El sexo es placer, eso lo tenemos claro siempre. ¿Y cuando llevas muchos años con la misma persona? ¿Es cierto que se entra en una espiral de monotonía? ¿Llevas años practicando el misionero? ¿No te atreves a decirle a tu marido que quieres innovar? ¿Y tú a tu mujer que quieres arriesgarte a cambiar de postura? Lo primero que debes hacer es hablar con tu pareja.

La confianza en las relaciones sexuales es la clave para llegar al clímax. Si todo esto te suena demasiado es posible que debas tener una conversación ahora mismo. Si prestas un poco de atención te acabarás dando cuenta de que si todos los días (si que es lo haces a diario) repites lo mismo, la mayoría de las veces no estarás haciendo disfrutar al otro y ahí es cuando vienen los disgustos.

También debes tener claro, en el caso de las relaciones heterosexuales, que debéis buscar posturas en las que se pueda estimular el clítoris simultáneamente a la penetración. Es hora de ponerse las pilas e innovar. Dejad de ser remolones y poned un broche de oro a vuestra relación. Os explicamos cómo se hace.

Juega y pásalo bien

Es una de las posturas más placenteras porque sirve como final, la fórmula perfecta para que los dos eyaculéis y lleguéis al clímax en tan solo un minuto. Pero empemos por el calentamiento.

Para ellas es enormemente satisfactoria, pues el pene impactará de lleno con la pared vaginal, lo que maximizará el placer

Piensa en el sexo como en tu deporte preferido: antes de comenzar cualquier partido estirarías los músculos, ¿verdad? Pues aquí pasa lo mismo. Los preliminares son esenciales para que el resto vaya como la seda. Comienza a estimular a tu pareja poco a poco con caricias, besos, lametones, pero no vayas directamente a tocar los genitales, todo a su debido tiempo.

Una vez lleves un rato con los besos y el sexo oral, podrás ponerte manos a la obra y empezar con tus dedos (o juguetes si es que tenéis) a rozar sus pezones o clítoris. No se te olvide que cuando comiences a penetrar su cuerpo deberás tocarlo y lubricarlo para que esté excitada todo el tiempo. Seguramente, al ver cómo ella reacciona a todo lo que haces tú te sentirás empoderado y te vendrás arriba.

Así se hace

Recuesta a tu pareja en un sitio cómodo, a poder ser en una cama. Se debe poner como si fuerais a hacer la cucharita, pero en vez de estar recostada de lado todo el rato, echa su espalda hacia atrás para poder mirarte. Tú deberás penetrar por la parte de atrás agarrándote en su cadera y apoyando tus rodillas en la parte trasera de su cuerpo.

Deben buscar posturas en las que se pueda estimular el clítoris simultáneamente a la penetración: así llegaréis al orgasmo juntos

Las embestidas simulan un broche que estás abotonando y desabrochando varias veces. La persona que se encuentra tumbada puede poner su mano en tu trasero para regular la intensidad y empujarte si quiere que tus movimientos sean mucho más rápidos.

El broche de oro. (iStock)

Esta permite una profundidad absoluta y además la estimulación total del clítoris, por lo que es una victoria para ambas partes. Si deseáis probarla y teméis acabar demasiado pronto el coito, podéis practicarla casi al final del mismo. Será una buena guinda del pastel. Para ellas es enormemente satisfactoria, pues el pene impactará de lleno con la pared vaginal, lo que maximizará el placer. Y a ellos les encantará por el mero hecho de llevar el ritmo y dominar la situación.

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