Ya no fuma tanto, pero fuma igual.

Lo que cambió fue su semirretiro de la política partidista. Milita en el Partido Socialista desde los 11 años, y mientras fue subsecretario del Interior en el gobierno de Michelle Bachelet mantuvo fría distancia con su partido. Sabe que eso le pasa la cuenta ahora, que vuelve como coordinador de la candidatura de Maya Fernández para reemplazar a Álvaro Elizalde en las elecciones del próximo 26 de mayo.

Pero las aguas socialistas no están calmas. Las actuales alianzas rompieron con los clásicos “lotes” o corrientes internas y hoy están transversalmente enfrentados. Por ejemplo, Camilo Escalona, el antiguo líder de la llamada Nueva Izquierda, se puso en la vereda del frente de Aleuy -hombre clave de ese mundo- y apoya a Elizalde. Hace pocos días, Escalona se fue en picada contra su examigo: “El esfuerzo tiene que ser la cohesión. Esa es mi discrepancia con Aleuy”, dijo en La Tercera, y remató: “Aquí no hay iluminados. No necesitamos Mesías, sino gente con vocación de trabajo”.

Ese quiebre grafica, en parte, la dispersión de los socialistas hoy. Dispersión que, en parte, es la consecuencia de la derrota electoral, pero también de la ausencia de un proyecto común, de un destino, de un mismo horizonte.

¿Por qué Maya Fernández?

Porque tiene coraje, que no es algo muy extendido hoy en día. Es una política seria y responsable; porque no tiene agenda propia y ha tenido la capacidad de aglutinar a gente diversa, y por último, porque tiene enorme empatía con la gente.

En un momento de fragmentación, ¿no era mejor apostar por Elizalde y no provocar más desunión?

Es bien raro esto de no aceptar la fricción en la política. A mi juicio, la dirección actual del PS no ha demostrado capacidad para impedir que el PS pase de la irrelevancia a la insignificancia. El partido siempre tuvo un rol muy relevante en el país. Ya no lo tiene. Por lo tanto, apostar a más de lo mismo no tiene sentido. No hay base para creer que eso se puede corregir en el futuro.

¿En qué observa la “insignificancia” del PS?

En que no hemos hecho una oposición decidida contra la derecha y el gobierno.

A Elizalde le tocó dirigir un partido después de una dura derrota electoral. ¿No será que el costo fue la irrelevancia por un tiempo?

Sí, pero ese es un proceso que condujeron ellos. O sea, ellos hicieron un comité central donde determinaron quién sería el candidato presidencial del PS y hasta ahora no hemos sido capaces de explicar por qué esa votación fue secreta, ni tampoco de explicar nuestra derrota. Ese debate no ha existido.

A su juicio, la decisión de Elizalde de apoyar a Alejandro Guillier y sacar a Ricardo Lagos de escena, ¿fue un error estratégico para la izquierda?

Fue un error estratégico. Si el candidato se hubiese dirimido en primarias, aunque hubiésemos perdido la elección presidencial, habríamos tenido un retroceso ordenado y no esta diáspora que se produjo en la izquierda. Insisto: hemos sido incapaces de dar una explicación de la derrota.

Muchos culpan a Bachelet por el desdibujamiento de la izquierda…

He escuchado esa tesis. Yo digo que hay que debatirlo. Somos adultos. Solo los niños le echan la culpa a otro de sus propios errores.

¿Pero qué dice usted cuando se culpa a su gobierno de haberse desentendido de los partidos?

-Bueno, discutámoslo. Si alguien dice: “Mire, lo que pasa es que como a mí no me consideraron o me trataron mal…”, bueno, ¿eso significa que esa persona está pensando solo en él? Me parece que la izquierda tiene que pensar en los problemas de la gente y no seguir discutiendo sobre las cosas, como lo hace la derecha.

¿Dice que la izquierda se puso “cosista”?

En ese sentido, sí.

¿No será algo más de fondo? ¿Quizá esa izquierda en la que usted creció hoy está pasando de moda?

Puede ser. Reconozco que hemos sido incapaces de construir una mirada común para gestionar los problemas cotidianos de la gente. La izquierda, y en particular los socialistas, no podemos seguir discutiendo sobre el número de mujeres que entran a los directorios de las empresas. ¡Por favor! ¿Cuántas mujeres del mundo popular van a entrar a un directorio? Ninguna. Más bien deberíamos hablar de cómo diablos hacemos que el 95% de los gallos que se separan paguen la pensión a sus hijos. Esos son los problemas reales.

