Pixar tiene algo que resulta infalible, no esperamos nada muy novedoso y aun así logra sorprendernos…Quizás el mayor desafío que tenía ante sí ‘Toy Story 4’ era el de continuar una historia que ya pensábamos terminada debido al tono de despedida que dejó la última entrega, donde se trataban temáticas un tanto oscuras, como el fin de la relación de los niños y sus juguetes junto a la misma cara de la muerte, en el incinerador de basura. Entonces… ¿cómo logramos que las aventuras de Woody, Buzz y todos los juguetes no fueran más de lo mismo?

En esta ocasión, Woody  en la voz de Tom Hanks, acompaña a su nueva dueña, Bonnie, al primer día de adaptación a la guardería. En su primer y traumático día de clases,  ella se fabrica un nuevo juguete Forky, con objetos que encuentra en la basura, la niña usa un tenedor-cuchara (de ahí su nombre) con unos ojos saltones, plasticina y un palito. El problema es que, al estar hecho de basura, este no se siente como un juguete y su único propósito durante casi toda la película es volver a su lugar de origen, es decir,  a cualquier papelero o  bolsa con basura que encuentre.
Bonnie y su familia, comienzan un viaje familiar y Forky se extravía,  Woody decide recuperarlo porque sabe que es el juguete más importante para su dueña. Así se reencontrará con viejos amigos que creía perdidos… una sorprendente, empoderada y feminista Bo Peep, (la pastorcita en la que siempre ha puesto sus ojos Woody) y con nuevos juguetes que ansían tener algo que Woody siempre ha dado por hecho: un niño al que proteger y de quien depender. Nuevos y geniales villanos, quienes viven en una casi mágica tienda de antigüedades: Gaby Gaby, una muñeca misteriosa y triste que tiene defectuosa la caja de voz, y la que su grado de maldad se basa en la frustración de no tener dueña y espera por tener la oportunidad para ‘retocar’ su cuerpo y seducir por fin a la niña que debería jugar con ella; Gaby Gaby tendrá junto a ella a sus secuaces siniestros y mudos muñecos ventrilucuo de medio metro que parecían primos hermanos de Anabelle.

Los secundarios, por su parte, están entre lo más notable de la película, y casi son los mejores de la serie: el increíble Duke Caboom que le roba protagonismo al mismísimo Buzz Ligthyear y que con la voz de Keanu Reeves está, por supuesto, a la altura del personaje. Jordan Peele y Keegan-Michael Key son la voz de los peluches siameses con esa rutina de serie de televisión norteamericana que siempre funciona. Y Forky, en fin, no solo es un estupendo refresco del argumento, sino que visualmente es, como Duke Caboom, un gran descubrimiento.

La historia, las aventuras de los personajes los postcréditos, y hasta la escena casi imperceptible de familia homoparental que aparece en el primer día de clases de Bonnie, hacen que Toy Story 4 sea una película entretenida, divertida y conmovedora de principio a fin, con una notable y excelentísima calidad de la animación y que, aunque, no pretende superar a la primera,  logra una narrativa liviana, simpática y con un tono emocional que nos conmueve y no decepciona a quienes hemos seguido la historia de estos juguetes por más de 24 años.

/carolina braun