La estadía de Alfredo Arias en Universidad de Chile tenía fecha de vencimiento en La Cisterna. Específicamente, el domingo 26 de mayo dirigiría su último partido en el cuadro azul. Tras nueve partidos sin ganar, el duelo ante Iquique en Calama representaría su despedida, sin importar el resultado. La dirigencia de Azul Azul así lo había establecida semanas antes, cuando el equipo cayó en La Florida ante Audax Italiano. Es más, una derrota en el clásico ante Colo Colo el sábado 18 de mayo habría significado  su salida inmediata del club, para de algún modo descomprimir el tenso ambiente que se vivía por aquel entonces en el club.

Sin embargo, la victoria sobre Iquique por 4-2, la primera en 10 partidos del charrúa, provocó que algunos directores se replantearan el despido del técnico. Los 100 mil dólares que representaba la indemnización era una cifra que en los actuales tiempos de la concesionaria resultaba bastante alta. En otros momentos, sobre todo bajo el mando de Carlos Heller, aquello se habría resuelto rápidamente, pero hoy, donde todo gasto por muy menor que sea debe ser aprobado por un comité, era algo difícil de sortear para los encargados de tomar la decisión. Y lo otro que hizo dudar a los dirigentes fue que el presupuesto para contratar un nuevo entrenador no superaba los 500 mil dólares. Y aquello, después de algunos sondeos en el país y el extranjero, no les permitía contratar a un estratega que les garantizara el éxito inmediato, como necesitaba el equipo.

Así fue como casi en silencio, aprovechando el receso por la Copa América, Arias siguió en el club. Nadie salió a ratificarlo desde la concesionaria. Simplemente, el técnico se aferró a su contrato que acaba a fin de año. Y los dirigentes decidieron no soltarle la mano. Y a un mes de todo ese atribulado momento, en el que nadie tenía claro que sería del equipo en el segundo semestre, la figura del uruguayo está más consolidada que nunca dentro de la institución.

Varios capítulos actuaron en favor de Arias para arrancar bien empoderado el segundo semestre. El primero tiene que ver con el respaldo de varias de las figuras del equipo a su trabajo. No solo lo remarcaban públicamente, sino que se lo hacían saber a los dirigentes, especialmente a Rodrigo Goldberg y Sergio Vargas, quienes desde abril estaban encima de las principales decisiones deportivas. Ambos, además, palparon en terreno la forma de trabajo del charrúa y coincidían en que era muy profesional y metódica.

Pero el principal tiene que ver con la decisión de sacar de la titularidad a Johnny Herrera. Lo que ningún otro técnico pudo en los últimos años, pese al insistente pedido de la dirigencia del momento, el uruguayo se jugó la carta y lo sentó en el banquillo. No sólo por un partido, sino que salvo algún imprevisto de Fernando de Paul, la situación no variará hasta fin de año. A partir de ese momento, su relación con las máximas autoridades de la concesionaria cambió. Y para su bien.

Con el respaldo asegurado, Arias comenzó a tomar drásticas decisiones para torcer el rumbo en el segundo semestre y evitar una larga pelea por el descenso. Lo primero que hizo fue pedirle a la directiva que les consiguiera otro club a Gabriel Torres y Ángelo Henríquez, El primero terminó marchándose a préstamo a Independiente del Valle, mientras que el segundo no se quiso partir a Emelec, aunque ya escuchó de boca del propio entrenador que no será mayormente tenido en cuenta. Una especie de sexto delantero, por detrás de Benegas, Ubilla, Guerra, Campos López y el recién llegado Marcos Riquelme. Justamente, este último fue pedido expreso del entrenador y la dirigencia le dio en el gusto rápidamente.

Otro que abandonó la institución fue el argentino Sergio Vittor, quien precisamente perdió la titularidad con el uruguayo. El técnico les manifestó a los dirigentes su incomodidad con el comportamiento del defensor, principalmente en los entrenamientos, donde descubrió que el jugador se sacaba el medidor de GPS para que no se conocieran sus niveles de exigencia. Ante esto, sumado al bajo nivel futbolístico durante todo el semestre, se decidió rescindir su contrato y respaldando de paso al entrenador.

Aunque en la dirigencia tienen claro que el principal objetivo en el corto plazo es salir de la parte baja de la tabla, asumen que serán clave los cinco primeros partidos. Por ello es que trabajan a toda velocidad para que el entrenador tenga a los tres refuerzos que solicitó. Además de Riquelme, en los próximos días se integrará Osvaldo González y el fin de semana se sabrá con cuánto dinero cuenta la gerencia deportiva para traer a un segundo delantero. “Tenemos fe en que las cosas irán bien y que esto de pelear el descenso terminará pronto. No nos imaginamos en otro escenario porque será meter una presión extra al plantel y al cuerpo técnico”, reconocen desde la concesionaria.

Por ahora, Arias disfruta de su nuevo estatus. De técnico despedido a empoderado, partícipes de todas las decisiones deportivas en cuanto a fichajes y descartes. y con comunicación fluida con Goldberg, Vargas y el presidente José Luis Navarrete. Los primeros partidos de la segunda rueda y los resultados en la Copa Chile, eso sí, determinarán si esto durará todo el campeonato o una seguidilla de malos resultados lo volverá a poner en el paredón. Arias, esta vez, ya no tendrá excusas.