En nuestra columna anterior, hablamos sobre las circunstancias que pueden desencadenar las neurosis o crisis psicológicas de diversa índole. Hoy hablaremos de algo que es mucho más dañino para el desarrollo de nuestra personalidad. La interacción con los caracteres neuróticos en nuestra condición de hijos, pareja, subalterno, otros.

En las  neurosis  encontramos que las personas padecen:

1.- Una ineficiencia considerable;

2.- Una mala adaptación social ;

3.- Formación somática y psíquica de síntomas que  determinan el tipo de neurosis.

Empero, existe un grupo de individuos en los que son muy raras, si es que existen, las dificultades en uno de estos tres campos, es decir, en la formación de síntomas psíquicos y somáticos, pero cuya ineficiencia y adaptación social son muy pronunciadas, que son tan sintomáticas de enfermedad en la personalidad  como la disfunción somática. La cleptomanía, la dipsomanía, la ludopatía, pueden ser síntoma de enfermedad como la tos y la expectoración.

Este grupo, para todos los expertos, está ubicado entre la franca neurosis y los individuos mejor adaptados de la sociedad y pasan por el mundo sin llamar mayormente la atención,  de manera tal, que logran ser considerados como personas comunes y corrientes.

Sin embargo, su adaptación a la vida en general puede ser muy deficiente:

  • Pueden ser personas muy desdichadas, que se esfuerzan por conseguir amor, reconocimiento, éxitos, cultura, pero están inhibidos en la expresión de las cualidades del carácter que aportan las ya mencionadas recompensas de la vida.

Hoy sabemos, sin lugar a dudas, que la personalidad matiza todo proceso de enfermedad, y que lo orgánico y lo neurótico están tan indisolublemente mezclados que no se puede  dejar de considerar un estudio de un carácter que contribuye a constituir la sociedad, la cual a su vez influye tanto para formar a sus descendientes.

Son estos caracteres neuróticos, que viven sin ser observados ni clasificados dentro de la “mayoría” del grupo, los que contribuyen tanto a la producción de francas neurosis y psicosis en su familia, en forma similar a la de un portador tifoideo o a la de un tuberculoso infectado sin diagnóstico que puede contaminar a toda una familia y aún a toda una comunidad.

“¿Si existen grados de diferencias entre una neurosis y el carácter  normal bien adaptado, como podemos hacer para decidir dónde termina la normalidad y dónde comienza la anormalidad ?”. Creemos que Glover nos ha dado la mejor guía en ese sentido cuando define al individuo normal como aquel que:

  1. Está “libre de síntomas;
  2. No perturbado por un conflicto mental;
  3. Tiene una capacidad de trabajo satisfactoria y
  4. Puede amar a alguien que no sea él mismo”.

En relación al conflicto mental hay que admitir que nadie está enteramente libre de él, pero sin embargo, se puede estar relativamente libre, de manera que no interfiere en las relaciones diarias o en los planes futuros.

Respecto al trabajo, estos caracteres neuróticos, tienen una capacidad de trabajo enormemente alterada debido a la insatisfacción o disgusto por el trabajo, a fantasías eróticas o a factores psicológicos insondables, inconscientes. A veces podemos ver solo una inexplicable falta de iniciativa de plan o propósito. Otras, una labor escasamente  correlacionada con el ritmo social.

También incluimos en este grupo, a los que son extremadamente trabajólicos, que desean mantenerse “ocupados” como una forma de acallar sus “ruidos” inconscientes.

Finalmente, y lo más importante para nosotros:

La capacidad para amar a alguien que no sea uno mismo puede estar gravemente perturbada. Esto puede ser observado de inmediato, porque algunos de estos individuos presentan una apariencia amistosa y afable que es muy engañosa. Ella tiene todo el aspecto de la realidad, pero es en verdad, sólo la parte más superficial de una modalidad que, como un traje de disfraz, es sólo usada ocasionalmente.

Cuando se llega a conocer mejor a estas personas por la historia o a través de una relación más prolongada, se advierte su incapacidad para interesarse profundamente por cosa alguna que no les concierna vitalmente a ellos mismos.

Además, cuando el microscopio de la psicopatología, por así decir, enfoca su personalidad, se descubre:

  • Frialdad e indiferencia acentuada,
  • Verdadera desconfianza y odio, y
  • Un deseo de aprovecharse de todo aquel con quien entran en contacto.

CONSIDERACIONES  PRÁCTICAS

Cuando expusimos el criterio con respecto a una personalidad normal mencionamos algunas de las desviaciones de una integración bien equilibrada:

  • Una de ellas la constituye el predominio de reacciones emocionales inmaduras con respecto a una situación, adecuado sólo en un niño o un lactante.

