En la mañana del 30 de junio de 1908, una gran bola de fuego cruzó el cielo sobre la taiga del río Tunguska Pedregoso en Siberia. Siguieron una serie de explosiones, que se podían escuchar incluso en lugares tan lejanos como en la pequeña aldea de Achajewskoje, a 1200 kilómetros de distancia. Varias estaciones meteorológicas en Europa registraron ondas de presión tanto sísmicas como atmosféricas. Y durante los días siguientes, se observaron extraños fenómenos en el cielo de Europa, como nubes plateadas, brillantes, puestas de sol de colores y una extraña luminiscencia en la noche.

Los periódicos rusos pronto informaron sobre este supuesto impacto de meteorito. Los medios internacionales especularon sobre una posible explosión volcánica, ya que aún estaba muy presente la gran erupción de Krakatoa en 1883. Sin embargo, la inaccesibilidad de la región y la inestable situación política de Rusia impidieron nuevas investigaciones. Trece años después del incidente, el mineralogista ruso Leonid Kulik se interesó por el evento aún sin explorar después de leer algunos de los relatos sobre una explosión y un gran objeto brillante. También tenía algunas esperanzas de recuperar metales extraterrestres del lugar del impacto.

A pesar de explorar toda el área, Kulik y su equipo no localizaron ningún gran cráter, pero sí encontraron algunos pozos circulares que se interpretaron como cráteres más pequeños producidos por fragmentos de impacto. Hasta el momento nadie ha podido explicar lo que realmente ocurrió, pero la teoría científica para el llamado evento de Tunguska sigue siendo el impacto de un objeto extraterrestre natural. Por suerte, sea lo que sea impactó en una zona inhabitable. Pero parece ser que el evento de Tunguska podría repetirse, antes de lo que esperamos.

Un estudio de la Universidad de Ontario señala que la Tierra se dirige contra una nube de escombros espaciales potencialmente peligrosa.

La peligrosa nube de escombros espaciales

Un estudio que acaba de publicarse en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society revela que una nube de partículas y rocas espaciales se aproxima a la Tierra y llegaran en los próximos meses, con posibles riesgos para nuestra seguridad. A través de una serie de datos, los investigadores de la Universidad de Ontario Occidental, en Canadá, han evaluado las posibilidades que los restos dejados por el paso del cometa 2P/Encke, una roca espacial de 4.8 kilómetros de largo, oculta la presencia de fragmentos de unos 100 metros de diámetro, capaz de crear una devastación como la causada en el evento Tunguska.

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Es cierto que estos restos generan cada año el paso de la lluvia de meteoros de las Tauridas, que se producen entre los meses de septiembre, octubre y noviembre. Sin embargo, el espectáculo espacial puede ser muy diferente a otros años, un encuentro más cercano y potencialmente catastrófico. Y los investigadores temen que ocurra un evento similar al de Tunguska, cuando la caída de un objeto devasto más de 80 millones de árboles y 2.000 kilómetros cuadrados de bosque.

Para su estudio, David Clarck, Paul Wiegert y el profesor de física y astronomía Peter Brown simularon un enjambre de meteoroides de 100 metros de diámetro (como el que desencadenó el evento de Tunguska) con órbitas similares al de las Tauridas. Calcularon las posiciones de los objetos hasta 1.000 años. Al analizar la posición y el movimiento de cada objeto a lo largo del tiempo, los astrónomos calcularon dos tiempos óptimos de observación y ubicaciones del telescopio calcular su potencial de riesgo general.

Según el análisis de datos, la Tierra se aproximará a 30 millones de kilómetros del centro del enjambre de las Tauridas este verano. Puede que no parezca cercano, pero en la extensión del espacio, se trata de un encuentro muy próximo y realmente peligroso.

“Sigue recordándonos que estas cosas pueden pasar, y seamos honestos, van a suceder”, dijo Clark. “No sabemos si será dentro de mil años, cien años o mañana. Le recuerda a la gente lo pequeños y expuestos que estamos en el cosmos”.

Los cálculos también muestran que este será el mejor momento de observación del enjambre de las Tauridas hasta principios de la década de 2030.

“Ha habido un gran interés en la comunidad espacial desde que compartimos nuestros resultados en la reciente Conferencia de Defensa Planetaria en Washington D. C.”, continuó explicando Clark. “Hay pruebas sólidas de objetos meteorológicos y cercanos a la Tierra que respaldan al enjambre de las Tauridas y sus posibles riesgos existenciales. Pero este verano brinda una oportunidad única para observar y cuantificar estos objetos”.

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Y está claro que se tratará de una oportunidad única, ya que nos enfrentamos a innumerables objetos de hasta 100 metros de diámetros. Cuando la NASA, la ESA y otras agencias se reunieron durante la Conferencia de Defensa Planetaria del pasado mes de abril hablaron de la posibilidad de una colisión catastrófica de un Objeto Cercano a la Tierra (NEO) contra nuestro planeta.

Aseguraron que casi el 90 por ciento de estas peligrosas rocas espaciales se han catalogado en los últimos años y que se está trabajando para ubicar a los visitantes más difíciles de detectar desde fuera del sistema solar. Sin embargo, se olvidaron mencionar otro protagonista, una nube de escombros espaciales que llegará este verano. Y lo peor de todo es que nadie puede hacer nada. Creemos que las principales cadenas de televisión deberían estar advirtiendo a la población para que se preparen ante el peor de los escenarios, cientos de eventos Tunguska en todo el mundo. Además, también hay que señalar que estas pequeñas rocas espaciales, en comparación con los asteroides, son imposibles de detectar ni destruir, por lo que podrían impactar en infraestructuras críticas, como centrales nucleares, eléctricas o presas, provocando así una catástrofe sin precedentes.

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