Esta mañana el ministro de Salud Jaime Mañalich se refirió en el programa Hablemos en Off de Radio Duna al caso de Joaquín Bustos, el joven de 27 años que donó sus órganos y que por problemas de transporte éstos no pudieron ser trasplantados en personas que los necesitaban. Al respecto, la autoridad indicó que el caso de este joven “lo ha hecho reflexionar enormemente”, pues “cambió el eje de la conversación”.

“Antes de Joaquín teníamos una situación en que la gente de buena voluntad decía ‘hagan lo posible en usar mis órganos para ser trasplantados en alguien que los necesite’. La situación de Joaquín plantea una encrucijada nueva, y es ‘yo he expresado un testamento vital, y es que quiero que mis órganos realmente se usen para trasplante, y transfiero esto como una obligación a terceros, en este caso el Estado’”.

De acuerdo al ministro, la diferencia “no es sutil”, ya que actualmente se sabe que en este caso, dos personas no pudieron recibir un órgano que necesitaban – un trasplante de hígado y un trasplante de pulmón. “y es como si él nos gritara fuertemente diciendo ‘esto es inaceptable’”.

“Nosotros tenemos una estructura de procuramiento de órganos relativamente precaria, y lo más precario de esto que que producto de esta ley de donante universal tenemos 4 millones de chilenos registrados como no donantes”, agrega.

“Desde un punto de vista logístico, tenemos una geografía extraordinariamente compleja”, explica, y es por esto que en el caso de algunos órganos, como es el caso del pulmón que tiene una ventana de traslado – desde que es extraído del cuerpo del donante hasta que es trasplantado y debe estar funcionando en cuerpo del receptor, es muy pequeña.

En el caso específico de Joaquín, explica el ministro Mañalich, nunca fue candidato a donante de corazón, porque no había manera física de lograr extraer su corazón y ponerlo en un receptor en las cuatro horas que se necesitaban.

Para solucionar todos estos nuevos paradigmas que han surgido a raíz del caso de Joaquín, indica, es que “cree que es necesario la creación de una ley” que regule el transporte de órganos para trasplante. Un ejemplo, propone el ministro, es llamarla Ley de Derecho de Receptores de Órganos, “porque ése es el derecho del que se tiene que hacer responsable el Estado (…) y eso hoy en día desgraciadamente no tiene la rigurosidad que exigiría una ley”, agrega.

Según explica, al ser ley se le exigiría con un contrato licitado a la empresa transportadora para que – por ejemplo – siempre estuviera obligada a tener un avión disponible para el trasporte de órganos.

Otro punto importante que podría exigir esta ley es hacer completamente obligatorio que los centros públicos y privados den aviso cuando tengan potenciales donantes, pues según explica el ministro “es muy frecuente” que personas que son donantes “se pierdan” porque simplemente el centro médico no da aviso a la coordinación local de trasplante.

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