Voy a describir los distintos tipos de comportamientos que podemos encontrar en quienes padecen éste grave trastorno, tratando de abarcarlos a todos, reconociendo de antemano la gran dificultad para conseguirlo :

EXISTEN:

  1. Los que exigen una excesiva atención y mimos;
  2. Los que no pueden soportar privaciones;
  3. Los que no pueden ser frustrados sin sentirse deprimidos o malhumorados;
  4. Los que no pueden contener los impulsos agresivos o sexuales;
  5. Los que no pueden esperar la recompensa del esfuerzo;
  6. Quienes persiguen planes o actividades vanas, a veces con cierto conocimiento de su inutilidad, pero aparentemente con una compulsión a realizarlos;
  7. Los que no se dan cuenta momentáneamente de la futilidad de su actividad, ejemplo de ello es la obsesión de juego en adolescentes;
  8. Los que tienen grandes dificultades en sus relaciones sociales, lo que suele llamarse “angustia social”, más conocida como timidez. Experimentan grandes sentimientos de inferioridad en cualquier grupo, no pueden renunciar a una invitación por temor a ofender a alguien, están en constante angustia por miedo a hablar mucho o demasiado poco, etc.;
  9. Existen los demasiado fríos que son formalmente educados y reservados, pero que nunca se “abandonan” y no pueden tomar parte de una situación de humor o alegría, principalmente con sus hijos.
  10. Los que tienen dificultades en su vida amorosa. Algunos anhelan amor pero no pueden establecer relación con los que podrían brindárselo. Se quejan de que no tienen oportunidades, aunque no hacen nunca nada que pueda estimular dicha oportunidad.
  11. Los que van aún más lejos, en una serie de relaciones sexuales, esperando encontrar el perfecto amante y la perfecta situación amorosa. Aunque se obtenga una cierta suma de placer nunca puede alcanzarse en estas relaciones una satisfacción permanente o continua porque en realidad el individuo está buscando el deseado objeto de amor de la infancia y aunque en cada amorío cree durante un tiempo que lo ha encontrado, pronto se queda corto ante su ideal inconsciente, y el sujeto se siente desengañado una vez más, apartando al objeto que le parece ahora eróticamente degradado.
  12. Los ascéticos, que viven una vida sexual restringida, dedicándose a alguna actividad destinada a restringir los placeres de los demás.
  13. Muy cerca de este tipo está el llamado excéntrico, cuya ideación o actividad es la de un auto-designado combatiente contra determinado mal social, o los que se dedican a ciertos propósitos sociales en una forma tan individual, entusiasta y a menudo extraña, que anula sus esfuerzos a causa de lo ridículo de su enfoque.
  14. Los que van más allá y entran en una relación social, pero se sienten siempre desengañados porque esta relación nunca les proporciona todo lo que han esperado en la fantasía, que siempre es mucho más de lo que se podría esperar de la situación real.
  15. Los que despliegan una gran inconsistencia en la conducta, que pueden por ejemplo, esforzarse en forma poco común por alcanzar alguna posición o designación sólo para ser incapaces de utilizarla o apreciarla cuando logran el fin. Freud a designado a estos casos como “arruinados por el éxito”. Un gerente que se había esforzado por ocupar el puesto del Gerente General, cuando éste murió, el se enfermó, porque la muerte real había hecho que sus deseos de muerte fantaseados tenían una relación inconsciente con los deseos de muerte que había mantenido en contra de su padre. En lugar de aceptar la posición, la culpa lo agobió.

16.- Existen otros cuya culpa, desde los primeros episodios de la vida, constituye un impulso tan sobresaliente de la personalidad, que cometen fechorías  con el propósito de asegurarse el castigo que puede aliviar su tensión interna. Una vez encarcelados, adquieren una “gran paz mental”.

17.- Existen los que parecen haber sexualizado el castigo en una forma masoquista y que parecen compulsados repetidamente a colocarse en situaciones censurables a pesar de poseer una inteligencia que podría evitar esta repetición. Por ejemplo los exhibicionistas, los voyeristas.

18.- Existen los extremadamente narcisistas, que sólo desean ser amados y que no pueden dar, a su vez, amor. Son como niños que sólo exigen ser alimentados, cuidados y adorados pero que no quieren dar nada. Necesitan que el ambiente les brinde continuamente estas satisfacciones o su autoestima se desmorona. 

19.- Existen los que nunca se permiten sentir una depresión por un fracaso temporario en la estima del ambiente, pero mantienen una exigencia tan constante por ésta, que no puede ocurrir ninguna disminución al respecto.

