El año pasado, más de 6 mil colegios participaron del Sistema de Admisión Escolar (SAE), el que recibió las postulaciones de 274 mil familias de casi todas las regiones del país, excepto la Metropolitana, que recién este año se sumará al mecanismo. De esos establecimientos, hubo 849 que al menos en la etapa inicial no recibieron ni una sola postulación, en ninguna preferencia, pese a que ofrecieron más de 11 mil vacantes.

Los datos muestran que, así como hay un grupo de colegios que concentra las preferencias de los apoderados, y que son parte del debate sobre el mérito que abrió el proyecto Admisión Justa, hay otro segmento de recintos que, por diversos motivos, no está en el mapa de las familias.

¿Por qué nadie quiere estar ahí? La Tercera revisó el perfil de esos colegios, que muestra que la mayoría son rurales y particulares subvencionados, y que un cuarto de ellos está en La Araucanía. Y la baja calidad, la distancia geográfica y falta de acceso a internet estarían tras el desinterés.

Un ejemplo es la Escuela Diego Portales, de la zona rural de Temuco, que ofreció 53 cupos y nadie los quiso. Evelyn Pichuncura, apoderada y funcionaria del colegio, dice que los padres prefieren matricular a sus hijos en escuelas de las ciudades o que en el campo no saben cómo usar el SAE. “Las autoridades no ven que hay colegios que están en zonas rurales, sin internet. Las leyes se hacen para las grandes ciudades, donde sí hay conectividad”, reclama.

Otro caso es el de la Escuela Maillén, de la isla homónima de Puerto Montt, que dispuso de 72 cupos que, según el sistema, no fueron tomados. Su director Carlos Leiva explica que en esa zona no hay internet, por lo que, lógicamente, ninguna familia pudo usar el SAE. “Hicimos un proceso de matrícula propio y presencial, después del SAE, y recibimos a 25 alumnos”, cuenta.

En La Araucanía, en tanto, se da una situación particular. Jaime Quilaqueo, presidente del Colegio de Profesores en esa región, plantea que la falta de interés se debe a que las familias ya no prefieren los colegios particulares subvencionados pequeños que proliferaron en los 80 y 90, y que no lograron crecer ni mejorar. “En ese tiempo hubo una creación indiscriminada de colegios, donde se pedía tener un mínimo de alumnos y se entregaba la subvención. Cualquiera podía instalar un colegio, porque cubrían la ausencia del Estado, pero terminó siendo un negocio y hoy obviamente no tienen ningún atractivo. El propio sistema hará desaparecer esos colegios”, dice.

Para los expertos, la ausencia de postulaciones en algunos colegios es un tema que las autoridades deben abordar ahora en el debate sobre el SAE que fue reabierto por el proyecto Admisión Justa, el que será votado este lunes en la Comisión de Educación de la Cámara.

Magdalena Vergara, directora ejecutiva de Acción Educar, pide “analizar los factores por los cuales no hubo postulaciones en esos colegios, donde la mayoría son rurales, probablemente multigrados (enseñanza básica y media). Hay que ver si el SAE se hizo cargo de ellos y si se les informó y capacitó para estar en el sistema de postulaciones”.

Vergara cree que es probable que los apoderados “hayan preferido postular a establecimientos más grandes, o que les falte información, lo que también pasó con los colegios. Queda mucho trabajo del Mineduc para implementar bien esto”.

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