En el partido temen que se repita lo vivido en los dos últimos años bajo la presidencia de Isabel Allende, quien arrasó en las internas del 2015, pero al poco andar de su gestión comenzó a quedar en evidencia su falta de liderazgo político, lo que llevó a la colectividad a desdibujarse públicamente en los temas de debate nacional, y junto al modesto resultado obtenido en las elecciones municipales, está concluyendo su mandato con las huestes enfrentadas internamente por la indefinición en materia presidencial. Las dudas que genera Elizalde no pasan por su legitimidad interna, que la tiene de sobra, sino por las habilidades reales con las que cuenta para hacer frente a la crisis de la tienda por el parto político que ha sido el elegir a un abanderado presidencial y su capacidad para conducir al socialismo exitosamente hasta la orilla.

“Me la voy a jugar no solo por la unidad del partido, sino de la Nueva Mayoría, eso implica fortalecer el diálogo, los espacios de entendimiento, actuar con responsabilidad ante el país”, dijo este jueves en la mañana, en los patios de La Moneda, Álvaro Elizalde, quien el domingo será ungido por el nuevo comité central del PS como timonel del socialismo. Palabras llenas de optimismo que poco tienen que ver con la realidad que vive su colectividad en estos días, donde en la práctica impera transversalmente la preocupación y las dudas por el debut del dirigente tercerista como conductor político, ante el tenso clima de fragmentación interna –que afecta a todas las corrientes socialistas– por haberse dilatado hasta el exceso la elección de su candidato presidencial.

No son pocos en el PS los que afirman que esta es la peor crisis que ha atravesado el partido desde la recuperación de la democracia en 1990, y acorde a esto es el nivel de la preocupación interna entre parlamentarios, dirigentes y asesores. “Es un momento muy difícil, porque corremos el riesgo de quedar fuera de la política, sin candidato propio y además divididos”, advirtió un diputado socialista.

Efectivamente, Elizalde obtuvo por lejos la primera mayoría en las internas del 26 de marzo, sacó 5 mil 960 votos y su lista de la “Unidad Socialista” –que convocó a Grandes Alamedas, el Tercerismo, la Nueva Izquierda, el Colectivo Socialista y la Renovación– obtuvo el 76,4% del apoyo interno.

Pero las dudas que genera próximo timonel en el PS no pasan por su legitimidad interna, que la tiene de sobra, sino por las habilidades reales con las que cuenta para hacer frente a la crisis de la colectividad y su capacidad para conducirla exitosamente hasta la orilla. Eso, porque en las huestes socialistas siempre se le ha cuestionado su falta de tonelaje político y la carencia de una mirada política a largo plazo, factores que le pesaron bastante mientras fue ministro de la Segegob durante el primer año de mandato de la Presidenta Michelle Bachelet.

“Es una persona muy culta, su problema es que no acepta críticas y no tiene mirada estratégica”, sentenció un dirigente PS, mientras que en La Moneda –donde lo conocen bien– agregaron que su mayor debilidad es la ansiedad, la “falta de calma para tomar decisiones relevantes en momentos complejos”.

“No lo veo como líder de la oposición si es que gana Sebastián Piñera, ni tampoco como un apoyo político clave si es que la Nueva Mayoría se mantiene en el Gobierno”, señaló un senador socialista.

Las dudas que genera el próximo dirigente máximo del PS y el clima enrarecido de tensión que tiene impregnado al socialismo, quedaron en evidencia en Valparaíso esta semana. No es un dato menor el hecho de que la bancada de senadores del partido decidiera no recibirlo –como si sucedió con los diputados–, argumentando que era un día muy ocupado, corriendo la reunión para el día siguiente.

Si bien hay parlamentarios de la tienda que están por la premisa de “darle una oportunidad” al flamante nuevo timonel, son muchos más lo que temen que se repita lo vivido en los últimos dos años bajo la presidencia de Isabel Allende. La senadora arrasó en las internas del 2015 –sacó el 57,7% de los votos, unos 17 mil sufragios en total–, pero al poco andar de su gestión comenzó a quedar en evidencia su falta de liderazgo político, lo que llevó a la colectividad a desdibujarse públicamente en los temas de debate nacional, y junto al modesto resultado obtenido en las elecciones municipales, está concluyendo su mandato con las huestes enfrentadas internamente por el parto político que ha sido para el PS tomar una decisión en materia presidencial.

Ese fantasma de lo sucedido con la senadora Allende, su falta de conducción y ambigüedad, rodea –guste o no– a Elizalde, principalmente porque en el PS recalcan, entre quienes lo conocen hace años, así como también entre los parlamentarios y dirigentes del partido, que siempre ha pecado de no querer pagar los costos políticos por sus decisiones, algo bien difícil desde el cargo de presidente de cualquier partido, que históricamente se caracteriza por asumir todos los platos rotos, minar a la mayoría de los liderazgos que lo ejercen y desgastar carreras políticas.

Un rasgo más que relevante para las definiciones que debe tomar el domingo el PS entre la opción de Ricardo Lagos o Alejandro Guillier y que, a todo nivel en el socialismo, hizo sentido desde que se puso sobre la mesa la idea de que la votación del comité central sea secreta. “Esa es la fórmula que encontró Elizalde para no pagar los costos políticos que significará no apoyar a Lagos”, criticó un dirigente socialista, opinión compartida por varios de los senadores y la mitad de la bancada de diputados de la colectividad.

