Universidad de Chile repitió el sábado en el Estadio Municipal lo que ha sido la tónica desde hace bastante tiempo a esta parte: jugó mal.

Ha habido algunas excepciones, es cierto. Como el partido con Colo Colo que fue bastante bueno, con un resultado que debió ser favorable para los azules y que no se concretó por la expulsión de Ángelo Henríquez. Aún así, el empate final fue bien recibido por todos los cercanos a la entidad universitaria.

Pero, aparte de ese encuentro…¿qué más?

Ha habido algunos pasajes interesantes, pero en lapsos demasiado breves. Y algunas figuras destacadas, como el “Conejo” Ubilla que ha hecho un muy buen campeonato, De Paul que ha respondido a la responsabilidad de ser el titular en el arco, algo de Espinoza y Caroca en medio campo, a veces Matías Rodríguez y a veces el Nico Guerra.

No es mucho (más bien es muy poco) para un equipo que tiene supuestamente el mejor o uno de los mejores planteles del fútbol chileno.

Por eso, no ganarle a un Palestino que estaba disminuido antes de entrar a la cancha y que para peor quedó con sólo 10 jugadores antes de la media hora de juego, está dentro de lo que sería anormal para una Universidad de Chile de antes y muy normal para esta Universidad de Chile de ahora.

Con ese resultado, el sábado la U quedaba fuera de la zona del descenso sólo por diferencia de goles.

Y este domingo se fue al tacho ese argumento con la goleada de Antofagasta a O´Higgins. Si el campeonato hubiera terminado hoy, Universidad de Chile se iría a la B. Y por la forma como está jugando, no sería injusto y mucho menos sorpresivo.

Lo peor es que todos aquellos equipos que compiten por salvarse del descenso mostraron una mejoría considerable tras el receso.

Todos, menos la U.

Cobresal derrotó merecidamente a Unión Española en Santa Laura, jugando a ratos muy bien.

Ni hablar de Antofagasta que en el primer tiempo en Rancagüa parecía el Barcelona.

Hasta la Universidad de Concepción (que es el otro equipo que hoy estaría desciendo) no se vio mal en el empate con Coquimbo.

Por eso, las explicaciones de Alfredo Arias ya no satisfacen a nadie. Y menos aún el argumento de los siete partidos invictos (porque la mayoría de ellos fueron por la Copa Chile y ante equipos de la B).

El paso del entrenador uruguayo hasta ahora no aporta absolutamente nada, salvo problemas como el ocasionado en la semana con Johnny Herrera y que si bien fue aparentemente superado por la mediación de la dirigencia en el fondo dejó huellas y cicatrices.

Dirigencia que también tiene una cuota alta de responsabilidad en este pésimo momento futbolístico de Universidad de Chile. Sus decisiones erradas comenzaron al provocar de muy mala forma la salida de un profesional serio y responsable como Martín Lasarte y no han parado más.

Responsabilidades que incluso se hacen sentir en los bolsillos, donde más le duele a los accionistas. Baja sustancial en la bolsa y pérdida de patrimonio por los jugadores juveniles que se van del club sin que nadie haga algo por retenerlos y sin dejar ni un solo peso en las arcas de la institución.

Todo se ha hecho mal este año en Universidad de Chile. Salvo darle vida al Fantasma de la B, que se ríe solito y espera tranquilo para llevarse a su presa. Que en este caso es ni más menos que un chuncho.

/por Gerardo Ayala Pizarro