Cuestionamientos ha generado la designación de la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, quien nombró a la ex ministra de Justicia, Javiera Blanco, como miembro del Consejo de Defensa del Estado. El cargo, que desde ayer posee quien fuera también ex titular del Trabajo de la Mandataria, lo podrá ejercer hasta sus 75 años, recibirá un sueldo que bordea los $8 millones y le permite continuar tramitando causas privadas como abogada.
La nominación se conoció el mismo día en que la Contraloría General de la República emitió un dictamen en que aseguró que “no corresponde” que la ex secretaria de Estado haya instruido al ex director de Gendarmería, Tulio Arce, la contratación de cuatro funcionarios en la institución mientras ella ministra de Justicia en medio de la crisis e investigación por el caso de abultadas pensiones que recibieron trabajadores de la institución.

Para el director del Observatorio Político Electoral de la Universidad Diego Portales, Mauricio Morales, el gesto de Bachelet es sorpresivo, menos que la Presidenta tenga este tipo de consideraciones con Blanco y no así con otros ex integrantes del gabinete, como Rodrigo Peñailillo y Álvaro Elizalde.

“Como su aprobación presidencial está tan baja, entonces ya no hay nada más que perder. Si es que la Presidenta estuviera con un 50% o 40% de aprobación, el nombramiento de Blanco por sí mismo le generaría un retroceso en la aprobación presidencial, hoy día como ya más bajo no puede caer, entonces tomó el riesgo y la nombró para ejercer este cargo”, explicó el académico.

Morales sostiene que Bachelet se basó en la “lealtad a toda prueba” que ha demostrado Javiera Blanco en los distintos roles que ha ejercido en torno a ella, ya que también fue su vocera de campaña y subsecretaria de Carabineros y ha “salido a poner el pecho a las balas”.

“Blanco fue premiada por pertenecer al círculo más cercano a la Presidenta, por no estar involucrada directamente en casos de corrupción o de mal uso de recursos para financiar campañas políticas a diferencia de Peñailillo (ex ministro del Interior) que si lo estuvo y que de hecho tuvo que ir a declarar.

Blanco no ha tenido que ir a declarar, cuestión que en estos casos son sumamente relevantes, sin perjuicio de que haya sido interpelada por el Congreso”, agregó el analista político.

¿Por qué no Elizalde o Peñailillo?

Este mismo tipo de “premios” -como califica Morales- no han sido ganados por otros cercanos a la Mandataria, como lo fueron su jefe de gabinete y su vocero de Gobierno, y el académico de la UDP explica cuáles serían los argumentos que tiene Bachelet para hacer la diferencia.

“Con Peñailillo no podía tener la misma consideración debido a que estaba en medio de toda la investigación sobre negocios y política, por lo tanto nombrarlo en algún cargo de confianza o en algún cargo en que ella fuese la que lo iba a nominar, implicaba poner en riesgo toda la agenda de probidad que se iba a discutir en ese momento. Estaba totalmente manchado y además estaba involucrado aparentemente en financiamiento irregular de su propia campaña, de la propia Bachelet”, enfatizó Mauricio Morales.

Y agregó que “en el caso de Elizalde es distinto, porque no forma parte del circulo íntimo de Bachelet, ni siquiera es de la misma tendencia política dentro del Partido Socialista, o por lo menos así lo demuestran las elecciones internas en donde Elizalde pertenece a una corriente distinta a la de Bachelet. Por lo tanto no era esperable que recibiera un premio”.

Así concluye “haciendo una raya para la suma” que “el hecho de pertenecer al círculo más íntimo de la Presidenta tiene costos y beneficios. Beneficios desde el punto de vista que se pueden conseguir cargos, pero tiene costos cuando esa persona que forma o formó parte del círculo íntimo es descubierto y es visto casi como el tapón que salta al momento de estallar el escándalo. Por eso Peñailillo no tuvo el mismo trato que Blanco”.

Fuente: Emol.com

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