Los amantes más osados buscan con ahínco la novedad. Algunos son más de dar y otros disfrutan recibiendo. Se olvida, sin embargo que también están aquellos que buscan lo mejor de ambos mundos. Si deseas ensayar la mutua fruición, la solución pasa por ahondar en las posibilidades de la cifra original más que en seguir repasando el conjunto de los guar(r)ismos naturales.

Cuando se trata del 69, existen algunos síes y noes que toca respetar. Para sacarle todo el jugo (en sentido figurado) a la posición, ten muy en cuenta esta guía que os llevará a ambos a sobrepasar las fronteras del placer compartido.

Los pre-preliminares

Aunque suene obvio, no está mal recordar que en el sexo lo más relevante no es a veces el acto en sí. Para hacer más rica la experiencia tienen que entrar en juego nuestros sentidos más instintivos, es decir, el gusto y el olfato, y es ahí donde podemos estimular el deseo de nuestra pareja con encantos personales que quizás no conozca aún.

Si prevés que la cena programada va a acabar en postre, presenta bien el plato. Si acabas de salir del trabajo, pasate un momento por casa. Date una ducha a conciencia y acicala las partes que vas a regalar al paladar de tu acompañante. Vístete con tus mejores galas. Recuerda que un plato servido con cubierta se convierte automáticamente en un producto gourmet.

Si puedes preparar la velada con tiempo, cambia temporalmente tu dieta para modificar a través de ella la fragancia natural de tu cuerpo así como tu sabor. Añade frutas como kiwis, piñas y sandías a tu régimen para conseguir sabores más suaves, e incorpora el dulce de las ciruelas y los arándanos si tu pareja es particularmente golosa.

A fuego lento

La teoría parece sencilla, pero cuando toca poner en práctica la postura, el 69 es a veces más difícil que montar armar un mueble de tienda. Aunque las ganas sean muchas, que no te venza el ansia. Puedes conocer muy bien la cifra, pero cada pareja es un mundo, y vuestras medidas y vuestras formas condicionaran la posición final que tendréis que adoptar.

En el sexo, una regla de oro que suele funcionar es ir poco a poco. Si solo tú tenías en mente poner la postura en práctica, dirige la transición y sorprende a tu pareja insinuando lentamente el juego. Probad a acoplaros, y bromead si aquello se transforma en un espectáculo de acróbatas. Que no os resulte frustrante si se presentan complicaciones. Que la cosa no funcione a la primera no tiene nada de extraño.

Ellas arriba

Si te consideras un caballero, sé cortes y no permitas que la dama cargue con todo el peso de vuestros pecados. Permite que se ponga encima, no solo porque ellas suelen ser más ligeras, sino porque se evita así la desagradable situación de pellizcar su pelo con tus rodillas, sobre todo si tu pareja presume de una larga melena.

Con la mujer arriba, el mando cae de su parte. Se permite de este modo que ella controle el ritmo, la velocidad, el ángulo y la profundidad del contacto oral. Recuerda también que el 69 se puede probar de lado, una variante muy indicada para un encuentro de larga duración en el que los muslos del amante pueden jugar las veces de una cómoda y cálida almohada.

El que comparte se lleva la mejor parte

Otra dificultad añadida es que es no es fácil dar placer cuando uno lo está recibiendo y debiera concentrarse en su satisfacción. Sucede a veces que nos dejamos llevar y el 69 se convierte al final en una experiencia más solitaria que compartida.

El secreto de la posición se encuentra, sin embargo, en ese doble juego. Llegar a dominarlo requerirá más de un encuentro. Decía el sabio que “en el medio está la virtud” y el éxtasis del compartir está en no ser ni demasiado altruistas ni demasiado avaros.

¿Ir más allá?

El 69 da un acceso completo a las partes más íntimas del otro. Lo principal, sin embargo, es que ambos disfruten de la experiencia y rebasar lo clásicorequiere la autorización de nuestro acompañante.

Algunos sienten que sobrepasar la barrera de los genitales más protocolarios es muy placentero, mientras para otros es todo un tabú. Por otro lado, no todo el mundo está dispuesto a dar cierto tipo de sexo oral alternativo. Lo que a ti te gusta no tiene por qué agradar a tu pareja, y no pasa nada porque sea así. Con el sexo las personas se aceptan mutuamente, y en el caso del 69 esta premisa es aún más potente.

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