Rocas en el lago Salda en Turquía, formadas por microbios que atrapan minerales y sedimentos en el agua. El estudio de estos antiguos fósiles microbianos en la Tierra ayuda a los científicos de Mars 2020 a prepararse para su misión
Rocas en el lago Salda en Turquía, formadas por microbios que atrapan minerales y sedimentos en el agua. El estudio de estos antiguos fósiles microbianos en la Tierra ayuda a los científicos de Mars 2020 a prepararse para su misión – NASA / JPL-Caltech

Cuando la Mars 2020, con el rover Perseverance a bordo, aterrizó en Marte se convertió en la novena misión de la NASA que lo consiga. Pero esta será la más ambiciosa. Además de estudiar la geología y el clima del planeta rojo, y allanar el camino para la exploración humana más allá de la Luna, el rover buscará rastros de vida microbiana que pudo haber vivido allí hace miles de millones de años. Recogerá muestras de rocas en tubos de metal y las misiones futuras las devolverán a la Tierra para un estudio más profundo.

«Para citar a Carl Sagan -dice en un comunicado Gentry Lee, ingeniero jefe de la Dirección de Ciencias Planetarias del Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA-, si vemos un erizo mirando a la cámara, sabríamos que hay vida actual y ciertamente antigua en Marte, pero basada en nuestras experiencias pasadas, tal evento es extremadamente improbable. Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, y el descubrimiento de que existía vida en otras partes del universo ciertamente sería extraordinario».

Un cráter prometedor

Los científicos de la misión Mars 2020 creen que el cráter Jezero, el lugar de aterrizaje de Perseverance, podría albergar esas evidencias. Saben que hace 3.500 millones de años, Jezero era el sitio de un gran lago, con el delta de un río. Creen que si bien el agua pudo haber desaparecido hace mucho tiempo, en algún lugar dentro del cráter de 45 kilómetros de ancho, o quizás a lo largo de su borde de 610 metros de altura, biofirmas (evidencias de que la vida una vez existió allí) podrían estar esperando.

«Esperamos que los mejores lugares para buscar firmas biológicas sean en el lecho del lago Jezero o en sedimentos de la costa que podrían estar incrustados con minerales de carbonato, que son especialmente buenos para preservar ciertos tipos de vida fosilizada en la Tierra», dice Ken Williford, científico del proyecto en el JPL. «Pero mientras buscamos evidencias de microbios antiguos en un mundo alienígena antiguo, es importante mantener la mente abierta».

El rover, el quinto que circule por el planeta rojo, lleva un nuevo conjunto de instrumentos científicos que se basan en los descubrimientos de su antecesor, el Curiosity. Este rover, aún en antiguo, descubrió que partes de Marte podrían haber sustentado la vida microbiana hace miles de millones de años.

Cualquier búsqueda de biofirmas incluirá el conjunto de cámaras del rover, especialmente Mastcam-Z (ubicado en el mástil), que puede acercarse para inspeccionar objetivos científicamente interesantes. El equipo científico de la misión puede encargar al instrumento SuperCam de Perseverance, también en el mástil, que dispare un láser a un objetivo prometedor, generando una pequeña nube de plasma que puede analizarse para ayudar a determinar su composición química. Si esos datos son lo suficientemente intrigantes, el equipo podría ordenar al brazo robótico del rover que se acerque para verlo más de cerca.

Para hacer eso, Perseverance se apoyará en uno de los dos instrumentos en la torreta al final de su brazo. El primero es PIXL, que empleará su pequeño pero poderoso haz de rayos X para buscar posibles huellas químicas de vidas pasadas. El segundo se llama SHERLOC, tiene su propio láser y puede detectar concentraciones de moléculas orgánicas y minerales que se han formado en entornos acuosos. Juntos proporcionarán mapas de alta resolución de elementos, minerales y moléculas en rocas y sedimentos marcianos, lo que permitirá a los astrobiólogos evaluar su composición y determinar los núcleos más prometedores para recolectar.

Procesos biológicos

El equipo tiene la esperanza de encontrar una característica de la superficie que no pueda atribuirse a nada más que a la vida microbiana antigua. Una de esas características podría ser algo así como un estromatolito. En la Tierra, los estromatolitos son montículos rocosos ondulados formados hace mucho tiempo por la vida microbiana a lo largo de las costas antiguas y en otros entornos donde la energía metabólica y el agua eran abundantes. Algo tan llamativo sería difícil de atribuir a procesos geológicos.

«Sí, hay ciertas formas que se originan en las rocas donde es extremadamente difícil imaginar un entorno desprovisto de vida que podría causarlas», señala Williford. «Pero dicho esto, existen mecanismos químicos o geológicos que pueden causar rocas en capas abovedadas como las que normalmente consideramos un estromatolito».

Perseverance recogerá las muestras más intrigantesque pueda encontrar, las almacenará en tubos metálicos y, luego, las depositará en algún lugar para que misiones futuras puedan recolectarlas y llevarlas a la Tierra para su análisis.

«La instrumentación necesaria para probar definitivamente la existencia de vida microbiana en Marte es demasiado grande y compleja para llevarla a Marte», explica Bobby Braun, director del programa Mars Sample Return en el JPL. «Es por eso que la NASA se ha asociado con la Agencia Espacial Europea en un esfuerzo de múltiples misiones para recuperar las muestras que recolecte Perseverance y traerlas de regreso a la Tierra para su estudio en laboratorios de todo el mundo».

Cuando eso suceda, las muestras del rover Perseverance de Marte podrán decirnos que en un momento, hace miles de millones de años, existió vida en otras partes del universo. Pero también pueden indicar lo contrario. «Tenemos una fuerte evidencia de que el cráter Jezero alguna vez tuvo los ingredientes para la vida. Incluso si concluimos después del análisis de muestra devuelto que el lago estaba deshabitado, habremos aprendido algo importante sobre el alcance de la vida en el cosmos», señala Williford. «Ya sea que Marte haya sido un planeta vivo o no, es esencial comprender cómo se forman y evolucionan los planetas rocosos como el nuestro. ¿Por qué nuestro propio planeta siguió siendo hospitalario cuando Marte se convirtió en un páramo desolado?».

En todo caso, la pregunta a si Marte tuvo vida alguna vez comenzará a responderse hoy mismo.

/psg