En abril del año pasado el multimillonario Yuri Milner y el científico Stephen Hawking anunciaron su apoyo a la iniciativa «Breakthrough Starshot», un proyecto que tiene como finalidad enviar naves espaciales hasta las estrellas más cercanas al Sol, el sistema Alfa Centauri. Justo el lugar donde recientemente se ha hallado la presencia de un exoplaneta de tamaño comparable al de la Tierra y que podría tener agua en superficie.

Concepción del diseño, que cuenta con una gran vela para frenar naves que viajen a velocidades de hasta 4,6 veces la de la luz
Concepción del diseño, que cuenta con una gran vela para frenar naves que viajen a velocidades de hasta 4,6 veces la de la luz

Tal como se anunció, el proyecto tratará de diseñar pequeñas sondas espaciales capaces de viajar al veinte por ciento de la velocidad de la luz, y que no necesiten cientos de miles de años para cubrir las distancias que separan a la Tierra de estrellas vecinas. Este miércoles, investigadores del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, en Gotinga (Alemania) han presentado en Astrophysical Journal Letters su solución para resolver un problema nada sencillo: el de frenar una nave que viaje a una velocidad tan descomunal. Su propuesta pasa por desplegar una vela que frene la nave con la radiación procedente de las estrellas.

Representación artística de Próxima b, un planeta que podría tener agua y situado en las proximidades de la estrella más cercana al Sol
Representación artística de Próxima b, un planeta que podría tener agua y situado en las proximidades de la estrella más cercana al Sol

Los investigadores René Heller y Michael Hippke han ideado una forma de frenar a una nave que viaja realmente rápido. Sus cálculos, que no se han materializado de ninguna forma todavía, contemplan cómo se podría frenar una sonda espacial de menos de 100 gramos de peso que viajase al 4,6 por ciento de la velocidad de la luz.

Esta solución es probablemente el primer paso para empezar a trabajar en una teoría, porque lo cierto es que está cerca de la ciencia ficción. La nave que ellos han concebido apenas pesa 100 gramos pero despliega una vela que mide 100.000 metros cuadrados, lo que equivale al área de 14 campos de fútbol. Aunque una sonda de exploración tendría una finalidad totalmente distinta al laboratorio espacial que es la Estación Espacial Internacional, parece que la tecnología tiene que avanzar mucho para conseguir llegar a esas cifras: este monstruo de metal tiene más o menos la misma superficie que un campo de fútbol, y pesa unas 421 toneladas.

Frenazo estelar

En teoría, se puede frenar una nave de 100 gramos de peso, que viaja al 4,6 por ciento de la velocidad de la luz (pero no más, porque si no se pasaría de largo), con una vela de 100.000 metros cuadrados. Y solo valiéndose de la radiación de las estrellas de Alfa Centauri.

«En nuestro escenario óptimo, la nave podría llegar a su destino en menos de 100 años», ha explicado Michael Hippke en un comunicado. Por eso, su idea podría ser interesante para diseñar sondas autónomas y ligeras para explorar Alfa Centauri, un sistema formado por tres estrellas. Heller y Hippke consideran que la nave podría usarse para mover la sonda desde una estrella a otra, en un viaje extra que duraría unos 40 años más.

Ambos astrónomos están hablando con los miembros de la iniciativa «Breakthrough Starshot» para tratar de aprovechar sus cálculos e ideas. «Nuestra propuesta podría suponer una gran cantidad de avances científicos, pero solo lo recibirían los nietos de nuestros nietos. Starshot, por otro lado, maneja viajes de solo décadas, y que por eso podrían ser realizados en cuestión de una generación. Así que creemos haber identificado un concepto a largo plazo y duradero para Starshot», ha dicho Heller.

¿Obstáculos insuperables?

Aunque su idea se basa en cálculos matemáticos y simulaciones de ordenador, consideran que los componentes materiales ya están siendo desarrollados hoy en día: «La vela podría estar hecha de grafeno, un material extremadamente fino y ligero pero también extremadamente resistente», ha dicho Heller. Bastaría con que este material estuviera recubierto con algún material reflectante para soportar el calor y las duras condiciones del espacio.

Faltaría, claro está, usar dispositivos ópticos y electrónicos en el cuerpo de la nave. Pero según Heller, si le quietas a un smartphone actual todos los componentes innecesarios, «solo te quedan unos cuantos gramos de tecnología». Aparte de eso, proponen que esta nave tendría que ser autónoma y mandar información a la Tierra vía láser. La energía la obtendría de la radiación estelar.

Todo esto puede parecer osado y fruto de la ciencia ficción. Pero en opinión de Heller «muchas ideas geniales en la historia de la humanidad han tenido que hacer frente a obstáculos aparentemente insuperables antes».

¿Antes parecía imposible poder comunicarse a través de ondas de una punta a otra de la Tierra? ¿O quizás parecía un sueño poder volar? Quizás por eso, Heller se muestra confiado: «Podríamos entrar pronto en una era en la que los humanos dejen su propio Sistema Solar para explorar exoplanetas».

abc.es  /psg