presidente Partido Republicano, para ellibero.cl

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