20.- Existen los que exigen una compensación permanente del ambiente  o de “alguien” por algo que ha sido proporcionado insuficientemente o ha faltado en su infancia. Esto  producto de una privación oral sufrida durante el período de lactancia, o más grave aún , de una privación de amor. Las personas de este tipo de carácter utilizan a menudo el acto sexual, si se permiten actividades genitales, como una forma de regular su autoestima. Pueden desarrollar conductas psicopáticas.

21.- Existen los que son incapaces de encontrar una satisfacción emocional suficiente en la realidad, por lo que recurren al uso de alcohol o drogas que pueden embotar el dolor de su existencia y les procuran la satisfacción en la fantasía.

22.- Todo alcohólico tiene algún tipo de perturbación neurótica de carácter. Suspiran por cariño, que encuentran difícil de satisfacer. Sufren de angustia social, viven una vida solitaria, sólo pueden amarse a sí mismos, están propensos a obtener una pequeña satisfacción real del amor y de la actividad heterosexual, pueden renunciar a ella enteramente, y sólo encuentran felicidad y satisfacción entregándose  exageradamente al alcohol. Sólo bajo su influencia su auto estimación se eleva hasta un nivel tolerable, entonces pueden tener amigos, especialmente de su propio sexo, aunque la irritabilidad pueda irrumpir  debido a su sensibilidad poco común.

23.-  Finalmente, existe un tipo ante cuyo carácter, se duda en calificarlo de neurótico, aunque influye mucho para producir  neurosis en su descendencia. Se trata de la figura parental más bien huraña, efectivamente fría, que puede haber logrado éxito social y económico, que puede tener una débil relación con ciertos amigos adultos, que suministra todos los gustos lujosos a su familia, pero que nunca puede descender emocionalmente hasta el nivel de sus hijos y brindarles atmósfera de afecto, interés o estimulación. Una compulsión a lograr éxitos en su propia vida ha surgido de su propia frustración infantil que no ha logrado reprimir exitosamente como para hacerles creer en tales cosas superfluas.

  1. Muchos no ven en esta actitud un defecto, el hombre o la mujer puede dedicar mucho de su tiempo a:
  • Empresas de beneficencia y asistencia social;
  • Ser considerados llenos de bondad humana, pero en su propio hogar no son afables ni por un instante.
  • Y la falta de amistad y de capacidad para mostrar cariño puede perjudicar seriamente a sus hijos en su capacidad de amor. Puede disminuir la capacidad del niño para trabajar, ya que no se le muestra en el hogar ninguna compensación o interés por la realización precoz y pequeña.
  • En un hijo de tales padres puede desarrollarse una frialdad o inestabilidad emocional correspondiente y en consecuencia puede desenvolverse cualquier tipo de anomalía de carácter como resultado de la interacción de los otros caracteres en la escena familiar.
  • Como ya hemos señalado, muchas neurosis y psicosis se desarrollan por estas actitudes parentales.

25.-  Otro tipo casi tan perjudicial, aunque raramente considerado anormal por el público en general, es el padre que sin discriminación manifiesta afecto por el niño, protegiéndolo de todas las frustraciones y desengaños, que nunca le proporciona la oportunidad de superar la frustración y el desengaño por sí mismo, y que por lo tanto, lo deja deficientemente preparado para luchar en las inevitables batallas de la vida ulterior. ¿Como puede hacerlo, cuando nunca se le ha demostrado o permitido averiguar cómo es la vida?.

26.- La educación para enfrentar las negaciones, los peligros y las responsabilidades de la vida tiene que comenzar temprano. Los niños no sólo están protegidos por el temor de que el “demonio” de la sexualidad penetre en su conciencia, tampoco se les  enseña el sentido de los valores en las otras esferas. No se les niega juguetes, ni placeres, ni paseos, porque los padres no pueden soportar el mal genio del niño o su displacer. Dado que la recompensa no representa el pago de un esfuerzo consistente y como resultado no se le exige ningún esfuerzo, no fomenta en la personalidad del niño ni el incentivo ni la capacidad por el esfuerzo. No negándose ante sus exigencias no existe la oportunidad para que el niño desarrolle nuevos canales de actividad como sustitutos.

Tal padre puede haber hecho personalmente una muy buena adaptación a la vida, pero sólo en estos determinados puntos actúa como un mal padre. Le falta comprensión para ver que el buen padre no es sólo el padre que da, sino el padre que restringe y que da en proporción al esfuerzo, y que es al fin el mejor padre porque dicha actitud en todas las personas prepara al niño para la vida en una sociedad donde el propio éxito depende del esfuerzo.

