Finalmente, Perú apareció. En los partidos de verdad, en los que no hay margen de error, donde tiene que emerger toda la categoría de los equipos. Los incaicos salieron a la cancha del Arena Fonte Nova decididos a reeditar sus mejores momentos de los últimos años, y a aprovechar las dudas que creó Uruguay después del partido con Japón. Y lo lograron, gracias a los penales. Será Chile vs. Perú, el clásico del Pacífico.

Juramentados a no repetir el bochorno sufrido ante Brasil, Perú salió a disputarle la clasificación a Uruguay con la aplicación que le precedía de las Eliminatorias y el Mundial. Con la concentración suficiente para no caer presa de sus errores ni darle opciones a la delantera rival, compuesta por los insaciables Cavani y Suárez.

Luchó Perú, con el potente y solitario Guerrero acaudillando al equipo desde el ataque, mientras esperaba el pase exacto y sorpresivo de Cueva, quien sufría por la marca reacia del poblado mediocampo charrúa.

Uruguay esperó un cuarto de hora para avisar mediante Suárez, quien cabeceó por arriba un buen centro de Valverde. El volante del Real Madrid se convirtió en pieza clave para el fútbol charrúa, que si bien dominaba y disfrutaba de las mejores ocasiones, tampoco avasallaba en los primeros 45’.

Los peruanos presionaban buscando el error, el contragolpe que les permitiera aprovechar la velocidad de Guerrero y batir a una zaga condicionada por la amarilla de Godín. Sin embargo, pronto se encontraron con la crecida charrúa, que a los piques sin destino de los peruanos contestaba con jugadas inteligentemente urdidas, ya sea por el buen pie del madridista, la fuerza de De Arrascaeta, o el sacrificio de Cavani.

Fue el delantero del PSG quien tuvo la más clara de la primera mitad, cuando a los 24’ una pelota recibida en la boca del área chica la mandó arriba del arco. Poco después, los discípulos de Tabárez sufrieron el primer gol anulado de la noche, por posición de adelanto.

El segundo tiempo le abrió la puerta al dominio celeste y a la expectación incaica, que cedió el campo de juego en busca de la sorpresiva contra. Y así llegó el vendaval de Uruguay. A los 58’, Godín erra la misma que Cavani en el primer tiempo: solo frente al arco. Inexplicablemente, la eficacia que tanto les caracteriza, y que amortizaron frente a Chile, no estuvo presente en Salvador de Bahía, acaso nublada por la copiosa lluvia tropical que cayó durante el partido.

Otros dos goles le anularon a Uruguay, ambos por posición de adelanto. A diferencia del Equipo de Todos, el ahogo en la celebración afectó a los ánimos uruguayos. No se volvieron a crear una ocasión de peligro ni tampoco ganaron en el juego aéreo, un aspecto en la que no suelen fallar.

Por su parte, los del Tigre Gareca fortalecieron la última línea y no dejaron los espacios de la primera mitad, ni mucho menos pecaron como lo hicieron ante la Canarinha. Con los penales como gran posibilidad para clasificar, Perú se aferró con todo a ellos y defendió con todo el empate.

Y el envite resultó, con tanda perfecta. ¿El villano? El más improbable: Luis Suárez. El astro del Barcelona convirtió en héroe a Gallese, que le tapó el primer disparo a la derecha y a media altura. Fue suficiente para desatar la algarabía peruana, dejar en el suelo a uno de los favoritos, y completar la segunda semifinal: será contra Chile en Porto Alegre, al igual que en 2015.