Después de dilatar en noviembre la elección de un candidato y jugarse en enero por ratificar el mecanismo de la consulta ciudadana, el comité central del 1 de abril optó por desechar dicha fórmula, lo que bajó por secretaría las opciones de José Miguel Insulza y de Fernando Atria y dejó en manos del nuevo comité central, que asume este domingo, la elección entre Lagos y Guillier.

El problema de eso es que llevó las cosas en el PS casi a un punto de no retorno, porque todos afirman que los laguistas no van a dejar de respaldar al ex Presidente, independientemente de lo que diga el comité central, y que lo mismo sucederá con los que apoyan la opción del senador por Antofagasta y está la posibilidad de que no pocos desencantados se inclinen por el Frente Amplio, o sea, un partido a tres bandas.

Más aún, con la advertencia pública de que Lagos se bajaría de la carrera presidencial si es que el PS no lo apoya, existe la posibilidad real de que muchos laguistas no se cuadren con el candidato del Partido Radical (PR), simplemente porque no les gusta y opten, en cambio, por mirar otra candidatura más ad hoc, como la de la timonel DC, Carolina Goic.

En las sombras

Si bien en el PS todos apuntan a la responsabilidad inicial de Allende en cuanto a no respetar el acuerdo tácito que existía con el ex Mandatario, de bajarse de la carrera y apoyar su candidatura, hecho que cimentó el escenario de indefinición interna y dio espacio para el crecimiento de Guillier entre los socialistas, en el partido casi todos señalan también a Elizalde como responsable de tal escenario. Es cierto que asumirá oficialmente el domingo, pero en la tienda y en el Congreso aseguraron que el dirigente tercerista ha desplegado sus cartas internas para tratar de inclinar la balanza a favor de la opción del candidato del PR.

“Ambos tienen las mismas opciones, vamos a desarrollar un proceso muy ecuánime, tenemos profundo respeto por todos los nombres propuestos (…) me corresponde ser garante y ecuánime”, dijo ayer el futuro timonel, una frase que no coincide –acusaron en el partido– con lo visto los últimos días. Que el sábado 1 de abril llegó primero que nadie y desde temprano habló con todos y cada uno para bajar la consulta; que más de una vez ha dicho internamente que Lagos es lo que necesita el país, pero que Guillier es el que marca; que si bien a los representantes del laguismo duro les ha dicho –puntualmente esta semana– que su opción es el ex Mandatario, en el propio PS aseveraron que Elizalde ha hecho gestiones, conversaciones y llamados para amarrar los votos que necesita el senador por Antofagasta para ser elegido por el comité central.

“Está conversando con la gente del comité central, hay información, hay indicios de sus gestiones, por eso, si Lagos se viene abajo, será su culpa”, advirtió un parlamentario PS.

No son pocos los que recuerdan las declaraciones de Elizalde el día que salió elegido en las internas del 26 de marzo, cuando abrió públicamente la puerta a la posibilidad de que su colectividad apoye a un candidato que no sea de sus filas o a un independiente. Ese fue un guiño claro para muchos.

Sobre este punto, Elizalde aseguró que “no hay ningún acto o declaración mía que dé sustento a esa afirmación. De hecho, en la campaña interna, la lista competidora me criticó –precisamente– por no manifestar públicamente mi preferencia”, señaló.

Acto seguido, insistió en que se comprometió “con los militantes a ser garante del proceso y voy a actuar con el máximo de ecuanimidad”.

Entre los socialistas afirman que cualquiera sea la decisión del domingo, el nivel de división del partido será muy complejo de superar y se pondrá cuesta arriba para el nuevo timonel ordenar la casa.

La mayoría tiene la convicción de que el comité central terminará eligiendo a Guillier y, si es así, Elizalde debutará –explicaron– con el pie izquierdo, con un quiebre en las relaciones y una oposición interna que le cobrará la factura de la caída de Lagos, quien por años fue uno de los principales referentes del socialismo y asimismo uno de sus mayores capitales políticos, en circunstancias que la inclinación de Elizalde por el senador por Antofagasta es –recalcaron de príncipe a paje en el PS– puro pragmatismo, por ser el que mejor rinde en las encuestas hasta ahora.

En el círculo duro de Lagos tienen el mismo diagnóstico: que el nuevo presidente del PS se ha jugado en reserva por Guillier, pero que no quiere asumirlo públicamente y, menos, pagar los costos de la eventual caída del ex Jefe de Estado. Agregaron que hasta ahora “no se da cuenta de que todo esto generará un quiebre interno” y que hay toda una generación socialista que “no se lo va a perdonar”.

Confesaron, además, que la advertencia que se hizo era cierta, que desde el mismo domingo comienza la reflexión si es que el comité central no elige a Lagos y que, en ese escenario, la próxima semana será clave y definitoria.

En el futuro inmediato, Elizalde tendrá que lidiar con los efectos políticos de lo que sea que resuelva el comité central: lotes internos divididos, unidad del partido en jaque, desconfianzas, pero además la chance de que la Nueva Mayoría, como se le conoce hasta ahora, tenga sus días contados. “Esta este ruido, que Lagos decline, eso significa que se caen las primarias y que la DC llega a primera vuelta y eso es un quiebre importante, por donde se le mire”, precisó un diputado socialista.

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