27.-  Existe el tipo de padre que sobreprotege al niño “para su propia ventaja”. El niño es privado de ciertos juegos, de viajes con sus compañeros al campo, por temor de que encuentre cierto peligro  y mamá y papá no estén allí para protegerlo. Esto constituye generalmente tal frustración para el niño que “odia” a sus padres por ello.

28.-  Otro tipo de padre es aquel que en su vida amorosa no se satisface con el compañero marital y para suplir esto forma un ligamen emocional inmoderado  con el hijo del sexo opuesto. Busca las atenciones del hijo (a) con exclusión del compañero marital y se siente celoso de las actividades del niño (a) con los de su propia edad. Esto suele ser llevado en forma tan sutil que a menudo no es reconocido por nadie hasta que el niño (a) es demasiado grande y su carrera y matrimonio han fracasado por este lazo emocional patológico.

El progenitor que lo fomenta probablemente se impresione si se le habla sobre las propensiones  inconscientes que hacen posible este estado de cosas, pero este shock puede significar la salvación de algún niño de una neurosis o anomalía de carácter ulterior.

  1. Existen los que los que liberan cargas de sadismo en forma socializada, por ejemplo, la madre que basada en un afán extremo de limpieza y orden atormenta a todos con sus reglas estrictas al respecto. El psicoanálisis denomina esta conducta como “psicosis del ama de casa”. Por otra parte los padres perfeccionistas, exigentes, liberan estas mismas cargas presionando lo indecible para transformar a sus niños en adultos en miniatura.

30.-   Finalmente, existen padres que tienen en  realidad un “odio” o rechazo inconsciente profundo por un hijo. Su “amor” oculta sólo una insistencia compulsiva sobre ciertos patrones de conducta, insistencia que en ninguna forma es “buena” para el niño, pero que constituye una defensa contra los propios deseos más profundos del padre. Para los que se escandalicen ante este planteamiento, les invito a revisar las estadísticas  de los nacimientos de hijos no deseados y cuantos evolucionan hacia una resolución positiva. ¿Quién podría sospechar que mi sobreprotección, es en realidad  una defensa inconsciente para encubrir sentimientos contrarios? Esto es conocido en el psicoanálisis como formación reactiva.

Ejemplos de los distintos planteamientos:

  • La madre que cuando niña tuvo que luchar contra tensiones sexuales puede insistir exigiendo una conducta restringida de parte de su hija que arruinará su adaptación social.
  • Algunas madres consideran a su hija como una seria rival ya desde los más primeros intereses de la niña hacia su padre, que provoca cualquier respuesta por parte de éste lo que va a generar conductas celosas y agresivas hacia la hija;
  • La madre envidia la oportunidad de la niña para gozar de lo que ella no pudo, y como resultado de ello hace inconscientemente mas difíciles, por medio de la restricción, las oportunidades de la niña para la felicidad.
  • Menos frecuentes es el padre que atormenta a su hijo en estas formas.
  • Una forma encubierta de CELOS DE LA MADRE, es la apoderarse de la hija para evitar que ella se acerque al padre.

Creo que todos podemos reconocernos en algunos de estos treinta puntos que dejo a vuestra consideración, ahora les invito a reflexionar, a cotejar, a tratar de no sólo entender si no a comprender, y para ello, les dejo como reflexión dos anécdotas que viví derivadas de mi programa  “Escuela para Padres”  en Radio Gigante junto a Julio Videla, gran amigo, con quién hicimos grandes cosas en la Radiotelefonía Chilena.

Caso 1: Llama una señora y dice, la verdad es que no sé porque estoy llamando, llegue como cada día a mi local, empecé a sintonizar una radio y me llamo la atención la voz del señor Sforzini. Luego puse atención sobre lo que hablaba. De pronto, me di cuenta que eso es lo que he estado haciendo todos estos años. He estado rechazando a mi hijo desde que nació. Gracias, creo que esto cambiará nuestras vidas.

Caso 2: Estoy en un acto  semi-público y me corresponde intervenir. Termina todo el acto. Voy hacia los estacionamientos y escucho, “Víctor, Víctor, de Escuela para Padres, me giro y una adolescente de unos 20 años le dice a su amiga, “es él , es él”. Se me acerca y dice: “Quiero darles las gracias, escuchamos su programa sobre la sobreprotección junto a mi madre, y ella entendió lo que estaba mal entre nosotras y desde entonces nuestra vida ha cambiado . Gracias muchas gracias”.

Espero que ésta columna pueda provocar en ustedes algún remezón que mejore la calidad de vida de sus familias.

Dedicado a la memoria de Hernán  Díaz Nantes Q.E.P.D. . Gracias Hernán, tarde razoné la metáfora de la llave en el fondo del mar.

por Victor Sforzini Sepúlveda