¿Hacia dónde debiera mover el foco el PS?

Si la izquierda no se hace cargo de la desigualdad, está frita. Hoy, defender a los chilenos más vulnerables significa pelear contra los abusos. No puede ser que el 50% de los que trabajan ganen menos de 500 mil pesos. Hacia allá debemos apuntar.

La pregunta hoy sería: ¿Cuándo se jodió la izquierda?

Yo creo que se jodió cuando perdimos la noción de que los partidos están al servicio de la gente y no de los dirigentes.

¿No será que la derrota fue más cultural que política? Es decir, la clase media sintió que la derecha la interpretaba mejor que ustedes.

Es posible. Hoy existe algo que nosotros no hemos podido procesar adecuadamente y es que la gente pelea por estatus. Nos pasó en los incendios. Se entregaba un bono para que la gente pudiese reponer sus enseres básicos y preferían comprar zapatillas. No hemos logrado construir respuestas satisfactorias para los cambios que se han producido.

Dice que el PS pasó a ser irrelevante. ¿Qué debiesen haber hecho, según usted, para no perder la voz?

Se debió haber hecho una crítica muy severa al proceso de involución que la derecha está tratando de hacer con las reformas que se llevaron adelante. Es nuestra responsabilidad defender esos cambios que beneficiaban a la gente, más aún cuando la Presidenta era socialista.

¿Y el PS dejó sola a Bachelet?

No diría que la dejó sola, pero no la apoyó lo suficiente. La verdad es que hoy lo importante es recomponer las confianzas políticas. No solo en el PS, sino de toda la izquierda.

¿Empujaría un acercamiento con el Frente Amplio?

Nuestra responsabilidad política -así como lo ha hecho el PS históricamente- es contribuir decisivamente a unir a todos aquellos que estén contra la derecha.

¿Por qué tanta insistencia en combatir a la derecha?

Porque, en el fondo, la derecha siempre intenta beneficiar a un solo sector social, que es el de ellos. Lo hace sistemáticamente.

Pero es un dato que la gente decidió votar por ellos y no por ustedes…

Claro, porque este gobierno centró su campaña en un factor que es muy rentable: el miedo. Dijo: “Si nosotros gobernamos, usted va a dejar de tener problemas económicos”. Los hechos están demostrando que hicieron una promesa que no han podido cumplir.

Si ganó el miedo es porque en su gobierno se había incubado algún temor, ¿o no?

Por cierto, la administración del miedo necesita algo en lo cual sustentarse. Pero la administración del miedo también tiene un límite.

Las rupturas

¿Se rompió la Nueva Izquierda? Camilo Escalona, su compañero, dijo que hace cinco años que usted no estaba en la vida interna del PS y que hoy no necesitaban iluminados ni Mesías…

… Decir que otros tienen posiciones mesiánicas es una descalificación. En el PS las discusiones siempre han sido duras, pero nunca las habíamos transformado en descalificación pública, porque sabíamos que con eso beneficiábamos a otro. Eso se rompió ahora.

¿Se rompió una manera de relacionarse?

Así es. Pero no quiero caer en lo mismo. En política uno tiene que hacerse responsable de lo que hace y no andar descalificando al resto.

Si pierde la lista de Maya Fernández, ¿usted sigue activo en el PS o se va? Se dice que vuelve por un rato no más…

Hay cosas que no solo tienen precio, sino que también tienen valor. Ayudar a la discusión, comprometerse, tiene valor, aunque no necesariamente tiene un precio. Por eso yo voy a seguir en esto. El precio es ganar o perder, pero el valor es participar.

Usted fue una figura central en el gobierno de Bachelet. Pareciera que en sectores socialistas usted genera animadversión. ¿La siente?

Sí, claro. Y eso tiene dos razones. La primera es que en el PS a nadie le gusta que le digan las cosas directa o frontalmente. Lo consideran un error político. Yo creo que es un mérito. Y lo segundo es que confunden los roles.

¿Cómo así?

Cuando uno está en un gobierno tiene que cumplir un rol y, obviamente, tiene que pagar el costo de eso. Si no fuese así, uno tiene que irse. Eso es lo honesto. Pero en el PS no siempre se entiende.

¿Asumir un rol en el gobierno implica sacudirse de su militancia?

Más aún: uno tiene que sacudirse incluso de las cosas que piensa que son adecuadas de hacer. El rol de uno es contribuir a sostener al gobierno. De lo contrario, no tienes que estar ahí. Eso es lo decente.

/Entrevista de Claudi Álamo para La Tercera