A 2050, se estima que solo 13 de los 21 centros de esquí donde se han realizado Juegos Olímpicos de Invierno seguirán subsistiendo. El número -según una publicación de The Economist- se reduce a ocho si el plazo se extiende a 2080. Es que las altas temperaturas derivadas del efecto invernadero están calando hondo en los resorts invernales. Según la Organización Mundial Meteorológica, hoy el mundo tiene un grado más que antes de la revolución industrial. Y los centros lo han resentido. El hemisferio norte ha visto desaparecer a varios de ellos -sobre todo los que se ubican bajo los 1.500 metros de altitud-, en medio de una temporada que, según la revista Geophysical Research Letters, se ha acortado en 34 días desde los años 80, junto con un descenso del 41% en la cantidad de nieve.

En este lado del mundo, si bien el panorama no es tan desalentador, igual preocupa. Nadie duda de que la actividad continuará, pero ya no de la mano de lo natural. Hoy, sin nieve artificial el negocio en la zona central de Chile no flota… y menos en el inicio del invierno más seco de los últimos 60 años. De hecho, el comienzo de la temporada fue una semana más tarde de lo pronosticado.

Sube la nieve artificial

El gerente general de Valle Nevado, Ricardo Margulis, recuerda que antes las cadenas en las ruedas de los autos se ponían en Corral Quemado -curva 1- y hoy se instalan a la altura de la curva 30, si es que son necesarias. “La isoterma está más alta y los inviernos son menos duros”, reflexiona. Aunque enfatiza tajante: “No hemos llegado al extremo de no tener una temporada de esquí”.

Y es que -más allá de la megasequía que está golpeando al país desde comienzos de la década y la consiguiente baja en las precipitaciones- los centros invernales capitalinos tienen un activo que en algo los blinda: la altura. Prácticamente todos los de la zona central superan los 2.500 metros sobre el nivel del mar, lo que ayuda, aunque no subsana, el descenso real en la caída de nieve.

“Los centros de esquí hemos aprendido a operar en situaciones extremas”, dice Margulis. Ejemplifica que si antes el director de pistas no autorizaba el ingreso de máquinas con menos de un metro y medio de nieve en el cerro, hoy, el pase se da con medio metro. La máxima es clara: “Si no te adaptas puedes dejar de existir”, señala el gerente general de El Colorado, Peter Leatherbee. Y tal adaptación pasa en gran medida por fabricar o cultivar nieve.

Fue a comienzos del año 2000 cuando los centros de esquí comenzaron a adquirir máquinas y tecnología para desarrollar la base de su negocio: nieve. Primero fueron incorporaciones menores, que a lo largo de los años se fueron ampliando, hasta ser un pilar fundamental de subsistencia. “Hoy, la fabricación de nieve artificial es un seguro que hay que tener”, subraya el gerente general de La Parva, Thomas Grob, quien sincera que sin ella las posibilidades de apertura en esta época serían menores. Hoy, en La Parva, todo el acceso de las pistas altas a las bajas es artificial, además de las pistas de principiantes.

Y es ahí donde la industria está concentrando gran parte de la inversión. Actualmente, un cañón de fabricación de nieve cuesta del orden de US$ 35.000, y se requieren cerca de 20 para cubrir una pista larga. Solo El Colorado ha desembolsado US$ 20 millones en esta materia; inversiones fuertes -concuerdan en el sector-, pero justificables, ya que si no, no hay negocio.

De hecho, ya en mayo los centros empiezan a fabricar nieve. Es que la base de la producción es agua que se eyecta de los cañones y gracias a las bajas temperaturas se convierte en nieve, por ello, cuando empiezan a subir las temperaturas -en agosto-, la producción debe detenerse. “Hay que hacer nieve cuando se puede”, dice Margulis. Después se acopia en zonas sin sol o se usa para tapar lugares. Con ello, la temporada sigue durando cerca de 100 días.

Ahí el llamado de Leatherbee es a que el gobierno incentive el desarrollo sustentable del turismo, en línea con la acumulación de agua en estado de nieve y el desarrollo de tranques para los deshielos. Y así, no vivir lo que ya se ve en el hemisferio norte. En Francia, ya hay estudios que hablan de que sin nieve artificial la industria no subsistirá.

Negocio todo el año

A fines de 2006, la Ocde alertaba que con un alza de 1°C en la temperatura global, las 666 áreas de esquí habilitadas en los Alpes eu- ropeos se reducirían a 500; con 4°C más caerían a 200. Y, de hecho, tomando solo el primer escenario, Alemania perdería el 60% de sus áreas de esquí con nieve natural. El avance de 1°C en la temperatura ya se cumplió, y el incremento amenaza con seguir si no se frenan las emisiones. De hecho, un reportaje reciente de The New York Times ya decía que las temporadas de poca nieve le habían costado a la industria de esquí estadounidense US$1.000 millones y 17.400 empleos en comparación con una temporada normal.

Frente a ese escenario, hacer nieve parece no ser la única solución. Desarrollar el negocio durante los 365 días es también parte de esta reconversión. “No depender solo de cuando la montaña está blanca, sino desarrollar actividades para las cuatro estaciones”, explica Leatherbee.

En la industria señalan que si bien se está avanzando en esta línea, la altura y la cercanía de Santiago con la playa no hacen fácil la transición. Los centros que están más bajos tienden a contar con mayor vegetación, termas, etc., lo que les da un atractivo adicional en cualquier época del año; en la zona central, en cambio, hay que hacer un trabajo mayor, que de todas formas ha estado dando frutos: los turistas que suben en verano han ido al alza.

Hoy, prácticamente todos los centros mantienen andariveles abiertos, restaurantes y han acondicionado rutas de trekking. A ello se han agregado los denominados bike park. De ellos, el más alto de Latinoamérica está en La Parva -dicen-, mientras Valle Nevado inaugurará uno al término de esta temporada. “Gran parte de las inversiones han estado enfocadas en lograr tener una oferta turística los 365 días del año, lo mismo que se está realizando en el hemisferio norte”, añade Leatherbee.

La proporción, sin embargo, sigue siendo menor. La Parva, por ejemplo, recibe 10.000 turistas en verano, versus 160 mil visitas que llegan en invierno.

A ello se suma el negocio inmobiliario. El Colorado acaba de lanzar el proyecto Gran Parador; en La Parva ya tienen varias iniciativas, y en Valle Nevado levantan un edificio por año. Y el interés -concuerdan- se mantiene inalterado. Es que -enfatizan- la nieve no se va a acabar. Y si en algún momento sucede, su gran altura redundará en que sean los últimos en apagar la luz.

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