Brasil logró un triunfo por 3-0 ante Bolivia en el partido inaugural de la 46ª edición de la Copa América, que se disputó este viernes en el estadio de Morumbi, en Sao Paulo. Y todo gracias al VAR, que hizo su estreno en el torneo más importante de nuestro continente.

La escuadra de Tite se impuso gracias a un doblete de Philippe Coutinho (50′ y 53′) más un golazo de Everton (85′), el primer tanto de penal gracias a una falta que fue sancionada por el videoarbitraje, tras la consulta del juez argentino Néstor Pitana luego de una mano dentro del área boliviana.

Los brasileños se mostraron imprecisos y precipitados en el arranque, por lo que el primer tiempo se tornó aburrido. Brasil de todas formas era superior, teniendo la posesión que sobrepasaba el 70%, pero en la creación de oportunidades era donde estaban fallando y Lampe era figura sacando los disparos de los brasileños, respondiendo bien cuando fue requerido.

Pero en el arranque del segundo tiempo todo se destrabó. A los 49′ apareció el VAR. Mano del boliviano Jusino que no fue vista en principio por Pitana, pero el llamado desde la cabina lo hizo ver la acción y a continuación sancionó el penal para el local. Coutinho marcó con un disparo colocado que nada puso hacer Lampe para evitar la apertura del marcador.

Dos minutos después volvió a aparecer el hombre del Barcelona, que de cabeza marcó el 2-0, tras una buena jugada colectiva que finalizó en la boca del arco luego de un centro de Roberto Firmino.

Sobre el final vino el tercero de Everton Sousa, el hombre de Gremio, que ingresó por el movedizo David Neres, con una verdadera “joya”. Encaró por izquierda, se perfiló para la derecha y clavó un remate colocado al segundo palo que dejó parado a Lampe.

Con esta victoria, Brasil abrió su sueño rumbo al título en casa y suma los primeros tres puntos. Ahora enfrentará a Venezuela en su segundo partido en Salvador de Bahía, el próximo martes. Por su parte, Bolivia se medirá con Perú en el Maracaná, el mismo día, buscando un triunfo que lo mantenga con vida.

Por Ignacio Soto Bascuñán